Google, la empresa que cambió el mundo virtual

Cuando arrancó el nuevo siglo, Google era una novata de apenas un año y tres meses de la que pocos sabían. Luego de la primera década del siglo XXI, es la marca más valiosa del mundo.

El mejor ejemplo de lo que hace Google podría estar en uno de los refranes más antiguos de todos: a usted se le pierde una aguja en un pajar y tiene que encontrarla. Pero a esa dificultad súmele el problema de que a cada segundo caen toneladas de nuevos fragmentos de trigo triturado hasta que en un momento dado usted experimenta el desespero de saberse atrapado en medio del exceso. La lógica es renunciar. O sucumbir. Y así era el flujo de la información en la red. Hasta que el 4 de septiembre de 1998 apareció Google. Y encontró la aguja en el pajar.

Su sutil llegada transformó el mundo virtual, aunque Alberto Arébalos, director de comunicaciones para Latinoamérica del buscador más usado en el mundo, con mil millones de búsquedas por día, asegure que no. Pero él es uno de esos voceros parcos y secos que desdeñan el hecho contundente de que el buscador ha facilitado la vida de los usuarios, que ordenó el caos y hoy en día ofrece las herramientas más sencillas del mundo, además de que sus programas y aplicaciones son gratis.

Google se asomó tímidamente al mundo durante dos años, tardó al menos cuatro años más en difundirse con fuerza, y cerca de ocho en posicionarse como el rey indestronable de los buscadores en el mundo, con una estrategia de voz a voz que lo llevó a expandirse por el planeta entero como si fuera un poderoso virus. Y lo más sorprendente, sin publicidad y compitiendo contra portales sólidos que imponían en los computadores programas prediseñados. Aun así, Google se abrió campo.

Aunque Internet era la gran revolución del siglo, la red seguía siendo un lugar inhóspito en la que hallar algo era tan difícil que la mayoría de los usuarios vivían sumidos en la desilusión. A partir de ese caos nació el éxito de Google, un proyecto de grado propuesto en la universidad de Stanford por dos estudiantes de doctorado, Larry Page y Sergei Brin, quienes lograron dar con el algoritmo de búsqueda que le daba relevancia a los documentos de acuerdo con su valor numérico, y que no ponía resultados al azar como hacían hasta ese momento otros buscadores. Contrario a redes sociales como Facebook, fenómenos de comunicación que afectan a grupos, Google iba a lo más importante para una persona en la red: buscar información. Mejor dicho, estaba dirigido a todos.

Además, desde el inicio le apostó a una página limpia y fácil. A medida que crecía, demostró que su sencillez y sus motores de búsqueda atrapaban usuarios. Pero que a través de su misma estética la gente terminaba comprando más que con avisos gigantescos. Y así fue ofreciendo soluciones. Si usted necesitaba mapas para ubicarse, la geografía revivía ante sus ojos en un mapa tridimensional. Si usted quería expresarse, estaban las herramientas más sencillas para crear blogs. Si el tema era decidir qué libros leer, qué videos ver, qué primeras páginas de diarios le llamaban la atención y qué información era de su particular interés, había una forma diseñada de encontrarlo. Google iba ofreciendo todo. Si existía la demanda, ya Google parecía tener la solución.

Y así, en apenas una década, Google transformó la red. Hoy, si usted quiere saber cuál uniforme de karate es el más barato en el mundo, usa el buscador llamado Product Search y le aparecen las fotos y los precios de todos los uniformes a la venta para que compare y decida. Si su problema es de exceso de correo o de fotos de tamaño demasiado grande, Gmail no sólo ofrece un correo gratuito con capacidad en permanente aumento, sino que además le permite organizarlo. Si resulta que usted es un diseñador, pues acude a Sketch Up, una herramienta para hacer modelos en tercera dimensión con una facilidad que descresta a cualquiera.

