Música para abrir el apetito

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Música y comida es el tema de suena: canciones que le cantan a la comida y platos que inspiran canciones.

Publicado originalmente en Revista Diners de marzo 2013

¡AZÚCAR! Gritó en la mágica noche Úrsula Hilaria Celia de la Caridad Cruz Alfonso de la Santísima Trinidad, a lo que le respondió treinta años antes Ignacio Piñeiro cuando en 1930 en un tren a Chicago, nostálgico de su olla cubana, escribió:

Congo miró embullecido
Su butifarra olorosa,
Son las más ricas, sabrosas,
Las que en mi Cuba he comido
Échale salsita, échale salsita

Y en qué estaba pensando Fajardo (el de Fajardo y sus Estrellas) cuando compuso:

Olga la tamalera, cocina que se pasó
Te los vende con Pimienta
Y el que los prueba se come dos

La comida es parte importante de la cultura en cualquier parte del mundo y al igual que la música crea y replica los sentires y los sabores. Se le canta a la comida desde la siembra, en los ritos de bendición de las cosechas y en las siguientes celebraciones.

Piénsese también en los cantos de vaquería en los llanos orientales o en las sabanas del antiguo Bolívar grande, y en los worksongs en las plantaciones cercanas al Mississippi. Hay músicas que acompañan la actividad cotidiana de la gente cuando corta y pela los ingredientes. Hay música en la sonido del agua al hervir, del aceite al freír, se escucha en el guiso cuando brinca gustoso en la sartén, en el clang tang que las sartenes y las cucharas cantan al chocar, develando que los recipientes están cargados de músicas, verdaderos instrumentos del sabor, alegrándonos con sus irrepetibles sonidos que se escuchan todos los días y que están ahí para hacernos gozar de su sabor y su salsa sin que apenas nos demos cuenta.

Quimbombó que resbala pa’ la yuca seca
qué sabroso el quimbombó
cocinado con harina
con camaroncitos secos
y con carne de gallina

El quimbombó es una fanerógama tropical de fruto comestible, originaria de África y perteneciente a la familia de las malváceas, a lo que Héctor Lavoe añade:

¡Eh! qué rico está para bailar
Quimbombó tiene, que tiene, tiene guarará

Y para rematar se le llama Salsa a todo aquel ritmo que se cocina en el fogón afro caribeño.

Ahora, si no queremos buscar más lejos, acompañémonos de un delicioso arroz con coco a la Lucho Bermúdez, arroz con coco, ay en la costa me vuelve loco, y sentémonos más tarde con Diomedes, yo comí sancocho e pavo ¿y tú?, periquito con arroz; ¿y de postre? Un arroz con leche me quiero casar con una señorita que sepa abrir la puerta para ir a jugar.

Sin duda sonido, armonía, ritmo y melodía, adobos, guisos y golosinas son manifestaciones de artes que por momentos se encuentran en la cocina, y han ido pasando de generación en generación como magia en encantadoras sazones y canciones las cuales con gracia revuelven lo indígena, lo españolizante y lo negroide. Por eso hablamos de la belleza de la música de las palabras atenientes al fogón, porque tienen una melodía y un encantamiento particular y por eso decimos sin más, hay que saborearlas. Y para nadie es un secreto que ambas artes son sociales en esencia, ambas son para el disfrute de muchos*.

*Lácydes Moreno, el sibarita culto, inspiró todo lo que se ha dicho aquí.

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