Panamá, ¿la Dubai de Latinoamérica?

Blanca y ligera, con una arquitectura donde cada día dominan el paisaje nuevos íconos, Ciudad de Panamá flota sobre el Pacífico y crece apresuradamente con obras que aceleran su transformación.

Esta ciudad, con su silueta de torres blancas que adornan las curvas de la costa, como una mujer en plena flor de la vida, se acicala cada día con nuevos vestidos y joyas para atraer a la fila de pretendientes que quieren poseer un pedacito de su asombrosa vista sobre el Pacífico.

Joven y moderna, contemporánea y en evolución, se percibe atractiva y vibrante desde sus calles calurosas y autopistas onduladas. Es un ser vivo que se transforma y se ensancha para alojar tanto a sus moradores de siempre como a los inmigrantes que llegan por bandadas atraídos por las oportunidades de una economía en pleno auge y el mágico placer de vivir frente al mar.

Su cara es la fachada de edificios blancos que bordean la bahía, sus ojos miran hacia el mar desde los cada vez más altos rascacielos de vidrios azules. Su boca es la entrada al Canal y sus brazos se arquean en los puentes Centenario y de Las Américas para conectar no sólo la ciudad con las hermosas playas del Pacífico, sino todo el continente descubierto por Colón. Su cuerpo de torso delgado se extiende hacia el centro de la ciudad; sus principales arterias, la Calle 50 y la Vía España, irrigan sangre y movimiento a su corazón ubicado en el área bancaria y los centros de oficinas. Sobre sus caderas se expanden numerosos complejos comerciales y empresariales; y sus piernas, que suben y bajan por verdes colinas, se estiran hacia el norte en numerosos barrios residenciales, y hacia el este en dirección al aeropuerto de Tocumen.

Panamá no es un nombre femenino o masculino, en la lengua de los indígenas que encontraron los españoles significa “abundancia de peces, mariposas y árboles”. Una abundancia que hoy, casi 500 años después, aún sobrecoge los sentidos. Al verla desde el avión, Ciudad de Panamá se revela como una metrópoli de moderna arquitectura con sus filas de torres blancas, bañada por el azul Pacífico y enmarcada por verdes bosques tropicales.
La abundancia también está presente en la ciudad, no sólo en la sensación de prosperidad que transmiten sus modernos edificios y nuevos íconos arquitectónicos que se alzan altivos sobre el paisaje, sino por la cantidad de idiomas, acentos, estilos, culturas, mercancías, y oportunidades que hacen de esta ciudad una criatura que palpita y se desarrolla a un ritmo cada día más rápido.

Aloja a 1,4 millones de habitantes y su Canal es un imán que desde tiempos de los conquistadores atrae comercio y viajeros de todos los rincones del globo, muchos de ellos vinieron para quedarse, otros sólo de paso pero dejaron su huella en esta urbe en constante cambio y crecimiento.
La arquitectura de la ciudad está pintada de influencias española, francesa, norteamericana y caribeña, y más recientemente por las corrientes de la arquitectura contemporánea. “Los cambios más vertiginosos en la ciudad se han dado en los últimos diez o quizás en los últimos seis años”, dice el arquitecto Ignacio Mallol Tamayo, cuya firma Mallol & Mallol ha sido protagonista de esta transformación.

Tras el fin de la dictadura de Noriega, en los años noventa el auge económico y la estabilidad política favorecen la llegada de inversionistas de Colombia, Venezuela, España, México y varios países centroamericanos con capitales significativos para la finca raíz. Comienza así un boom inmobiliario que no se detiene y ha traído mejoras a la ciudad y a la calidad de sus construcciones.  Mallol percibe a Panamá como “una ciudad blanca, de silueta ligera, muy vertical, que crece y se desarrolla con la tendencia a ver el mar”. Y es que en realidad aquí no existe temor a las alturas, mientras más arriba, mejor, y lo que primero se vende son los pisos más altos de los edificios.

