El partido que (casi) nadie quiere jugar

Otra vez estamos aquí, en este limbo de tristeza cíclica de cada mundial que se nos va. Pero hay otros para quienes la tristeza es, al contrario, por tener justamente que seguir dándole vida.

Como cada 4 años, como a veces se vive y se va la vida y como llegan los recuerdos, estamos a la espera del penúltimo partido de esta Copa Mundial, la definición del tercer y cuarto puesto. La suerte y el juego le dan en esta ocasión la posibilidad a Brasil y Holanda, los derrotados de semifinales, de verse las caras para dirimir el lugar por el honor o al menos por parte de él. Pero lo cierto es que casi siempre ese partido ha significado, sobre todo para los equipos que son huéspedes tradicionales de las instancias definitivas, un golpe a la moral y un consuelo sin sentido que termina por alargar el calvario vivido en ‘semis’. Muchos han dicho que el partido no sirve, que no aporta nada y que hasta es preferible irse a casa con el ánimo por los suelos y sabiendo que se cometieron errores una vez y no dos.

Louis Van Gaal, técnico holandés, lleva 15 años opinando, bajo este argumento, que ese encuentro no tiene razón de ser. Para los naranjas, disputar un partido más luego de haber quedado eliminados in extremis, en penales y quizá habiendo mostrado más fútbol que Argentina durante todo el torneo es la constatación de que se quedaron atrás pudiendo haber logrado la gloria. Para Brasil es aún peor. Esos siete dardos en el corazón en el partido anterior a lo que debía ser la consagración siguen vivos y aún abriendo la herida del equipo sin necesidad de moverse. Pero que alguien les diga que por cumplir las normas deben disputar un último partido es casi humillante, porque es darle más largas a una agonía que aún no termina. Los brasileños, después de esa bofetada deportiva y social, sólo querrán salir corriendo y resguardarse por un tiempo, esperando a que amaine el aluvión. Con ese partido obligado por delante, es muy probable que el nerviosismo y el temor por no hacer un ridículo peor sea latente y los holandeses puedan aprovecharse. Así las cosas, desde ambos bandos las cosas no parecen muy prometedoras.

Lo anterior genera una sensación contradictoria, porque los hinchas de siempre y los que se han ido sumando de a poco a la emoción mundialista disfrutamos como nunca de cualquier choque así sea, en apariencia, uno sin expectativas. Sabemos que para la espera que se viene hasta la siguiente Copa, ardua y prolongada, estos días finales están llenos de un sabor agridulce por la alegría que ha generado este torneo tan lleno de pasión y por la desazón de verlo terminar así, raudo y sin que nada pueda evitarlo.

El de Brasil 2014 no es el caso pero también, y eso da algo de esperanza, están los equipos que ven como un enorme mérito ser terceros e incluso cuartos, pues lo han sufrido y luchado más que los demás, y su historia no siempre ha sido tan benévola. Sucedió en el mundial pasado en Sudáfrica, en el que un sorpresivo Uruguay logró colarse con muchísima entrega en la semifinal, la cual perdió contra Holanda, y luego disputó con todo el esfuerzo del que fue capaz el tercer puesto contra los germanos, cayendo derrotados con las botas puestas. Ese cuarto lugar charrúa fue para el equipo un honor inigualable y para los hinchas la confirmación de que su selección era un puñado de héroes. Igual importancia le dieron Turquía y Corea de Sur en 2002, equipos que alcanzaban por primera vez en su historia dicha etapa de las Copas del Mundo –hasta ahora sigue siendo la única ocasión de ambas selecciones– y por ende, conscientes del logro alcanzado, brindaron un partido entretenido, muy por encima de lo que se habría supuesto. Y lo de Croacia en 1998, que siendo un país recién creado y debutante en el torneo venció a Holanda por 2 a 1 para finalizar tercero sorpresivamente, no tiene parangón.

Por el bien del espectáculo ojalá esta Copa del Mundo termine con el buen nivel que empezó y que lo ha caracterizado hasta el momento. Nada ayudaría más a tener el mejor recuerdo del torneo, del que se ha dicho que es de los mejores de la historia, que presenciar dos partidos restantes a la altura. Se sabe que el tercer y cuarto puesto es difícil, por la amargura que a ambos equipos les produce, pero si lo dejan todo en la cancha nadie tendrá quejas al respecto. Al menos no tantas como las de las semifinales.

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