Tecnología: El futuro se imprime en 3D

La impresión 3D encabeza los inventos revolucionarios de este siglo. Ya hay avances para imprimir órganos del cuerpo, drogas, ropa y comida. ¿Qué más saldrá de estas poderosas máquinas?

Todavía no está claro el impacto que va a tener en el futuro la impresión 3D, pero sin duda será enorme. Esta revolución emociona por los beneficios que podría traer a la humanidad y las profundas transformaciones en varias industrias y mercados, y a la vez aterroriza por los riesgos potenciales. Las impresoras 3D aún están en una etapa incipiente. Todas tienen en común que son capaces de “fabricar” objetos a partir de diseños digitales en tres dimensiones con materiales como tinta, láser y polímeros, aunque algunas se especializan en un tipo de impresión –medicinas, ropa, tejidos humanos– y por ello utilizan distintos insumos y variaciones de la tecnología.

Como la impresión 3D plantea que no hay límites en los materiales con que se imprima, ya ha habido experimentos exitosos para imprimir elementos tan diversos como órganos, comida y medicinas. Entre los proyectos prometedores se encuentra el de la firma Organovo –impresión 3D de órganos, huesos, tejidos y exoesqueletos–, que de salir adelante significaría que esta revolución podría salvar miles de pacientes y mejorar la calidad de vida de muchos más, además de ayudar en la lucha contra el tráfico de órganos.

En el mercado mundial de alimentos sin duda sería un gran aporte para combatir el hambre y el desperdicio. La firma Modern Meadow, por ejemplo, ya logró imprimir carne. Por lo pronto la idea es que los astronautas puedan imprimir su comida en el espacio. En el área de la arquitectura firmas como Smith | Allen ya imprimieron una estructura arquitectónica de 75 metros cuadrados, aunque les tomó un mes. Por su parte, el profesor Khoshnevis Behrokh, de la Universidad del Sur de California, desarrolla la impresión de casas prefabricadas, pieza por pieza, en menos de un día. El mundo de la moda ve en esta tecnología una gran amenaza –¿imprimir piezas de alta costura en las casas?–, pero también una gran oportunidad para experimentar con diseño a bajos costos y llegar a mercados nuevos. Los diseñadores de joyas, de tenis deportivos y accesorios son los primeros en acogerla.

A la expectativa por los grandes avances que se logren con esta nueva tecnología, se contraponen los temores de que pueda ser usada para fines malévolos. Los primeros temores se centran en la fabricación de armas, un proyecto que ya hizo realidad Defense Distributed, que en su sitio web –defdist.org– comparte planos de partes de armas y que en mayo pasado hizo públicos los archivos para la primera impresora completamente “imprimible” en 3D, la Liberator. A las armas se suma la alerta por la posible multiplicación de la piratería industrial, pues estos aparatos podrían permitir producir objetos sin pagar un peso a sus creadores. Y recientemente ha surgido un nuevo campo de preocupación y a la vez de esperanza: la fabricación de drogas. El proyecto más avanzado sobre medicamentos es el de la Universidad de Glasgow, que dirige el investigador Lee Cronin. “Hablamos de paquetes que incluyen impresora 3D, software de diseño y cartuchos químicos, que permitirían a la gente tener acceso a la tecnología sin necesidad de costosas infraestructuras”, manifestó en un informe.

El avance ilusiona si se piensa que podría permitir la fabricación personal de medicinas a costos seguramente inferiores a los de muchas de las empresas farmacéuticas. Sin embargo, pasar de allí a las drogas de entretenimiento será solo cuestión de tiempo.

En el polémico medio Vice, el periodista inglés Kevin Holmes publicó el artículo “En el futuro, su dealer será una impresora”, en el que plantea que no será necesario acudir a los bajos mundos para surtirse de una buena dosis de estupefacientes: “La actual economía de las drogas en la que se libran guerras y circulan billones de dólares será una cosa del pasado. Con drogas impresas en 3D, podríamos entrar en un nuevo mundo donde tomar cualquier sustancia ilícita sería tan legal como beber una taza de café”.

Su predicción asusta, aunque el propio Cronin señaló que el asunto no sería tan simple, porque a las dificultades de imprimir medicinas se sumarían retos de regulación y disponibilidad de “tintas” y “planos 3D”. La impresión 3D es ya un amplio campo de inspiración, generador de grandes desafíos para desarrolladores y técnicos, y de serios retos para reguladores y autoridades. El enorme potencial de la impresión 3D genera ilusión y temor, riesgo y oportunidad, muchas incertidumbres, y una sola certeza: será protagonista de buena parte de las grandes transformaciones en las próximas décadas.

Las infinitas posibilidades de la impresión 3D han generado temor en quienes piensan que puede ser usada para fines malévolos como la fabricación de armas o de drogas ilícitas.

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