¿Cómo sobrevivir a una quiebra?

Nadie está exento de sufrir o estar al borde de una bancarrota financiera en algún momento de su vida. Pero no es el fin. Recomendaciones para salir a flote de nuevo y volver a empezar.

La ejecutiva de 46 años Claudia González** recibió su primera tarjeta de crédito hace más de veinte años. Su comportamiento financiero era excelente y hasta recibió un certificado de buen manejo por parte de la entidad que le expidió la tarjeta. Ella usaba su plástico para los gastos grandes y difería las cuotas a pocos meses. Sin embargo, cuenta que el exceso de confianza y la falta de previsión la llevaron a gastar todo el cupo que le venían aumentando en forma periódica. Llegó a tener en una tarjeta un cupo de $22 millones, y en otra, que le dieron por buen manejo, un cupo de $17 millones.

Los dolores de cabeza comenzaron cuando se retiró de la multinacional en la que trabajaba. “Salí acostumbrada a un sueldo alto y a gastos aún más elevados; acudí no solo a la tarjeta inicial, sino a otras tarjetas de crédito que me ofrecían entidades bancarias y también comerciales, las dos últimas de supermercados”.

En total, Claudia llegó a tener cinco tarjetas de crédito y las deudas se le volvieron inmanejables, pues las cuotas mínimas con intereses sumaban más de $3 millones. Esto sin tener en cuenta que, además, debía pagar arriendo, servicios y hacer mercado. ¿Y en qué gastaba tanto si vivía sola? Ella dice que el dinero se esfumaba en ropa, regalos, restaurantes, spa, salón de belleza, viajes e invitaciones.

Cuando se dio cuenta de que sus ingresos no le alcanzaban para cubrir las deudas, decidió buscar quién le comprara la cartera, tarea nada fácil, pues tenía un sueldo por honorarios y una deuda total que superaba los $50 millones.

Hueco sin fondo

El de Claudia no es un caso aislado, ya que desde abril pasado los créditos en Colombia tienen una nueva tasa de usura, que es una de las más altas en la historia y la gente día a día está haciendo más avances con tarjetas de crédito. De acuerdo con diferentes analistas, se han convertido en el producto financiero que más afecta el bolsillo, si no se manejan en forma adecuada. Según la Superintendencia Financiera, en promedio, cada hora se realizan en Colombia 4.000 avances en tarjetas de crédito.

Y “aunque no es comparable con la quiebra de una empresa, las personas naturales también pueden caer en situaciones económicas tan difíciles que podrían llamarse bancarrota personal y hasta familiar”, indica Clara Inés Guzmán Nieto, líder del Programa de Bienestar Financiero de Old Mutual.

Agrega que uno de los errores más frecuentes consiste en la dificultad que tienen las personas para reconocer que la situación no es controlable y que deben aceptar la bancarrota. Adicionalmente, entre las opciones que buscan se encuentra aliviar su flujo de caja a través de la redefinición de las deudas. “Muchos usan la compra de cartera o adquieren nuevos créditos para cubrir los que estén presionando más en el momento, pero finalmente estas medidas solo abrirán cada día más el hueco financiero e incrementarán los valores de intereses y el tiempo”.

Por eso, la primera señal de alerta ante el riesgo de quedar en bancarrota y no poder responder por nuestras acreencias surge cuando el pago de deudas supera el 30 % de los ingresos y empieza a abrir un hueco para tapar otro y a pagar deudas con más obligaciones financieras.

“A partir de ese momento se están sacrificando los recursos que deberían destinarse a las necesidades básicas, y si no se toman acciones pertinentes es muy probable que la situación empeore”, indica Rodrigo Nadal, gerente de Resuelve tu Deuda Colombia. Esta empresa orienta a los deudores a través de su programa de reparación de crédito, para que de una manera planificada logren cubrir sus obligaciones con recursos propios, sin necesidad de acudir a otros créditos o modalidades de préstamo.

