Una semilla de esperanza

Aunque el planeta todavía no está a salvo, el consenso logrado en la COP16 de Cancún permitió avanzar en las negociaciones y le dio un nuevo aire al proceso de Naciones Unidas.

Los gobiernos reunidos en Cancún escogieron la esperanza sobre el miedo y pusieron al mundo en un camino difícil pero navegable para detener el peligroso cambio climático, comentó Wendel Trio, líder de Greenpeace.

De los 194 países que negociaron en la cumbre del clima de Cancún (COP16), sólo Bolivia se opuso hasta el final a aceptar el acuerdo definitivo que, según todos reconocen, es insuficiente, pero que deja una semilla en la lucha contra el cambio climático.

Los temas más importantes, como los compromisos suficientes de reducción de emisiones, siguen pendientes. Pero el consenso que se logró para seguir negociando salvó, por ahora, el proceso de la Convención Marco de Naciones Unidas (UNFCCC), que se consideró en crisis tras los pobres resultados y la falta de transparencia que ensombreció la cumbre de Copenhague (COP15).

Pero el planeta aún no se encuentra a salvo. Ahora los ojos están puestos en la COP17, que se llevará a cabo este año en Durban, Sudáfrica. Se espera que ahí se profundice en los acercamientos logrados en Cancún y se concreten los tantos asuntos pendientes que dejó la COP16.

Un resultado importante de Cancún fue la creación de un fondo para tramitar ayudas a los países en desarrollo, a fin de que puedan hacer planes a largo plazo que les permitan enfrentar fenómenos climáticos extremos. Pendiente quedó, sin embargo, cómo se distribuirán.

Colombia pidió que se excluyera de los textos la mención de prioridad en la asignación de recursos a algunos de los países vulnerables, para poder ser incluida a la hora de distribuir los fondos.

En negociaciones anteriores se ha dicho que se les debe dar prioridad a los Estados islas, los africanos y los menos desarrollados, por ser los más vulnerables. Ni Colombia ni ningún país desconocen eso. Los países con altos índices de pobreza y problemas de institucionalidad aumentan la vulnerabilidad, explicó Paula Caballero, de la delegación colombiana.

“Pero aunque no somos una isla ni somos los más pobres, en situaciones y desastres como los que estamos viviendo, que se van a volver patrones y van a crecer, se va a mermar nuestra capacidad de respuesta y también nos hace vulnerables”, dijo, a propósito de las lluvias e inundaciones que enfrentó el país en 2010.

Al final, se logró excluir de los textos la mención de prioridad para ciertos países, de modo que la asignación de recursos se tramite teniendo en cuenta la calidad de los proyectos presentados.
Se espera que en próximas negociaciones, los que hacían parte del grupo de los más vulnerables pidan que se les vuelva a incluir. La lucha continuará en Sudáfrica.

NO MÁS DE DOS GRADOS

Sí hubo otro logro de interés para Colombia: el compromiso de establecer un mecanismo para pagar a quienes protejan los bosques.
Se estima que la deforestación está generando el 20 por ciento de las emisiones globales de efecto invernadero y pagar a quienes protejan las selvas podría ser la única manera de garantizar que sigan en pie.

Después de tres años de negociación, el mecanismo de pago por protección de los bosques (conocido como REDD) fue incluido en la convención de Naciones Unidas.

Dentro de lo acordado, los países se comprometieron a respetar los derechos indígenas y la biodiversidad. Pero los detalles de cómo será posible quedaron pendientes.

El ex ministro de Medio Ambiente, Manuel Rodríguez Becerra, que hace parte del comité asesor de bosques del Banco Mundial, calcula que en el mundo habrá disponibles unos 6.000 millones de dólares al año para bosques tropicales. Colombia, que es uno de los países que ha iniciado proyectos pilotos de REDD, podría recibir un buen porcentaje de ese dinero.

En Cancún se acordó que la temperatura no debe subir más de dos grados centígrados.

Sin embargo, preocupa la falta de metas suficientes en reducción de emisiones, pues el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), órgano científico de la ONU, estima que con la producción de 450 partes por millón de azufre se rompería el equilibrio natural con un aumento de la temperatura superior a los dos grados. Ahora estamos produciendo cerca de 370 partes por millón.
Pese a esto, Estados Unidos se ha mantenido inalterable en su oferta de reducir apenas el 3 por ciento de sus emisiones hasta 2020, con base en lo producido en 1990. China, que junto al anterior, es uno de los principales emisores del mundo, tampoco ha hecho compromisos suficientes. El IPCC ha dicho que la reducción global de emisiones debe ser entre el 25 y el 40 por ciento; con las ofertas actuales no se llega ni al 20 por ciento.

Ahora deberíamos emitir 280 partes por millón de azufre, pero como vamos, es posible que superemos los 7 grados de aumento en la temperatura, señaló Rodolfo Lacy, del centro Mario Molina para estudios estratégicos sobre energía y medio ambiente, en México.

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