Emoke Ijjasz: La húngara que le enseñó a tomar vino a Colombia

En una labor titánica, esta húngara se consagró a enseñar la cultura del vino. Hace poco se dio cuenta del cambio y entendió que su labor no había sido en vano. Emoke Ijjasz cuenta hoy con 114 títulos sobre la bebida noble.

Emoke Ijjasz llegó a Sudamérica siendo una niña. En 1948, debido a la invasión comunista que padeció Hungría junto con otros países de la Europa central, su familia tuvo que dejarlo todo: pertenencias, amistades y trabajo. Renunciaron a su nacionalidad y con la ayuda de la Cruz Roja y la complicidad de un grupo de jesuitas llegaron a São Pablo, Brasil, en busca de otro sueño. Su padre, quien había ocupado el cargo de vicepresidente de la República, fue el primero en partir. Luego llegó ella con sus tres hermanos y su madre.

Así comenzó una travesía de décadas por distintos países de Sudamérica. En Argentina recorrieron durante diez años las regiones de Salta, Tucumán y Jujuy, después pasaron por Chile, Perú y Venezuela. “Mi padre trabajaba con la FAO y por eso viajábamos tanto. Fue en Chile donde comencé a conocer de enología, aunque el vinosiempre fue una tradición en mi familia”. Emoke asevera que su pasión por los vinos surgió desde que era una niña, que es una respuesta lógica a la herencia que le dejaron sus antepasados, dueños de numerosos viñedos en Tokaji, una de las regiones más importantes de Hungría.

Después de estudiar enología en Europa regresó a América con el objetivo de analizar las condiciones medioambientales requeridas para la elaboración del vino, así llegó a Colombia hace más de treinta años. Mientras recorría el país, Cadenalco –primer importador de vinos colombiano– le propuso enseñar en diferentes pueblos y ciudades la cultura del vino. En esa época se conocía muy poco del tema en el país; sin embargo, por terquedad, como ella asegura, aceptó una tarea titánica que durante varios años no pareció dar frutos. “Sentía que estaba hablando en un lenguaje que nadie entendía. Me imagino que lo que les interesaba era tomar vino, más que degustarlo… Cuando llegó el boom del vino a Colombia, hace 10 o 15 años, la gente empezó a disfrutarlo, se dieron cuenta de que es una bebida noble. En ese momento supe que mis enseñanzas habían logrado su efecto”. Sin embargo, aunque hoy la gente conoce de vinos con mayor profundidad, para Emoke es necesario dar un último paso: “Aquí hace falta que la gente empiece a degustar un buen vino de postre. Creo que así como sucedió con el vino de mesa, llegará el momento en que se aprenda a hacerlo. Eso es fundamental”.

Además de enseñar en innumerables talleres sobre las bondades del vino, Emoke ha dejado aflorar otra de sus grandes pasiones: los libros. Hoy cuenta con 114 títulos de su autoría en los que desarrolla diferentes temas y aún sueña con seguir escribiendo. La húngara, quien sagradamente toma una copa de vino blanco cada noche y sostiene que no hay mejor compañía para un ajiaco que un chardonnay sin paso por barril, afirma que ahora está preparada para algo más íntimo: contar sus experiencias personales con el vino.

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