La ciudad de la alegría

Orlando necesita, como mínimo, diez días para disfrutarlo a pleno. E igual sigue siendo necesario volver para conocer la propuesta de diversión, gastronomía y de lujo en la ciudad más turística del mundo.

Con un ligero temor me subo al Audi R8, un superdeportivo capaz de acelerar de 0 a 100 kms/h en cuatro segundos, y me enfundo el casco. La Experiencia de Conducción Exótica Richard Petty, la recién inaugurada atracción de Disney World, se parece poco al concepto del parque más famoso del mundo, pero de eso se trata: de conocer sus opciones fuera de lo común y, de paso, afrontar la experiencia de subirse a un auto de velocidad con un piloto de carreras al timón. Cuando el vehículo sale disparado, la presión en el rostro por la fuerza de la aceleración alcanza su punto máximo a los 200 km/h, y todo ello me hace entender que ese susto y tal adrenalina no volverá a suceder en mi vida. Eso, exactamente, es lo que ofrece Orlando. No solo ahí. En todas partes.

Porque luego de descender del auto me espera una montaña rusa llamada Expedición Everest, dentro de Animal Kingdom, que se descuelga en reversa. Valen todos los gritos de los pasajeros y la emoción de recorrer un parque que imita a África y permite hacer un safari real. Al igual que se justifican los riesgos que ofrece su parque más cercano, Hollywood Studios, en el que las caídas verticales de la Torre del Terror y la experiencia de montar una montaña rusa a oscuras en Rock’n Roller Coaster son tan cercanas a lo extremo como cercana a la felicidad es Toy Story Mania!, un juego en 3D a bordo de un vehículo que permite divertirse con la inocencia de la infancia recobrada.

Lo extremo es más extremo en los parques vecinos Islands of Adventure y Universal Studios. Allí, la montaña rusa Hulk me lanza a la misma velocidad que alcanzaría un cohete en su viaje al espacio. La sensación de pasar de 0 a 65 km/h en dos segundos impide siquiera el instinto de gritar. Es brutal. Por eso está entre las diez mejores del mundo. Un simulador en 4D de Spider-Man demuestra lo lejos que puede llegar la tecnología: caídas, saltos, precipicios, fuego y agua son percibidas como reales. El set de Harry Potter emociona a sus seguidores y la montaña rusa Rip Ride Rocket lo sube a uno a noventa grados y lo arroja –con rock a todo volumen– a la sensación más pura de caída libre (si algo hay de puro en ello).

Cuando es hora de detenerse, lo ideal es Discovery Cove, un oasis en medio de la ciudad que permite nadar con mantarrayas, interactuar con delfines y hacer una experiencia de inmersión con escafandra. Sin duda, el lugar más bello en Orlando. Todo viene incluido en el precio, hasta la comida y el beso del delfín para la foto. Es el más costoso, sí, pero a la vez inolvidable. Casi tanto como el clásico Sea World, que ha llevado muy alto el nivel de sus espectáculos, acerca a la gente a la fauna marina con conciencia ambiental y tiene en su montaña rusa Manta un hito, ya uno sobrevuela el parque acostado como mantarraya. También seduce Busch Gardens, enTampa, el lugar que mejor se combina la diversión extrema y la posibilidad de ver la fauna africana a un palmo de distancia.

Hay que madrugar para sobrevolar la ciudad a bordo de un globo. Elevarse cuando aún el clima está tibio es una experiencia que conmueve. Si el clima no permite el viaje, está la posibilidad de hacer paracaidismo a puerta cerrada en iFly. Para los que buscan regalos es ideal hacer compras enOrlando Premium Outlet, un espacio que tarda casi un día en recorrerse, y pasar por Mall at Millenia, un bellísimo centro comercial que mezcla el lujo y las ofertas reales.

Para recorrer Orlando se necesitarían 62 épicas jornadas sin descanso. Solo en materia hotelera recibe 51 millones de personas al año, algunas de ellas en hoteles de lujo como el Rosen Shingle Creek Hotel, el más impresionante de todos, con cien salones de reuniones, uno de ellos habilitado para recibir a 10.000 personas, además de tener el spa más renombrado y un campo de golf de 18 hoyos. En materia gastronómica las opciones son tan variadas que es difícil elegir: van desde Prato, en Park Ave., con preparaciones italianas seductoras, hasta Fogo de Chao, un rodizio cuyas carnes superan a las brasileñas, pasando por los mismos parques, como Mythos, en Universal Studios, los lujosos restaurantes de Epcot Center y el Brown Derby, en Hollywood Studios.

El remate es una joya de la que nadie habla: Winter Park, al norte de Orlando, un lugar con mesas en las calles, tiendas, y sin el frenetismo de los parques. Apenas justo para detenerse y entender que lo mejor de haber estado en Orlando es haber roto con los esquemas de ser adulto y haberse dado un espacio para la simple y pura diversión.

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