OnA: vestidos de baño ecológicos en Medellín

No usa cremalleras
Las prendas deben ser perdurables
Para crear sus telas, Juliana hace collages originales
OnA nació en Medellín en 2001
En OnA hay conciencia sobre el proceso
En la lavandería no se usa agua sino vapor
El objetivo es que la producción no genere basuras
Los diseños son sencillos y cómodos
Los motivos de la naturaleza son su inspiración
Cada diseño es único
Una prenda puede cambiar de diseño varias veces
Juliana es también asesora de Americanino
Los cierres y botones son reciclados
OnA tiene aliados que entienden sus procesos
Juliana Correa, la creadora de OnA
Cualquier material inspira a Juliana Correa

Juliana Correa dice que no vende mentiras. La creadora de OnA, una marca de moda femenina produce sus prendas con procesos ciento por ciento ecológicos, sin importar que muchos la llamen culebrera o poeta.

La puerta azul. La casa. Santa Helena. El hijo Jacobo y el marido Rodrigo. La cámara de fotos. Todos quieren obturar el botón. Raspan y raspan. Caen las virutas sobre un periódico. Restos para cualquier mortal. Joyas para Juliana Correa, fundadora de OnA. Y aquí estamos frente a su mesa de trabajo en la casa que ocupa la diseñadora con su proyecto en la Avenida de la Primavera de Medellín. Casi ningún taxista sabe todavía que así se llama la calle donde se ubican boutiques, restaurantes y zapaterías artesanales en la capital de Antioquia. Lo cierto es que en apenas tres cuadras se respira un aire que condensa ingenio y dedicación. Pequeño Soho, incipiente Palermo. Juliana acaba de pegar con colbón lajas de madera azulada que forman tirabuzones caprichosos sobre la cartulina. En esta composición abstracta comienza una nueva vida para la puerta de la finca heredada en la que Juliana construye un hogar con su familia. Una vez se seque, la pieza será escaneada para luego ser procesada digitalmente y estampada en una sede asiática o en un algodón colombiano.

– Me da miedo la luz pero estoy lidiando con ella. Mi próxima colección la presentaré en octubre en Bogotá, exclusiva para la Fundación Avon que apoya a las mujeres que padecen cáncer. Una lucha, la de ellas, por ver también luz al final del túnel.
– ¿Qué te mueve?
– La vida real: el cuerpo, la mujer, el paso del tiempo, la conciencia de que se nos puede dañar una parte del cuerpo. Al planeta le pasa también eso.

Es ingeniera industrial porque no le gustaban las matemáticas y quería “coger oficio” como le decía su padre, un buen paisa, también ingeniero que combinaba el taller de mantenimiento para la flota de la empresa de mensajería TCC con su pasión por la carpintería. Juliana tuvo parque de virutas para jugar. Juntos construyeron la réplica de la nave Santa María para una tarea colegial y ambos se retaban constantemente para abordar tareas que parecían imposibles. Pero sus manos y perseverancia lo lograban. Hacer y deshacer. Ahí empezó todo. Hasta que en el 2001 nació OnA, concebida en el seno de la familia Correa con las tres hermanas unidas: Juliana como diseñadora, Claudia encargada de traducir en palabras los sueños de Juliana y Marcela, al frente de los procesos administrativos y de producción. Quién sabe qué fríjoles les dieron de chiquitas pero lo cierto es que son un equipo férreo, capaz de abrazarse al tiempo que se exige.

– No me hacen falta las cremalleras y los botones. Todo debe salir de la tela. Guardo los orillos y retazos míos, de cualquier persona que me los quiera dar. Trato de botar lo mínimo. Hasta los primeros empaques de OnA los cosí en esa máquina –señala Juliana en una esquina luminosa-. Para los cierres uso broches de brassiere, casi no se ven.
– Hablabas de vidas largas para tus prendas, Juliana…
– Sí, creo que tienen que tener una existencia perdurable. Cuando un producto rota poco en la tienda, le doy el honor de sobrevivir con dignidad y la transformo. La retiño, la corto otra vez, le cambio la personalidad, pelo la tela. Voy rotando la prenda. Otro empresario dirá que eso no es rentable. En cambio sí es bueno para la marca. Yo toreo cada pieza. Aquí vienen las clientas y preguntan por la “cajita”.
– Ahí está…
– Sí, son más económicos pero brillan transformados.

En la pasada cumbre de Río+20 donde se discutieron los grandes temas del medio ambiente que afectan a nuestro planeta, uno de los discursos más escuetos pero quizá más contundentes fue el que se le escuchó al presidente de Uruguay. Hizo un llamado de atención sobre la manera que tenemos para definir el principio de “sostenibilidad”. Lo relacionó con la felicidad de la gente. Esa manera de concebir políticas a partir del bienestar de las comunidades humanas y cómo estas se pueden relacionar de manera benigna con su entorno sin presionarlo hay que aterrizarlo. Como todos los deseos que expresan nuestros dirigentes. Por eso, una mirada local, sobre el proyecto de diseño OnA que lleva más de una década abordando el universo femenino a través de bufandas, blusas, vestidos, pantalones, chaquetas, abrigos, foulards y camisetas resulta fundamental para entender cómo desde las prácticas individuales se pueden crear cadenas colectivas de prácticas ecológicas.

– No vendo mentiras. Me gusta tener conciencia sobre el proceso de las cosas y buscar maneras para lograr que no haya basura. Es fácil acostumbrarse a la basura. Busco aliados que compartan mis valores: respeto, claridad, honestidad. Cuando los encuentro, profundizo. Les pregunto cómo tiñen, qué hacen con los materiales que sobran, cómo puedo hacer realidad mis telas con procesos que sean justos.
– ¿Cómo ha sido esa búsqueda?
– Me han llamado culebrera, poeta y no me importa. Porque encontré empresas que piensan como yo aunque su tamaño sea inmensamente mayor al mío.

