¿Cómo es la vida de los que juegan videojuegos profesionalmente?

Los deportes electrónicos son una de las nuevas profesiones que trae el siglo XXI. Sus jugadores pueden ganar millones de dólares al año y la exigencia mental es tan alta como la de cualquier otro deporte tradicional. En Colombia, la industria es pequeña y va en crecimiento.

El vocalista Dan Reynolds, de la banda estadounidense Imagine Dragons, baja unas escaleras blancas y canta ante cuarenta mil personas su canción Warriors. “De niño esperabas y mirabas a lo lejos, pero siempre supiste que serías el que trabajaría mientras los demás juegan”.

El público emocionado corea: “Aquí estamos, no te eches para atrás, somos los guerreros que construyeron esta ciudad”. Ese día, el 19 de octubre de 2014, los guerreros eran los jugadores del torneo de League of Legends, uno de los e-sports más populares en el mundo, que disputaban la final en el estadio Sangam, de Seúl. La presentación le dio la vuelta al mundo.

Desde la primera gran competencia de videojuegos, organizada por Atari con su juego Space Invaders, en 1980, que convocó a cerca de 10.000 jugadores en Estados Unidos, los juegos de video pasaron de ser una simple opción de entretenimiento a convertirse en una alternativa de vida.

La aparición de internet en la década de 1990 sirvió como catalizador para el desarrollo de juegos y, sobre todo, abrió la posibilidad para que en el nuevo milenio los jugadores pudieran competir entre sí sin importar el país en el que estuvieran. Actualmente, cientos de millones de personas los juegan, y miles lo hacen profesionalmente, lo cual significa que viven de esto.

Para lograrlo no solo han necesitado talento, sino rigurosidad en rutinas de entrenamiento, fortaleza mental para superar la derrota y un adecuado acondicionamiento físico. League of Legends y Dota2 (juegos de computadora, online y por equipos), Counter Strike (disparos) y FIFA son los e-sports más populares. Juntos reúnen a casi 20.000 profesionales y todos cuentan con ligas regionales y torneos mundiales.

La final de League of Legends, en 2016, tuvo más de 40 millones de espectadores en línea. Las competencias más importantes de e-sports se transmiten por Twitch, la página web adquirida por Amazon en 2014 por 970 millones de dólares.

Aunque los e-sports aún están lejos de manejar las cifras de otros deportes como el fútbol, sus datos no pasan desapercibidos. En 2016 generaron ganancias por 892 millones de dólares y, según Newzoo, la principal consultora de videojuegos en el mundo, se espera que durante este año su audiencia llegue a 385 millones. Además, los cinco jugadores que más dinero ganaron en 2016 pertenecen al juego Dota2 y, en promedio, recibieron casi 2,5 millones de dólares cada uno.

“No es un trabajo de verdad”

Sobre los videojugadores han caído toda clase de estereotipos. Desde la acusación de ser nerdos hasta el prototipo físico donde prevalecen una figura antiatlética y con acné. “No porque juegue videojuegos tengo que tomar Coca-Cola, comer Doritos y engordar.

Los profesionales de League of Legends, por ejemplo, comen balanceado, hacen ejercicio y emplean varias horas del día para practicar estrategias”, defiende Anderson Imbachi, ingeniero químico de la Universidad Nacional y jugador de Super Smash en la consola Wii U, el juego de combate entre personajes de Nintendo como Mario y Donkey Kong.

Otro estereotipo que han tenido que sortear es aquel donde se les señala de vagos y de perder el tiempo frente a un aparato que va a ponerles los ojos cuadrados. “Dedicarse a jugar videojuegos está mal visto por muchos y en su momento fue así con mis propios familiares.

En Colombia dicen que no es un trabajo real, que no es algo de lo que puedas vivir. Para muchas personas es una pérdida de tiempo”, cuenta desde México Esteban Guzmán, miembro del equipo Dash9 Gaming y jugador profesional de League of Legends (LOL), videojuego donde se enfrentan dos equipos conformados por cinco integrantes, con una base en algún extremo de un mapa, y cuyo objetivo es destruir la adversaria.

Stephanie Harvey es la mejor jugadora de Counter Strike del mundo. También es la fundadora de Misscliks, una plataforma para apoyar a videojugadoras. Foto: Creative Commons – http://bit.ly/2yiZxCR.

El equipo de Guzmán representa a Colombia en la Liga Latinoamérica Norte, en una de las dos competencias de la región organizadas y patrocinadas por la compañía creadora del juego, Riot Games (la otra es la Liga Latinoamericana Sur), donde se reúnen los ocho mejores equipos que se disputan un lugar en el torneo mundial del juego. “Zeypher”, como se hace llamar Guzmán en LOL, explica que a los 17 años dejó su carrera de ingeniería química en la Universidad de Antioquia para dedicarse a los e-sports. “Soy parte del 0,02 % de jugadores del mundo que pueden ser profesionales”, dice con orgullo.

Guzmán cree que si bien no es estrictamente necesario dejar el país para poder dedicarse a los e-sports, considera que hacerlo brinda mejores posibilidades. “Gracias a lo que hice en Colombia logré un contrato en México, pero nuestro país está muy atrás en apoyo y crecimiento de e-sports”, reconoce. Las ligas más competitivas se concentran en Estados Unidos, Europa y Asia. En Latinoamérica los referentes son Chile y México.

