Medios: El futuro es multipantalla

El periodista Frank Rose, experto en cultura digital, habla de cómo será la industria del entretenimiento cuando los espectadores se conviertan en participantes del espectáculo y se borren las fronteras entre los medios.

Del televisor inteligente a la tableta y de la tableta a la pantalla de cine. La experiencia de ir a ver una película ya no es la misma. Las nuevas tecnologías han abierto el campo para que surjan al mismo tiempo nuevas voces, nuevas formas de narrar en el cine independiente, y nuevas superproducciones en el mundo de los grandes estudios.

Frank Rose, una de las voces pioneras en el mundo de la cultura digital y autor de The Art of Immersion: How the Digital Generation is Remaking Hollywood, Madison Avenue and the Way We Tell Stories, conversó con Diners sobre la forma como está cambiando el mundo del entretenimiento, desde las pantallas en las que vemos el cine hasta el tipo de espectador que abundará en el futuro.
¿Está de acuerdo con los que dicen que la tecnología digital significa la muerte del cine, o cree que es más un renacimiento?
Se trata más bien de una evolución. El cine y el video digital producen sensaciones visuales diferentes; no creo que marquen el fin del cine, sino el surgimiento de nuevas posibilidades. Una de ellas es el 3D. Por supuesto que aún necesita mejorar para que realmente tenga éxito, pero cineastas como James Cameron han demostrado lo que se puede hacer gracias a él. La tecnología digital es una manera de filmar con otras características.

¿Cuál es la relación actual entre la narrativa en el cine y los avances tecnológicos?

La tecnología ha cambiado en forma relativamente lenta; durante al menos sesenta años no hubo grandes desarrollos. Cada vez que aparece un medio nuevo o una nueva tecnología para comunicarse, surge un nuevo modo de narrar. El cine apareció hacia 1890 y solo en 1910 se hicieron las primeras películas. Pasó lo mismo con la televisión: aunque se inventó en 1925, la primera narrativa para este medio, la comedia (I love Lucy), llegó en 1951. Así que no debe sorprender que con Internet haya sido similar. Han pasado veintidós años desde su nacimiento y solo en los últimos cinco o seis hemos empezado a entender sus posibilidades y aún estamos tratando de descifrar qué hacer con él.

¿En qué medida las nuevas tecnologías están impactando el concepto de audiencia?

Aunque aún no está claro el impacto que tendrá el contar historias por Internet, es obvio que buscará más participación e inmersión del público. La inmersión es un estado mental de absorción que se puede lograr con cualquier medio y en cualquier momento. Se puede estar tan inmerso hoy en un libro como hace cuatrocientos años; e igualmente inmerso en una película, en un videojuego o cualquier tipo de experiencia en Internet. Tiene que ver con la famosa “suspensión de la incredulidad”: aunque la historia no sea verdadera, uno se permite creerla, perder la noción de quiénes somos, dónde estamos y qué estamos haciendo. La inmersión no necesita de la tecnología, es una actividad mental que responde a la calidad de la historia.

¿En qué consiste el público participativo?

Es el que toma algún rol en la historia. Los creadores empiezan a pensar maneras activas, diversas y sofisticadas, pero al mismo tiempo sutiles de hacerlo. Se trata de contar una gran historia, incluyendo a un público que quiere situarse en ella y habitar en ese mundo por medio de su imaginación, lo que significa salirse de los parámetros de la pantalla y empezar a interactuar a través de otros medios. No todos los espectadores son participantes; lo interesante es crear ese contenido extra que lleve a quienes se conectan con la historia a internarse mucho más en ella a través de Internet, de comunidades de fanáticos, y hasta de la memorabilia. Como dijo Steven Spielberg en una conversación reciente con George Lucas, “debemos poner al jugador en un escenario donde, sin importar hacia dónde mire, esté rodeado por una experiencia tridimensional. Ese es el futuro”.

¿Las pantallas individuales o pequeñas significan el fin de la pantalla gigante?

Seguiremos teniendo pantallas grandes como en los teatros o en los televisores grandes, y pequeñas como en las tabletas, los celulares y demás. El problema es que la experiencia de ir al cine ha cambiado y ya no compensa económicamente. Ha pasado aquella época en la que la industria se esforzaba por brindar la mejor de las experiencias, así que tiene que reinventarse en un show cuya entrada cueste tanto como una boleta a un show de Broadway o un espectáculo deportivo.

¿Se acabarán los éxitos de taquilla?

Los principales estudios de Hollywood han decidido que les es más rentable invertir el dinero en películas de alto presupuesto y su consecuente promoción. Quizás tenga sentido para cada estudio por separado, pero al mirarlo en forma colectiva resulta un gran error. El número de fines de semana es limitado y hay una sola primavera y un verano para lanzar ese tipo de películas. Sin duda habrá descalabros, ya los hay. Por esa razón hay un gran renacimiento de la televisión; las cadenas y compañías como Netflix, que se especializan en transmitir por Internet, están invirtiendo en contar historias complejas y episódicas que cautivan al espectador y logrando mayor éxito que las películas megataquilleras. Este modelo se acerca más a la televisión del futuro o a lo que tendremos en su lugar.

¿La televisión se trasladará a Internet?

Gran parte de la generación joven no tiene nociones claras sobre las diferencias entre YouTube y HBO, por ejemplo, así que las líneas divisorias entre diversos medios se borrarán. Es imposible predecir qué tan pronto veremos ese cambio, pero calculo que quizás en unos cinco años o apenas un poco más. El despunte de servicios como Netflix, Amazon y Hulu hace evidente que el ejercicio de ver brevemente que domina en YouTube no será la práctica favorita, sino una fase. La tecnología sigue evolucionando y es cuestión de tiempo para que todo nos llegue por Internet. La única distinción radicará lánguidamente en qué compañía distribuye. La industria de la televisión parece rehusarse a aceptarlo, pero es lo que le espera.

Las cámaras y los programas de edición se han hecho más económicos y accesibles, ¿esto implicará un grupo más diverso de cineastas?

Sí, y para bien. Lo digital ha hecho todo más ubicuo, barato y compacto. Ha hecho que la gente sin mucho presupuesto pueda publicar su libro, divulgar su música o hacer su película. Gran parte de lo resultante no será necesariamente de buena calidad o de la calidad que podría resultar en un contexto más controlado. Pero en gran medida, es un buen panorama que los estudios de cine y las cadenas de televisión estén perdiendo su poderío. Y también implica que los cineastas (y artistas) independientes se convertirán en sus propios agentes de mercado.

¿Qué pasará con el cine independiente? ¿Estará en capacidad de competir con las grandes compañías del entretenimiento?

En la medida que los grandes estudios dejen la tarea de contar verdaderas historias a las industrias independientes y a los países menos desarrollados, estas podrán competir. Será cuestión de que sepan ver la oportunidad. Esto se extiende a los productores de cine y televisión y a los diseñadores de videojuegos. En la industria del entretenimiento del futuro no habrá una distinción radical entre cine y televisión.

¿Qué pasará con los países donde no está disponible la tecnología?
Los países menos desarrollados deben aprovechar las mismas políticas que se aplican a los cineastas independientes en Estados Unidos y Europa y aspirar a historias con contenido. Además de esto, deberían pensar no necesariamente en públicos globales, sino en aquellos públicos locales que son relativamente pasados por alto, precisamente por los medios globales.

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