El “empujón” de Thaler que le valió el premio Nobel

El norteamericano Richard Thaler recibió el Nobel de Economía por demostrar que nuestras decisiones no siempre obedecen a criterios fundamentados, sino que también entran en juego variables psicológicas que las desvían de un comportamiento económico racional.

¿Somos seres racionales a la hora de tomar cualquier tipo de decisión, especialmente las que afectan nuestro bolsillo? Ya se trate de cuestiones nimias como elegir un producto de la góndola del supermercado, comprar un par de zapatos o suscribirnos a una revista, hasta otras que demandan un examen más detenido como las cuotas a las que diferimos nuestras compras con tarjeta de crédito, la empresa de medicina prepagada que escogemos o el fondo de pensiones y cesantías donde ponemos nuestros aportes, nuestras elecciones se ven afectadas por factores que no tienen mucho que ver con un sesudo análisis económico.

Veamos algunos ejemplos de lo no tan racional de algunas decisiones que tomamos: un estudio del Ministerio de Hacienda indicó que en 2015 un total de 130.526 personas decidieron salirse de los fondos privados y pasarse al estatal que administra Colpensiones. El problema fue que, según la investigación, el 80 % tomó la decisión equivocada.

Otro caso. En nuestro país circulan 14,8 millones de tarjetas de crédito en manos de unos 8 millones de personas y a pesar de que las tasas de interés que cobran los bancos por los avances con plásticos son más altas que las que se cobran por el uso mismo de la tarjeta, en lo corrido de este año, hasta mayo, los avances venían creciendo como espuma y llegaron a 6,6 billones de pesos, casi un billón más que el año pasado, cuando la tasa era hasta cuatro puntos más baja.

Y un ejemplo más. Juan Forero respiró tranquilo, pues acababa de refinanciar su deuda con una entidad financiera que le compró la cartera que tenía con otra entidad. Lo que le hizo decidirse fue que le dijeron que el monto que debía pagar mensualmente sería sustancialmente menor y a una tasa similar a la que tenía. Pero de lo que vino a enterarse una vez autorizó la compra de cartera era que su crédito se había diferido a un plazo más largo que el pactado con el banco anterior y por eso las cuotas habían bajado tanto. Y por apresurarse tampoco se dio cuenta de que debía pagar intereses por la operación.

Estos tres ejemplos nos llevan a pensar que día a día tomamos decisiones que pueden ir en contravía de los objetivos financieros que nos hemos fijado, como ahorrar, hacer una inversión rentable o tener una buena pensión cuando llegue el momento. Pero es que somos seres humanos antes que racionales. Es aquí donde viene a desempeñar un papel clave la llamada economía del comportamiento o conductual, que consiste, básicamente, en la incorporación de la psicología a las ciencias económicas. Esta nueva área de investigación nos permite explicar que la forma como las opciones se presentan ante nosotros afecta nuestras aparentemente libres elecciones .

Y el norteamericano Richard Thaler ha sido el economista que más luces le ha dado a esta área de investigación y por sus contribuciones fue galardonado este año con el Premio Nobel de Economía. Las investigaciones de Thaler, que nació en 1945 en Nueva Jersey y es profesor de Ciencias conductuales y Economía de la Universidad de Chicago, demuestran que nuestras decisiones no siempre obedecen a criterios fundamentados, sino que también entran en juego variables psicológicas que las desvían de un comportamiento económico racional.

“Thaler ha contribuido a expandir y refinar el análisis económico al considerar tres rasgos que sistemáticamente influyen en las decisiones económicas: la racionalidad limitada, la percepción de justicia y la falta de autocontrol”, resaltó el jurado del premio en Ciencias Económicas que concede el Banco de Suecia. “Sus contribuciones han desarrollado un puente entre el análisis económico y el psicológico en la toma de decisiones individuales”, concluyó la Real Academia Sueca de las Ciencias al otorgarle el galardón a este economista que no siempre fue bien visto por sus pares por incorporar esa visión psicológica a la intocable ciencia de la economía. Por ejemplo, otro Premio Nobel, el economista Eugene Fama, bautizado como “el padre de las finanzas modernas”, dijo una vez de Thaler que “su trabajo es interesante, pero no hay nada allí”.

Lograr que sus teorías se tuvieran en cuenta fue una labor de años. Constanza Blanco, profesora de Regulación Económica de la Universidad Externado de Colombia, indica que las contribuciones de Thaler a los estudios de economía conductual “tratan de explicar cómo los comportamientos económicos que afectan los mercados –tradicionalmente explicados desde la racionalidad– pueden ser entendidos a partir de elementos de la psicología para lograr que quienes toman decisiones en política económica tengan un mejor panorama a la hora de decidir”.

