Agua, tanta y tan poca

Se vislumbra un futuro en el que los excesos del agua se volverán incontrolables. Pero, peor que eso, el control de su suministro por unos pocos será el caldo de cultivo de las guerras de los años por venir.

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La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) estima que en 2030 –¡en solo pocos años!– uno de cada cinco países en vías de desarrollo tendrá graves problemas de escasez de agua. Esto significa que a las crisis hídricas actuales como frecuentes sequías, inundaciones, deslizamientos o la erosión, se sumarán nuevas presiones que seguramente tendrán el componente hídrico, porque el agua permea todas las crisis. Escoja cualquiera: la salud de las personas, su seguridad alimentaria; la contaminación de lagos, ríos, acuíferos y océanos; la crisis de la agricultura, las pesquerías, y el uso de los suelos; los deshielos, el aumento del nivel del mar, la deforestación, la extracción de recursos naturales no renovables; incluso el cambio climático.

¡Pero atención! La crisis del agua no es solo la escasez de ella en algunos lugares de la Tierra. No es que haya menos agua en el planeta. No se está escapando a ningún lado. Lo que pasa es que su distribución se ha desequilibrado de manera significativa, y el ciclo del agua se mueve ahora considerablemente más rápido que en la era preindustrial, hace tan solo 160 años. Eso, por supuesto, lo complica todo. En unos lugares muy poca agua, en otros demasiada, y en ningún caso es positivo para nadie. La erosión aumenta, los períodos secos se prolongan al igual que los húmedos, llueve cuando y donde no debería, y donde antes llovía ahora los árboles se mueren de sed, como pasó durante las dos últimas grandes sequías del Amazonas, en 2005 y 2010. Las inundaciones también son ya más comunes, y es lógico. Hay más agua que se puede condensar y volver a evaporar. Muchos aseguran que lo serán por cientos de años más, ya que con más agua disponible y circulando más rápido, todos los indicadores climáticos se pueden alterar hasta el punto de que los científicos han llamado de “no retorno” hacia un clima desenfrenado.

guerras del aguaNo es tan difícil entender que la energía extra que el sistema planetario acumula por cuenta del aumento del CO2 –emitido por los humanos desde la Revolución Industrial como resultado de la quema de combustibles fósiles y la expansión de la frontera agrícola principalmente– ha aumentado la temperatura promedio de la superficie de la Tierra, casi en un grado centígrado. Eso ya ha sido suficiente para acelerar cerca del 4 % el ciclo de agua. Tal vez usted no lo haya notado, pero está pasando, y muy rápido. Una vez se entiende lo que sucede, es todavía más sencillo intuir para dónde van las cosas. Al seguir aumentando la temperatura global de la superficie terrestre, se incrementará la tasa de evaporación en los océanos. Eso por supuesto incrementará la cantidad de agua total disponible para el sistema climático y como consecuencia los eventos extremos serán cada vez más comunes. Es como esparcir gasolina sobre una fogata.

El verdadero problema

En medio de la crisis del desbalance hídrico del planeta está el problema más grave de todos: la distribución del agua entre las capas sociales. La reciente y aterradora tendencia hacia la privatización de los acueductos en todo el mundo ha puesto a la humanidad frente a una convergencia de crisis de la cual será difícil salir intactos con el mismo estilo de vida. La actitud humana hacia el agua siempre fue de absoluto respeto y admiración. Antes del advenimiento del desarrollo industrial, un ciudadano no podría comprender por qué hoy pagamos precios exorbitantes por diminutas cantidades de ella, envasada en pequeñas botellas que luego desechamos.

Sería impensable para nosotros hoy que nos advirtieran que en un futuro, incluso no muy lejano, 100 años, la situación del planeta llegará al punto en el que la gente tendrá que pagar por otro fluido indispensable para vivir: el aire. Sin embargo, con el agua lo aceptamos. Ya nos dejamos convencer de que sí es privatizable y que se puede adueñar de ella un particular o una compañía.

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