Lina Marcela Cataño, la innovadora que creó casas flotantes para los damnificados del invierno

Barrios flotantes para inviernos colombianos
Barrios flotantes para inviernos colombianos
Barrios flotantes para inviernos colombianos
Barrios flotantes para inviernos colombianos
Barrios flotantes para inviernos colombianos
Barrios flotantes para inviernos colombianos
Barrios flotantes para inviernos colombianos
Barrios flotantes para inviernos colombianos

Lina Marcela Cataño, una paisa de 26 años, se inventó un modelo de casas flotantes que podría solucionar la crisis invernal que padece sistemáticamente el país. MIT la tiene en la mira.

Le dicen Kiwi. Se ganó al apodo cuando en primer semestre, de bluyines, piercing, pelo sin cepillar y aire punkero, se definió a sí misma como esta curiosa fruta: “porque era feíta por fuera, pero muy linda por dentro”. Recibió vitoreos y hasta hicieron la ola celebrando su frescura. Hoy siguen aplaudiéndola. El ingenio sigue intacto.

Lina Marcela Cataño, ingeniera de diseño de producto de la Universidad Eafit, rockera, lectora voraz de Walt Withman, de boca pequeña y manos grandes, voz gruesa y mirada dulce, soñaba desde niña con cambiar el mundo. Lo hacía sola, mientras sus padres trabajaban en una textilera. Nunca paró. Y por eso tal vez, a sus 26 años y sin haberse graduado, quizás sea la “Bendita Niña” que tenga la clave contra los estragos de la “Maldita Niña” de Santos y de todos los colombianos.

No estamos exagerando. En el proyecto de casas flotantes contra las inundaciones –que lidera junto a Andrés Walker– han creído el Centro para la Innovación, Consultoría y Empresarismo (Cice), que ha apoyado la spin off Utópca-EAFIT donde lo desarrolla, Colciencias que le ha dado recursos, la ONU, la OEA y recientemente en la Cumbre RIO+ 20 donde fue invitada a exponerlo. Y acaba de ser reconocida como la Innovadora Solidaria del Año en los Premios TR35 Colombia. Hasta la publicación Technology Review, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), le ha dado su bendición al concederle un premio que alguna vez ganó Mark Zuckerberg y que está destinado a mentes osadas, ágiles y nuevecitas, antes de que cumplan los 35.

Y ¿qué es ser innovador? Observándola, uno creería que tiene que ver con preferir los equipos al ego, lo transdisciplinar a las casillas, lo flexible a lo petrificado, el diálogo al monólogo, lo horizontal a lo vertical, la confianza al miedo, la utopía al imposible de siempre. Las soluciones a los problemas. Innovar es un reto y un sistema de pensamiento aplicable a cualquier problema, incluso a los peores, como elúltimo invierno, en este caso.

Las cifras están claras en su mente: 17.000 viviendas destruidas, que requirieron una inversión de diez billones de pesos para atender solamente la emergencia. Es decir, “mucha plata, que solo se gasta en los síntomas de la enfermedad pero que no llega a su raíz”, dice. Así, la respuesta tradicional ha sido volver a construir en las zonas inundables, que debido al cambio climático cada vez lo serán más, con materiales estándar que desconocen las características del entorno. O, en su defecto, desplazar a una población que volverá al sitio de sus arraigos. Es decir, la lógica de siempre que desemboca en las sinsalidas de siempre.

Entonces, ¿por qué no mirar las cosas de otro modo? Ante unas inundaciones crónicas que aumentarán su intensidad por cuenta del inevitable cambio climático, ¿qué tal pensar en unas construccio- nes que, en lugar de pelear una batalla perdida contra el agua, simplemente se amolden a ella? ¿Qué tal unas casas anfibias que floten cuando la inundación llegue y se asienten cuando pase y que, aunque se desplacen verticalmente, ten- gan su movimiento restringido, armónico y horizontal gracias a un pilote? Casas que además contarán con servicios alternativos, baños secos, paneles solares, entre otros sistemas ecosostenibles.

La propuesta es clara y realizable. No se necesitan las grandes inversiones de los países europeos, como Holanda y Alemania, que han implementado otros modelos y donde los costos ascienden a 40.000 euros por vivienda. Este equipo de diseña- dores está realizando un prototipo cuyos costos se ajustan a los de una vivienda de interés social y que buscan ampliar su idea a pueblos enteros con escuelas, cen- tros médicos y administrativos y barrios flotantes. No es el futuro. O lo es como lo reclamaba Jim Morrison, “el futuro y el mundo ahora”, en esa lógica rockera que tanto le gusta a Lina Marcela.

Ingenio propio, por supuesto, creatividad personal, mucha. Pero no hay duda de que el fenómeno de estos brillantes innovadores colombianos hay que mirarlo dentro de un contexto. Lina Marcela quizá es la persona correcta en un momento y un espacio correctos. Se trata del fruto de un ecosistema innovador sano. Sus resultados han sido potenciados por unas condiciones privilegiadas que ofrece una región como la antioqueña que durante los últimos nueve años se la ha estado jugando con la educación, ciencia y tec- nología, tanto en experiencias privadas como la de la Universidad Eafit como con políticas públicas locales de las que en varias oportunidades ha sido beneficiaria. El MIT está convencido de que los próximos Zuckerberg saldrán de bosques creativos más al sur de Nueva York, como lo son los latinoamericanos. Lina Marcela, sin duda, es un buen prospecto, con la ventaja de que tiene un apellido más: el de la solidaridad. Pensamiento de Latinoamérica para Latinoamérica, porque como concluye: “Nuestros problemas solo los podemos resolver nosotros mismos”.

Articulos Relacionados

  • Vea las nuevas camisetas mundialistas con diseños ‘vintage’
  • Estas son las ciudades más amigables del mundo
  • Vea el tráiler de Phantom Thread, la película final de Daniel Day-Lewis
  • El arte está en todas partes: hasta en las fotos de paparazzi