París visto desde sus calles y su arquitectura

Una lectora de Revistadiners.com.co relata su viaje a París desde su mirada como arquitecta. Un viaje que la maravilló por la vida social en los espacios públicos de la ciudad.

El año pasado me fui a hacer un taller de arquitectura a Europa. Me pareció un muy buen plan, teniendo en cuenta que no solo era la primera vez que viajaba al antiguo continente, sino que además el taller se prestaba para conocer mucho mejor las ciudades que visitáramos.

Una de esas ciudades fue París, que realmente me dejó impresionada pues es una ciudad monumental, hermosa. Yo estaba fascinada por sus edificios, su comida, el ambiente que había en cada esquina.

Sin embargo, mi formación como arquitecta, y el taller mismo, me permitieron reconocer la ciudad desde la parte histórica. Me di cuenta que es una ciudad que sabe hacia dónde va y, por eso, su atractivo radica en ser auténtica, porque ha tenido plena conciencia de su territorio y de su historia, lo reconoce y se apropia de ello, sin perder contacto con la vida contemporánea.

A pesar de ser una ciudad con un nivel de densidad elevado, la calidad de vida se mantiene gracias a que en los últimos años ha ido implementando políticas urbanas muy claras con la intención de resaltar el valor de cada uno de sus espacios.
La vivienda, generalmente un espacio reducido, se considera un refugio, un lugar íntimo, de encuentro familiar, mientras que los espacios exteriores – la calle, los parques, las fuentes, los mercados, etc. – son los que se prestan para realizar todo tipo de encuentros sociales. Es donde predomina la actividad y donde se define la vida de la cuidad.

A simple vista, uno podría pensar que el único punto de contacto directo, donde existe la posibilidad de mezclar la actividad y la relación entre el espacio exterior y el refugio de la vivienda, es la Rez-de-Chaussée, lugar comercial por excelencia.
Sin embargo, cuando uno realmente empieza a ver la ciudad, entiende que el contacto se da en diferentes niveles o capas, no solo como peatón sino como espectador.

Y es que eso está sucediendo desde tiempo atrás, con el Barón Haussmann – 1852 a 1870 -, cuando el diseño del edificio estaba pensado desde la cuidad y su relación, y no desde el edificio mismo. Entonces en la construcción encontramos las herramientas con las que podemos ser partícipes de esa apropiación, con un diseño de fachada particular, que además contribuye con la vida de la sociedad francesa de la época: Los Balcones, y su encanto para generar clase y altura a sus habitantes, la posibilidad de mostrarse y ser visto.
La posibilidad también de apropiarse del exterior, sin necesidad de salir de su refugio.

Lo curioso de todo esto es que en esa época solo los balcones de 2° y 3° piso eran los más distinguidos, los más amplios además, donde vivía la gente noble, mientras que a medida que aumentaba el número de piso, iba disminuyendo el grado de nobleza, hasta llegar a la buhardilla, habitación de la servidumbre.

Hoy en día, aunque los balcones nos brindan unas cualidades que van más allá de la vanidad, beneficios como ventilación, iluminación, etc., su gran encanto es y será esa capacidad de prolongar el interior para conectarse al exterior y encontrarnos con la cuidad en otro nivel.

En la actualidad, esa necesidad de contacto con el exterior ha sido satisfecha a medida que los parques han tomado protagonismo dentro de las políticas urbanas.
Es así como en 1982 se lanza un concurso que busca la renovación urbana de un sector de la ciudad bastante deteriorado como lo era el Matadero y el Mercado de ganado de la ciudad: el diseño del parque de la Villette. Hoy es el segundo espacio verde más grande de la ciudad, del que los habitantes se apropian durante el verano, o los fines de semana; lleno de actividades culturales.

Otro ejemplo de renovación urbana es el Parque André Citröen, inaugurado en 1992; es la recuperación del sector donde inicialmente se encontraba la fábrica de carros de la misma marca. Un lugar perfecto para descansar, y si las condiciones lo permiten, hasta darse un refrescante baño en las fuentes de la plaza principal.

Es que hoy no es raro ver al mediodía a un grupo de ejecutivos saliendo de un supermercado, rumbo al parque más cercano, con todos los preparativos para hacer un picnic. O a un grupo de amigos en pleno verano, trabajando en su bronceado en alguno de los prados del parque Citroen.

Esa es realmente la vida de esa ciudad, la vida que se apropia del espacio público y lo hace suyo, bien sea dominando el panorama desde la comodidad del balcón de su casa, o durante la hora del almuerzo haciendo picnic en algún parque.

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