Hombres bien vestidos, fuerza irresistible

Ya sea por temor al juicio o por rebeldía afirmativa, la mayoría ignora una verdad acerca de las mujeres: no existe nada más irresistible que un hombre con la estética y el vestir exquisito.

Todos los años, el calendario de la moda internacional comienza con los shows masculinos en París y Milán. Este año despegó, sin excepción, con las colecciones de Otoño/Invierno 2012. Prada parodió el poder masculino con abrigos con cuellos de piel. Jil Sander inventó un hombre capaz de usar trajes hechos todos de cuero. Rick Owens buscó inspiración realista en Fred Astaire. Givenchy sacó sus fuerzas creativas del ‘Sueño Americano’ con chaquetas de cuero y denim. Los zapatos ostentaron una paleta extensa: desde detalles metálicos hasta ornamentaciones excéntricas.

En tiempos recientes, la nostalgia, los 30, la audacia en el color, los blazers de solapa doble, la formalidad y las siluetas más sueltas han ido cobrando fuerza en las pasarelas para hombres. Pero más allá de los desfiles está lo que sucede afuera de los precintos de los shows. Los deleites visuales que por allí pasean despliegan capacidades estéticas extraordinarias. No le temen al color o a los estampados. Dominan el arte de las capas y los contrastes. Pueden evocar estilos clásicos con pinceladas de irreverencia y buena sastrería.

Cierto es que la mayoría de los hombres rechazan la idea de vestirse creativamente por miedo a ser ‘afeminados’. Así como una mujer que ostente gusto por la moda es descartada de tener intereses intelectuales, los hombres que admiten un gusto por la ropa temen ser o son asociados con la cultura gay. En Colombia y en todos lados. Holly Brubach, la portentosa crítica de estilo lo acotó de la mejor manera; la ropa, para los hombres, es una forma de afirmar su preferencia sexual. (Algo impensable para nosotras).

En Colombia, muchos aún estiman que ir desarreglados por la vida es un rasgo de virilidad. Otros expresan sin problema su inclinación por una buena camisa o unos zapatos excéntricos. Entre la clase ejecutiva Salvatore Ferragamo y Hermés se han convertido en clichés tan similares como lo es un bolso Louis Vuitton entre las mujeres. (Ferragamo incluso anunció un agresivo plan de expansión en el país debido a su consolidada clientela). Sin embargo, hay que resaltar que las firmas masculinas colombianas tienden a acertar más que las femeninas. Algunas, como Lina Cantillo y JUAN siempre están explorando nuevos imaginarios de masculinidad estética. Cantillo invita al hombre a salirse de su zona de confort incluso cuando lo sumerge en escenarios de formalidad. JUAN, que apela a un target más joven y fresco, funde cierto tipo de clasicismo con la urbanidad y el desenfado.

Invitaría a los hombres colombianos a fijarse en Ryan Gosling adentro y fuera de la pantalla (en Crazy, Stupid Love). A que asomen por Lina Cantillo, a que ensayen la magia de un buen sastre, a que coordinen dos estampados de colores similares; a que usen texturas, capas y algo de color. Que se animen a ser asertivos a través de unos zapatos. Al final del día, la mayoría ignora una verdad acerca de nosotras: no existe nada más irresistible para una mujer que un hombre exquisitamente vestido.

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