Viaje a Bután: el Reino del Dragón del Trueno

Bután: el reino del Dragón del Trueno

Entre las dos potencias de India y China se esconde Bután, un pequeño reino que mantiene, como pocos, una conciencia de respeto por la tierra.

Pocas veces se oye en las noticias hablar de Bután. Posiblemente la última vez que el reino de Bután apareció en un noticiero fue en 2008 cuando ascendió al trono Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, el joven rey de 32 años, hijo del rey reformador Jigme Singye Wangchuck.

Como su padre, el rey Khesar ha mantenido una lenta y controlada integración de su reino al mundo occidental, que incluye, desde 2006, una transición a la democracia.

En medio de dos gigantes contaminantes como China e India, Bután mantiene una conciencia de respeto a la tierra. Sus aguas permanecen cristalinas, sus montañas se conservan verdes, y su gente, respetuosa, feliz de vivir en un paraíso. Muchos de sus turistas lo comparan con Shangri-la, el lugar paradisíaco de la novela Horizontes perdidos, de James Hilton, un país con un gobierno perfecto basado en la sabiduría.

Posiblemente lo sea, teniendo en cuenta que se ha mantenido, por voluntad propia, lejos del mundanal ruido, hasta el punto de que no había televisión hasta 1999, desde 2004 está prohibido fumar tabaco en todo el país, y en su capital, Thimpu, ni siquiera hay semáforos pues la población los considera “muy feos”.

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Sus montañas, de clima subalpino, tienen siempre nubes de niebla que decoran los caminos y, cada tanto, templos budistas, como el famoso “nido de tigres”, irrumpen en medio del paisaje como una aparición.

Llegar a Bután no es fácil. Otro factor para que mantenga el aislamiento que lo ha salvado del mundo. Existe una sola aerolínea, Druk Air, que le pertenece al Estado, y únicamente viaja a Katmandú, Delhi y Calcuta. Los vuelos son solo tres días a la semana y el número de turistas al año está limitado a 25.000. Además, en América Latina Bután no tiene representación diplomática, por lo que todas las visas deben tramitarse a través de un agente de viajes.

El país de la felicidad
Bután es el único país del mundo que mide su bienestar por el índice de felicidad interior bruta, en contraposición con el producto interno bruto. La medida existe desde 1972 cuando el cuarto rey Dragón, Jigme Singye Wangchuk, decidió permitir la llegada de la modernización a su país. El nombre de este índice hace referencia al compromiso de Bután por construir una economía que reflejara el principio budista de que la sociedad avanza solo cuando el desarrollo espiritual y el material ocurren simultáneamente y se complementan.

Para hacer medible este índice de felicidad, desde 2007 el gobierno butanés les pregunta cada dos años a sus habitantes toda clase de inquietudes, como “¿Ha perdido el sueño por sus preocupaciones?”, o “¿Durante el último año ha percibido usted algún cambio en la arquitectura de los edificios en Bután?”. Con sus resultados mide qué tan satisfechos están los butaneses y reorganiza el rumbo si algo está mal (20% de sus 708.500 habitantes vive por debajo de la línea de pobreza, lo cual puede modificar el PIF).

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Como parte de este compromiso con el bienestar de su población, el 70% de sus 38.000 kilómetros cuadrados están protegidos como territorio de conservación ecológica, y planea destinar un nueve por ciento adicional para crear “corredores de biodiversidad” que conecten todas esas áreas protegidas. La conservación ambiental es el centro de todas las políticas de desarrollo del país, cuya economía se basa y está en permanente crecimiento gracias a la venta de energía hidroeléctrica a su vecina India. Eso sí, queda claro que el medio ambiente de Bután se ha mantenido intacto por su aislamiento consciente del resto del mundo. Habrá que ver si este paraíso puede seguir existiendo una vez termine de abrirse a la globalización. Mientras tanto, allí está para descubrirlo.

Hoteles y gastronomía

Hotel Amankora
La exclusiva cadena Aman Resorts ofrece cinco opciones de elegantes hoteles en las ciudades butanesas de Paro, Thimphu, Punakha, Gangtey y Bumthang.
Rodeados de paisajes paradisiacos, una suite cuesta 775 dólares por persona. Además de poder disfrutar de exquisita comida, puede recorrer los pueblos budistas y hacer un tour de la amapola.
www.amanresorts.com/amankora

Le Bernardin
El Amankora de Thimphu cuenta con el talento culinario de Matthew Schaefer, sous chef de Le Bernardin, destacado restaurante de Nueva York que ha sido galardonado con dos estrellas Michelin. Por ello, en septiembre, el hotel butanés contará entre los suyos con la presencia de Eric Ripert, chef de Le Bernardin quien explorará los sabores asiáticos.
www.amanresorts.com/amankora

Hotel Taj Tashi Thimphu
Este hotel, del elegante Taj Group arquitectura Dzong con moderna.
El huésped puede disfrutar de los murales budistas tallados a mano y del famoso baño de piedras calientes. Y tiene cuatro restaurantes para cada ocasión: el bar Ara; el Chig-ja-gye, especializado en cocina butanesa; el lounge de té Rimps y The Thongsel, con vista a los molinillos de oración.
www.tajhotels.com

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