La teoría del empujón

En su libro más popular, Nudges (traducido en español como “Un pequeño empujón: el impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad”), escrito en colaboración con Cass Sunstein, el economista explica que muchas personas, hayan estudiado o no economía, parecen comprometidas con la idea de que pensamos y elegimos consistentemente bien. “Si miramos los textos económicos aprenderemos que el Homo economicus puede pensar como Albert Einstein, almacenar tanta información como IBM y ejercitar la fuerza de voluntad de Mahatma Gandhi, pero la mayoría de la gente que conocemos no es así. A la gente real se le dificultan las divisiones largas si no tiene una calculadora a la mano, olvida muchas veces el cumpleaños de su pareja, tiene guayabo en Año Nuevo. No son Homo economicus, sino Homo sapiens”. Y algo fundamental según Thaler: a diferencia de los economistas, los humanos cometemos errores.

Lo más interesante de la teoría del empujón, nudge theory, es reconocer que nuestras debilidades cotidianas, como la distancia entre lo que planeamos y lo que finalmente hacemos, la falta de autocontrol (que se evidencia a la hora de hacer dieta o dejar de fumar) y las tentaciones a corto plazo pueden afectar nuestro bienestar a largo plazo, pero caer en la cuenta de todo esto puede ayudarnos a tomar mejores decisiones en el futuro.

Los expertos consideran que el gran aporte de Thaler ha sido precisamente ese: el uso del conocimiento de nuestras flaquezas para moldear políticas públicas que promuevan mejores resultados en una variedad de escenarios. El economista ha argumentado que las instituciones públicas y privadas pueden proporcionar a los individuos pequeños empujones o estímulos en la dirección correcta, respetando siempre la libertad de elección de estos.

Un caso ilustrativo es el del ex primer ministro británico David Cameron, quien –guiado por las ideas de Thaler– creó una “unidad del empujón” en 2010 con oficinas por todo el mundo para encontrar formas innovadoras de cambiar el comportamiento público.

“La teoría del empujón se basa en una premisa tan simple como que, entre dos opciones, las personas escogen a menudo la que es más fácil sobre la que es más adecuada”, explica el editor de economía de la BBC, Kamal Ahmed. Y agrega que la falta de tiempo para pensar, la costumbre o una mala toma de decisiones hacen que “aunque se nos presente un análisis de datos y hechos, por ejemplo, sobre comida saludable, es probable que sigamos escogiendo la hamburguesa y las patatas fritas”.

Debilidades que inspiran

Integrando el factor humano a la toma de decisiones en políticas públicas, países como Estados Unidos e Inglaterra han establecido agencias que ayudan a reformar la administración en campos como el tributario, las donaciones de órganos o las políticas de medioambiente. Gracias a estos esquemas, por ejemplo, la agencia de impuestos británica logró mejorar las respuestas de los contribuyentes que están en mora recordándoles que sus vecinos ya pagaron.

Otro campo en el que sus insights están cambiando el mundo es el de las pensiones. Su investigación junto al economista Shlomo Benartzi, “Ahorre más mañana. Usando el comportamiento económico para incrementar los ahorros de los empleados”, revolucionó el panorama pensional al enfatizar que si a un empleado recién contratado se le descuenta de forma automática (por defecto) de la nómina su contribución al fondo de pensiones, las cantidades ahorradas aumentan mucho más que si simplemente se le deja a voluntad del individuo cotizar o no.

Para Thaler este ha sido el empujón más exitoso de todos, pues en el caso del Reino Unido, las tasas de ahorro en los planes nacionales de pensiones están por encima del 90 %. “El Save More Tomorrow ya es un programa patentado, que ha ayudado a millones de trabajadores a ahorrar más para el retiro”, indica Benartzi, que trabaja en la aplicación de las herramientas del “empujón digital” a una gama más amplia de desafíos sociales.

En el caso colombiano, podemos decir que un empujón que ayude a los trabajadores a tomar una mejor decisión es la medida del Gobierno de obligar a los fondos de pensiones del sistema público y privado a brindar la llamada Doble Asesoría, derecho que cada empleado tiene a que le expliquen con cifras aterrizadas cuál podrá ser el futuro de su pensión si decide jubilarse con cualquiera de ellos y se le diga si en verdad le conviene o no cambiarse de régimen.

Tras el anuncio del Premio Nobel, dotado con casi un millón de euros y haciendo honor a sus preceptos, Thaler, de 72 años y aficionado a jugar golf, ha comentado que intentará gastar el dinero “de la forma más irracional posible”.

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