Para Álvaro Uribe, arquitecto y catedrático de la Universidad de Panamá, esta tendencia hacia lo vertical también ha sido fomentada por las laxas normas de construcción. “Sin mayores regulaciones para el desarrollo urbano, se han permitido alturas sin más límites que los que impone la tecnología.”
Actualmente los edificios promedian los 50 pisos y prima la tendencia a dominar la ciudad desde las alturas. Cada nueva torre busca fijarse como un símbolo en el horizonte, hasta cuando llegue otra más alta o vistosa que le arrebate el protagonismo.

La Torre Trump, con su forma de vela de barco; la Revolution Tower (F&F Tower), con un diseño futurista en forma de espiral, y los hoteles RIU y Megápolis son algunos de los íconos que han aparecido en el paisaje urbano en los dos últimos años.
Otras construcciones que prometen dejar huella son la Torre Financiera y el Biomuseo. La primera albergará oficinas gubernamentales y su diseño fue adjudicado por concurso a Mallol & Mallol. Aunque su ubicación aún está por definirse, sería la torre más alta de Latinoamérica, conformada por dos edificios que se juntan en el centro y un mirador público a 320 metros de altura.

Otra emblemática estructura que ya sobresale a la entrada del Canal en Amador, es el Museo de la Biodiversidad, obra del arquitecto canadiense Frank Ghery, creador de íconos mundiales como el Museo Guggenheim de Bilbao y la Sala de Conciertos Walt Disney de Los Ángeles.

El Biomuseo “Puente de Vida” es la primera obra de Ghery en Latinoamérica y aunque aún en construcción ya está abierto para visitas. Su silueta de coloridos techos metálicos llenos de movimiento alojará exhibiciones para la abundancia natural del istmo. La estructura, que desde el aire asemejará a un papagayo en vuelo, estará integrada dentro de un parque botánico que desplegará especies nativas panameñas.
El futuro

En Panamá primero se dio el desarrollo inmobiliario y apenas ahora se está construyendo la infraestructura para hacerlo sostenible, explica el arquitecto Uribe. Los mayores retos son la incorporación de conceptos de bienestar, urbanismo, movilidad, zonas verdes y espacios públicos.
El desarrollo del metro, ahora en construcción y cuyo funcionamiento está programado para el 2014, será clave para la transformación urbana. Para el arquitecto Juan Manuel Vásquez, director de Obras del Municipio de Panamá, los grandes polos de crecimiento estarán a lo largo de la línea del metro, las estaciones exigirán la creación de espacios peatonales y a su alrededor surgirán puntos de encuentro, centros comerciales, empresariales y residenciales.

Otros polos de desarrollo estarán ligados a los centros de logística internacional. Hacia el este, cerca del aeropuerto de Tocumen, se encuentra en la fase inicial el megaproyecto Panatropolis, concebido como una ciudad aeroportuaria con complejos comerciales, industriales y residenciales; y al oeste, cerca del Canal, en la antigua base militar de Howard crece Panamá Pacífico, otro gran proyecto de similares características.

Algunas de los proyectos bandera del presidente Martinelli que ya están en curso, además del metro y el sistema alimentador Metro Bus, incluyen la Torre Financiera, la Ciudad Hospitalaria, y la ampliación de la principal arteria de la ciudad, la Cinta Costera. Estas obras, sumadas a la ampliación del Canal, del aeropuerto de Tocumen, de las autopistas o corredores Norte y Sur y el desarrollo de ciudadelas en islas frente a la bahía, auguran transformaciones aún más rápidas y drásticas.
Hay quienes vislumbran a Ciudad de Panamá como la Singapur o la Dubái latinoamericana, no cabe duda de que esta urbe no se compara con ninguna en el continente. Su ubicación hará que cada día continúe convirtiéndose en un polo más global y cosmopolita sin perder su característico sabor local y tropical.

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