Qué hacer después de que definitivamente se ha caído en mora y no existen los recursos necesarios para pagar las deudas, los expertos recomiendan tomar las siguientes acciones:

• Es necesario mantener la calma, pensar con cabeza fría los pasos que se han de seguir y no tomar decisiones motivadas por la desesperación.

• No permitir que la deuda crezca. En el momento en el que se dé cuenta del problema hay que dejar de usar cualquier crédito.

• Hacer un listado con todas las deudas, comenzando por las más críticas, es decir, aquellas que tengan mayor riesgo de ser reportadas en las centrales de riesgo, así como aquellas que cuenten con el interés más alto, y buscar opciones de refinanciación de créditos o negociación con bancos y entidades financieras.

• Enumerar los activos que se tienen, identificar su valor y relevancia dentro de su planeación y, en los casos en que sea viable, venderlos para poderse financiar o salir de deudas.

• Revisar cuidadosamente el presupuesto y recortar los gastos que no son fundamentales para tener un mayor flujo de caja. Los expertos indican que el 40 % de los ingresos de una persona pueden destinarse a los llamados gastos hormiga, es decir, pequeñas compras innecesarias del día a día, que generalmente no se presupuestan (café, agua, cigarrillos, refrigerios, entre otros).

• Si el ingreso fijo no es suficiente, hay que buscar alternativas que permitan generar dinero extra como dictar clases en un campo que domine, hacer asesorías, vender productos, entre otros.

• Si la situación está fuera de control, es clave encontrar ayuda de expertos que lo asesoren y lo ayuden a planear cómo enfrentarla.

Los expertos recomiendan que lo importante luego de “tocar fondo” consiste en convencerse de que se puede enfrentar la situación y comprometerse con un plan de ajuste para solucionarla. Es también imprescindible adquirir hábitos de ahorro y consumo saludables, restringir el uso de tarjetas de crédito y préstamos y limitar al máximo los gastos, para lograr salir adelante en el menor tiempo posible.

“Si el deudor tiene una familia por la que responde económicamente o comparte gastos, también es fundamental hablar con ellos y comprometerlos con las medidas que se están tomando para salir a flote”, dice Nadal.

Luego de refinanciar su deuda y ajustarse a los ingresos que ganaba, Claudia redujo sus gastos básicos con medidas como hacer mercado en supermercados más económicos, cambiar los planes de móvil, telefonía fija, televisión e internet, comprar ropa solo cuando hay promociones que valgan la pena, comer siempre en casa –salvo en ocasiones muy especiales–, caminar y montar más en Transmilenio y pedir uber o taxi solo cuando es absolutamente necesario. También subarrendó una habitación y el garaje de su apartamento y decidió reinventarse profesionalmente y hacer asesorías, ya que por la edad no consigue trabajo fijo en ninguna empresa.

“Desde hace tres meses vengo restringiendo al máximo el uso de la única tarjeta de crédito que me queda y las cuotas mensuales han empezado a disminuir. Una de las entidades financieras me ofreció refinanciar mi deuda y al saber que no tengo empleo fijo me han condonado algunos intereses y pagos. He sido muy sincera con los bancos y entidades, y mi meta es no usar más las tarjetas para avances”. Ahora Claudia lleva un presupuesto detallado de ingresos y egresos; ahorra, así sea muy poco, y antes de comprar se pregunta si realmente necesita ese artículo.

Y dice que aunque no es bueno darse látigo, la reflexión y un buen cálculo ayudan a tomar conciencia: “Con cincuenta millones de pesos gastados en cosas innecesarias, podría haber dado la cuota inicial de un apartamento, invertir en un negocio o haberme comprado un carro”.

Pero la lección ya está aprendida y todo será diferente después de una quiebra, pues a partir de ese momento las personas se vuelven más conscientes del valor del dinero, de lo que cuesta ganarlo y de que dormir tranquilo y sin acreedores tocando la puerta, vale más que cualquier otra cosa en el mundo.

*Con reportería de Cristina Quiroga.
**Nombre cambiado por petición de la fuente.

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