Mal de archivo, la obra más representativa en ArtBo 2011

Eduard Moreno quiso, a través de su obra, exorcizar el dolor por la muerte de un amigo y a la vez esculcar entre la manía humana de guardarlo todo. La historia de Mal de archivo.

Archivo. Muerte. Pérdida. Memoria. Ausencia. Santidad. Olvido. Todo en la misma obra: Mal de archivo. Son unas impresiones de punto continuas en papel carbón, con las imágenes tatuadas de hombres que visten mantos y dan la espalda. Al ojo del espectador desprevenido, algo sencillo. Pero como todas las obras, carga su historia. La de Eduard Moreno, el autor, es de duelo. Uno de sus amigos acababa de morir y él sentía la necesidad, no solo de dedicarle este trabajo, sino de exorcizar su dolor. A esto se le juntaron varios aspectos en una misma línea que lo llevaron a su obra.

El primero: la lectura del libro del que tomó el nombre para su trabajo: Mal de archivo de Jacques Derrida, que habla de esa costumbre humana de guardarlo todo y luego olvidar quién y para qué lo guardó.
Lo segundo: un recorrido por iglesias de Bogotá como la del barrio Los Mártires o la de Egipto, entre otras, que lo llevó a descubrir la ausencia de santos que estaban archivados en el olvido de las sacristías heladas. ¿La razón? Porque ven el sol solo en Semana Santa; también por la amenaza de la delincuencia o, simplemente, porque ya no están de moda. De nuevo el concepto de archivar. Y ahora se unían las estatuas olvidadas a la sensación de abandono espiritual ante la muerte de su amigo.

Lo tercero: hace siete años Eduard trabajó como profesor de papel hecho a mano en donde conoció las bondades del carboncillo, un material que no se puede reciclar y que ahora, debido a la tecnología, pasó al olvido. Entonces, ante la imposibilidad de trabajar con él, lo guardó por si algún día hacía falta. Otra vez, archivo y olvido.

Tomó todos sus elementos: el archivo, la muerte, la pérdida, la memoria, la ausencia, la santidad, el olvido y creó Mal de archivo, ganadora como la obra más representativa ArtBo 2011, y que además fue comprada por la Fundación Cisneros para su colección, la más importante de arte latinoamericano del momento.
Pero antes de tantos reconocimientos, la obra parecía destinada a archivarse. Había sido expuesta por la galería Mundo, que para ArtBo decidió presentarse con un trabajo en homenaje a su director; así que dos o tres meses antes de la inauguración del evento de arte más importante del país, Eduard no tenía en dónde exponer.

Recurrió a su amigo Klauss Steinmetz, director de la galería costarricense que lleva su nombre y con quien nunca había podido trabajar. Klauss le ofreció un espacio, pero no consideraba tenerlo como trabajo principal. Solo dos o tres días antes del comienzo de la feria visitó el estudio del artista y cuando vio la obra cambió completamente sus planes y decidió dedicarle la pared principal del stand.

“A la gente le cuesta entender que una galería de Costa Rica le dé la vitrina a un artista colombiano con diez premios encima. Pero para mí hay que darle crédito a quien lo merece y lo importante es que no hay nacionalidad, sino una sensibilidad en común”, dice Steinmetz. Es la primera vez que trabaja con Moreno y, sin duda, fue un comenzar con pie derecho. “La relación entre un artista y un galerista es como un matrimonio: si llueve nos mojamos juntos, si hay bonanza los dos tomamos champaña y comemos langosta”, dice. Parece entonces que para los dos llegó el tiempo de ordenar el mejor plato.

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