Otro estereotipo al que se enfrentan los e-sports tiene que ver con que “las mujeres no juegan videojuegos”. Ni siquiera la mejor jugadora del mundo en Counter Strike consiguió evadir el asunto. Stehpanie Harvey afirma que no ha sido fácil lidiar con los insultos y el bullying, sin embargo, “al final, mi pasión siempre supera todo lo demás. Soy afortunada por tener gente amorosa a mi alrededor que me permite centrarme en mi trabajo y no molestarme por el odio en línea. Finalmente, escoges lo que te afecta y lo que no, yo escogí el positivismo”, explica.

Harvey cree que el feminismo en los videojuegos puede ser un motor para el fortalecimiento del género, considera que el apoyo a las mujeres en sus carreras deportivas ayuda a crear modelos que inspiran a otras para entrar en los e-sports. Por eso creó Misscliks, una plataforma que visibiliza y apoya a las videojugadoras. “Es un ambiente seguro donde las mujeres y otras minorías en los videojuegos pueden expresarse sin ser intimidados o atacados. Queríamos asegurarnos de que la gente tuviera un lugar para compartir su pasión en una comunidad que incluía todas las diferencias como algo bueno”, afirma.

Resistencia de corredores de maratón

La final de un gran torneo mundial de e-sports puede reunir a más de 40.000 espectadores en un estadio y a otros cuarenta millones por internet. Los jugadores deben estar preparados para soportar la presión de la audiencia y tolerar altos niveles de estrés. Durante cinco años el profesor Ingo Froböse, de la Universidad Alemana del Deporte, estudió a deportistas electrónicos y elaboró un perfil donde encontró, por ejemplo, que “el cortisol, la hormona del estrés, alcanza niveles similares a los de los pilotos de carreras. A esto hay que añadirle que presentan un pulso altísimo, que en ocasiones implica un ritmo cardíaco de 160-180 latidos por minuto, lo que equivale a correr casi como los corredores de maratón”, le dijo Froböse al medio alemán Deutsche Welle.

Counter Strike es el videojuego en primera persona más reconocido en su modalidad de disparos. Se estrenó en 1999 y actualmente sus videojugadores profesionales se encuentran en el top 5 de los que mejor salario reciben en los e-sport.

Ante una exigencia física tan potente, la clave del éxito pasa por mantener los nervios al mínimo y la concentración al máximo. Para el psicólogo de e-sports, Weldon Green, quien ha hecho parte de equipos como Counter Logic Gaming, el más antiguo y uno de los mejores del mundo en LOL, explica que su trabajo es formar en los jugadores “la capacidad de aceptar y pasar por alto sus emociones, para que hagan lo que tienen que hacer, en lugar de lo que sienten que deben hacer”.

La resistencia mental se logra a través de intensas jornadas de entrenamiento acompañadas de fortalecimiento físico. “Entrenamos ocho horas diarias durante seis días a la semana. Las sesiones se dividen en entrenamiento individual, para mantener a todos los jugadores en el mejor nivel, y el grupal, donde enfrentamos a otros equipos profesionales”, explica Esteban Guzmán, quien aclara que en la preparación física están incluidos tiempos de gimnasio, y aunque no hay una dieta estricta, su equipo cuenta con un chef encargado de preparar comida balanceada.

Los otros e-sports

Anderson Imbachi, de 27 años y considerado el mejor jugador de Super Smash en Colombia, ha competido en países como México y Estados Unidos, con su propio dinero.

Imbachi reconoce que los juegos que no gozan de la popularidad de LOL, FIFA o Counter Strike, tienen dificultades para poder jugarse a nivel profesional. Ese es el caso de Super Smash. “Capcom (desarrolladora de Street Fighter) apoya sus juegos, Namco (Tekken) apoya a los suyos, Warner pone la plata para sus juegos, Nintendo no nos apoya en eso. Tal vez no tienen la visión de e-sports sobre Smash, puede ser porque el juego se diseñó para ser un party game, pero la comunidad se lo tomó tan en serio que el juego pasó a tener la modalidad competitiva”, puntualiza Imbachi.

Pero la responsabilidad no recae solo en las compañías desarrolladoras, “en Colombia hay buen nivel, pero tenemos que presionarnos un poco más, tomarnos más en serio, si se anuncia un torneo en cualquier ciudad debemos ir, a veces no asistimos porque no quedan al lado de nuestra casa. Si se hiciera un torneo en Leticia con un buen premio, hay que ir, eso nos haría crecer más”, añade.

El videojuego de FIFA tiene millones de jugadores en el mundo. El colombiano Javier Muñoz es uno de los mejores y en el pasado mundial, celebrado en Londres, clasificó a semifinales. Foto: Fifa 18

Algunas universidades estadounidenses, como la Robert Morris, de Illinois, y Pikeville, de Kentucky, becan a profesionales de juegos como League of Legends. Además, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, anunció que se está considerando catalogar a los e-sports como disciplina deportiva en los Juegos Olímpicos, siempre y cuando no sean violentos.

Esto, sumado a salarios millonarios y ligas regionales más fuertes, demuestra que no solamente están creciendo como industria, sino también como cultura deportiva. Se rebelan ante quienes insisten en calificarlos como una pérdida de tiempo y, en cambio, se posicionan como una alternativa profesional que hace un par de décadas era impensable, pero que hoy demuestra que sí es posible vivir de jugar videojuegos.

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