La primera parada la hacemos en la sede principal del grupo empresarial Expo Faro en Itaguí, municipio de Medellín. Solo el área de lavandería ocupa 10.000 mt2 de este holding que también cuenta con maquiladora de producto terminado para Norteamérica, Europa y Suramérica; que es dueña de la licencia de Levi’s para Colombia, Ecuador y Venezuela y que además tiene SilverStores, almacenes multimarca con líneas propias. Truenan las máquinas lavadoras Tonello. Asegura Angela Torres, al frente de la unidad de investigación y desarrollo que son las mejores del mercado italiano en prácticas ecológicas pues utilizan mucha menos agua en sus procesos que las convencionales. Tres litros por kilo de ropa en lugar de cinco. No utilizamos resinas normales que son ricas en formalheído y afectan la piel de las personas, sino que optamos por sustancias amigas del medio ambiente. Además aprovechamos el vapor que le sobra a nuestro vecino industrial, Coltejer, para mover nuestras máquinas. Contamos con una planta de tratamiento de agua única en Suramérica. El 70 por ciento del 100 por ciento del agua que utilizamos la devolvemos limpia al río, aunque no es potable, advierte Torres.

Juliana Correa les puso a trabajar en serio porque su empeño en lograr lanas arrugadas (algo además insólito en una ciudad cálida como Medellín donde la temperatura nunca baja de los 22 grados centígrados y la verdad, a nadie se le había ocurrido aplicar esto en alta costura) hizo que Expo Faro iniciara una investigación, dentro de su esquema Ecofriendly, para teñir con colorantes ecológicos, lavar en procesos de poco calor (apenas a 30 grados centígrados) y arrugar con una particular técnica manual que les llevó Juliana. Para eso les resulta de gran ayuda el cluster de textil y confección de la Cámara de Comercio de Medellín, pendiente de suministrarles las nuevas investigaciones del mercado.

– En OnA lo llamamos “el método de la araña”. Es muy artesanal pero funciona estupendamente. La tela no sufre, no requiere consumir energía artificial y la prenda perdura.
– ¿Cómo es la relación comercial con Expo Faro?
– Fuerte y permisiva. Nos escuchamos y vivimos los procesos juntos para encontrar la mejor manera de resolver nuestros retos. Mis prendas son desestructuradas. Sus químicos y diseñadores me ayudan a lograrlas. Además hemos aprendido a aminorar los olores, raspar y bajar la tosquedad a unas telas nacionales que así se convierten en algo mejor.
– ¿Mejor como qué?
– Es que hay mujeres que vienen al almacén y me dicen que esos vestiditos que hago son muy sencillos, de algodón, que ellas necesitan algo para una fiesta. Entonces le subo el estrato al vestido en la lavandería. Aquí lo tiño y lo brillo. Es que nuestro país tiene todavía un concepto de la elegancia muy cerrada.

En Estampamos Digital, una empresa nacida en 2010 de la original fundada hace casi 30 años, OnA halló su segundo aliado más importante para su proceso ecológico. Las máquinas convencionales, rotativas, trabajan con gas y no a punta de carbón que alimenta grandes calderas. Además las tintas son base agua que supone un cambio drástico en el manejo de unas sustancias que cuando no son así claramente atentan contra el bienestar del medio ambiente y de los trabajadores que se someten a sus vapores.

Aquí también producen sus telas diseñadoras como Beatriz Camacho o grandes marcas como Gef, Tennis y líneas de catálogo. Cuentan con la certificación ISO 9.000 y buscan obtener la ISO 14.000 que acredita los procesos ecológicos. Y es que esta mentalidad verde es crucial para los negocios internacionales que tiene la compañía en manos de un joven, Julián Begue, heredero no solamente de la industria sino de una mentalidad familiar cultivada en “trabajar de manera limpia”. “Mi padre nos inculcó pensar de esta manera aunque no hay nadie que pueda decir, en el sector industrial de la estampación, que es 100 por ciento verde. Algunos clientes como OnA aprecian nuestro esfuerzo. Pero son muy poquitos lo que lo hacen. A la mayoría le interesa tener su producto bueno, bonito y barato”, aclara Begue. Una gran máquina se mueve constantemente reciclando el agua que sobra para luego utilizarla en lavar chablones y rasquetas, utensilios necesarios en otras fases del proceso.

– Sueño mucho y mi hermana Claudia se encarga de ponerme los pies en la tierra para que den nuestros números. Tenemos cuatro empleados fijos y el resto es un equipo de mujeres que cosen, hacen moldería y rematan en barrios como Laureles, La Candelaria y Robledo. Con un capital de 10 millones de pesos iniciamos hace diez años. Me insisten en que se masiva. Pero no.
– ¿No?
– Sigo siendo asesora de Americanino, la empresa del Grupo Uribe, donde me formé durante 12 años. Entiendo bien mis dos roles: trabajar para el gran público y pensar de manera íntima para la mujer OnA.

Salgo del almacén que OnA tiene en Medellín (cuyo aire ha sabido trasladar muy bien al punto de venta en Bogotá, situado en la calle de los Anticuarios) y queda una suerte de estela flotando. Podría ser cualquiera de las prendas sutiles, comodísimas y elegantes -en un sentido místico- de la colección “Retratos” o “Historias cruzadas” o “Sueños”. Caigo en cuenta, las tengo sobre mis piernas, son las medias de la serie “Cartografía” que diseñó Juliana Correa hace años. Piel sobre la piel sin medir el paso del tiempo. Tal cual a ella le gusta que perdure su imaginación.

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