Y la lista sigue. Si no quiere que se le borren los documentos, puede archivar hojas de cálculo, textos, imágenes y casi todo en la red con la misma contraseña de su correo, sin usar la capacidad de almacenamiento de su computador personal. Si busca una agenda, puede registrar cada actividad que realizará con más rapidez que en un teléfono personal. Si quiere seguir las noticias que le interesan, existe la herramienta. Si quiere organizar fácilmente sus fotos y hasta arreglarlas en forma rápida, cuenta con Picasa.

Si su propósito es decir algo sobre una página, añade comentarios con Sidewiki. Si quiere leer libros, está Google Books, que aunque disparó todas las alarmas del mundo editorial, ya llegó a un acuerdo pionero con escritores y editores que garantiza leer partes de los textos y saber de inmediato en qué lugar cerca de su casa comprar el libro.

Si la idea es buscar videos, Google ya es el dueño de Youtube, el buscador de videos más popular del mundo. Y si el tema es de comunicación, está la herramienta Talk, que permite charlar con más facilidad que nunca antes. Y la lista sigue con las posibilidades de crear páginas propias, formar grupos virtuales o ubicar una dirección en cualquier lugar del mundo y saber cómo llegar allá desde su propia casa. Este buscador comprendió primero que todos sus competidores cuáles eran las necesidades de los usuarios y se encargó de desarrollarlas, ya fuera para los que buscan imágenes para ilustrar un diseño, los que quieren alertas sobre la aparición inmediata de una noticia en curso o los que necesitan traducir páginas completas del ruso o del tailandés al español en cuestión de un segundo.

Lo más interesante es que en sólo doce años la empresa pasó de contar con dos personas a tener veintidós mil trabajadores, a cotizar en la bolsa Nasdaq y a ser considerada desde 2007 como la marca más valiosa del mundo por encima de clásicos como Coca-Cola o Microsoft. Además, se amplió a más de cien idiomas, algo que resulta vital en un momento en que las búsquedas en inglés pasaron de un dominio del 74 por ciento a un promedio de apenas un 45 por ciento.

Asimismo está desarrollando aplicaciones que podrían cambiar el mundo. Entre las más conocidas se encuentra Android, un sistema operativo para teléfonos celulares que ya cuenta con más de cien mil aplicaciones y que se convirtió este año en el más vendido en Estados Unidos, pues viene con el plus de Google: todo gratis y códigos abiertos. Pero además, se encuentra trabajando en cosas que nadie habría pensado, como subir a la red la imagen digital de los 930 rollos del Mar Muerto; lanzar los computadores personales más baratos del mercado, a tan sólo cien dólares, destinados a gobiernos y fundaciones para que sean entregados a los niños en las escuelas de todo el mundo; crear un nuevo sistema operativo que les haga competencia a los monopolios actuales; presentar en un par de años un sistema que permita que los autos se manejen solos; crear un sistema de búsqueda por voz; mostrar los resultados de la televisión, un medio que no se ha podido ordenar para que la gente encuentre lo que busca a la hora en que lo requiera; hacer pagos vía celular para reemplazar por siempre las tarjetas de crédito; expandir el software libre para que Internet se abra a todos, y al mismo tiempo crear nuevas formas de publicidad para que las empresas obtengan ganancias significativas en la red a través de los motores de búsqueda.

Por si fuera poco, su ampliación continúa. Hoy en día buena parte del mundo es retratado por cámaras cada diez o veinte metros, y las imágenes son unidas para crear imágenes panorámicas. Si usted busca una calle ya no sólo encuentra el mapa, sino que también puede recorrerla de principio a fin para tener una imagen real de ella.

Todo lo mencionado, en apenas una década. Lo que convierte a esta empresa virtual en la reina de la primera década del nuevo siglo y en la verdad materializada de que cada vez más todo se conseguirá a través de la nube virtual. Pronto, la expresión clásica de buscar una aguja en un pajar cambiará para hablar de buscarla en la nube… por Google.

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