Mediadores guían el 43SNA

Lo más sencillo es llamarlos guías, también lo más tradicional dentro de un museo, pero precisamente la mirada desde el 43 Salón (Inter)Nacional de Artistas, la idea es ir más allá.

“Aquí huele a puro guaro”, fue lo primero que dijo uno de los estudiantes del colegio José María Espinoza Prieto del barrio Castilla de Medellín, al ingresar al sexto piso del Edificio Antioquia, más conocido como La Naviera, y una de las sedes del 43SNA. Y no estaba equivocado, tampoco era que alguno de sus compañeros de décimo y once tuviera “encaletada” la botella, Margarita Valdivieso, una de las mediadoras del evento, pronto se encargó de explicarles qué pasaba.

Lo primero fue contarles que en la segunda parte del siglo XX, el edificio Antioquia –construido por la Naviera Gran Colombiana y donde funcionó la entidad por varios años– pasó después a manos de la Gobernación de Antioquia, que puso allí las oficinas de rentas departamentales. Se trataba pues del lugar en el que se compraba licor, se pagaban los impuestos sobre el mismo, y se guardaba el que se encontraba adulterado.

Margarita sonríe, sin salirse de su papel; ella está allí para acompañarlos y acercarlos a las creaciones del lugar. Camina con el grupo y entran a un cuarto que permanece cerrado, justo el lugar del cual sale el aroma a alcohol, el mismo que encierra la obra “Manantial”, instalación del artista antioqueño Carlos Uribe, solicitada especialmente por la curaduría del evento para evocar tiempos pasados del edificio, de ahí su aroma. Yo sigo al grupo un poco después, y apenas abro la puerta alguno de los muchachos grita de inmediato: “Cerrá que se sale el olor a guaro…”, y, cómo no si en el cuarto que encierra la obra de Uribe, literalmente, chorrea aguardiente por las paredes.

Primero hay que observar

Cada situación a la que Margarita se enfrenta en su trabajo como mediadora es diferente, así que ella sabe que lo mejor que puede hacer antes de abordar a alguien es observar. “Aquí no se trata de un proceso de transmisión de conocimiento al espectador, pues todo parte de la inteligencia y la forma de ver el mundo de cada quien, por eso el nombre de mediador es tan adecuado”, anota esta estudiante de séptimo semestre de artes plásticas de la Universidad de Antioquia.

Así las cosas, lo que ella hace es saludar a quienes ingresan a la sala en la cual se encuentra, e ir viendo si la persona quiere o no hablar y necesita o no algún acompañamiento para ver las obras. En el caso de los grupos de colegio, como el del José María Espinoza Prieto, normalmente hay más acompañamiento, más preguntas, más interacción, mientras que hay personas que de inmediato transmiten con su presencia el deseo de hacer el recorrido solas.

Para llegar a ocupar su posición, Margarita formó parte de la Escuela de Mediación y Guías convocada por el 43SNA, en la que iniciaron 50 personas, en un proceso de formación que se llevó más de un mes y que incluyó, entre otras cosas, sesiones con el artista Nicolás Paris en las que profundizaban sobre el oxímoron que da nombre al salón –Saber Desconocer–, al tiempo que adquirían herramientas para mediar, no solo en el espacio del arte, sino también en su vida. “Hacíamos muchos ejercicios de traducción y co-traducción, de ver cómo es posible que convivamos, a pesar de que pensamos distinto”, explica.

También hubo mucho trabajo etnográfico y con el cuerpo, específicamente el reconocimiento de su cuerpo como herramienta de trabajo, en un taller orientado por Ángela Chaverra. Y lo otro era escucharse, mesas redondas con discusiones, en ocasiones álgidas, en las que finalmente buscaban puntos comunes, disenso en lugar de consenso; “saberse poner en el lugar del otro es un asunto muy importante en este trabajo”, anota Víctor Muñoz, también artista plástico y coordinador de la escuela. Al final de los 50 participantes hubo que elegir 20, que son los que están ahora como mediadores en las distintas sedes del salón.

Estos elementos, y su formación como artista plástica, le permiten hoy a Margarita saber a quién hay que llevar a conocer Manantial, la obra de Uribe y explicarle cada detalle de por qué huele a alcohol, como en el caso de los estudiantes, y a quien ni siquiera hay que decirle que la obra está allí, porque tal vez no les interese. Algunos ni sentirán el aroma, otros sencillamente lo ignorarán, unos verán la puerta que conduce al cuarto e intentarán abrirla, otros pasarán de largo; estas circunstancias son aquellas con las que trabajan Margarita y los demás mediadores, aquellas que les permiten saber si intervienen o no, si entablan una conversación o más bien permanecen silenciosos.

Articulos Relacionados

  • Galería: Vea las 10 especies marinas no conocidas por el mundo
  • ¿Ya conoce el Ken millennial?
  • Detrás de la portada: Samy Bessudo
  • Galería: 150 años de Frank Lloyd Wright