Chocó, una mujer de segunda mano

En agosto llega a las salas de cine la ópera prima del colombiano Johnny Hendrix Hinestroza, titulada Chocó, que pone al espectador frente a la realidad de la región más olvidada de Colombia.

Los alabaos –esos intensos y desgarradores cantos fúnebres del Pacífico colombiano– copan los primeros minutos de la cinta y confieren de entrada un poder a la película colombiana que será, sin duda, su gran potencial de principio a fin.

Porque eso que representan los alabaos es lo que pretende ser esta cinta: un homenaje al departamento más olvidado del país, personificado en el cuerpo de una mujer, pero también una especie de canto desgarrador sobre un departamento que se duele y no sabe cómo sobrevive a pesar del olvido nacional.

Chocó, del director colombiano Johnny Hendrix Hinestroza (lea el perfil del director) y Antorcha Films, es la cinta de una mujer bautizada como el departamento, Chocó (Karent Hinestroza), que debe sobrevivir, conseguir trabajo, soportar los golpes y el deseo de su marido borracho, sacar adelante a sus hijos, cocinar, solucionar los problemas de la casa y buscar dinero para la torta de cumpleaños de su hija. En resumen, la vida de una mujer que es al mismo tiempo la vida de millones de mujeres, y sobre todo la de las mujeres afrocolombianas del Pacífico, y en este caso las del departamento del Chocó. Mujeres luchadoras que son los verdaderos motores de sus hogares pero que sin embargo son vistas y tratadas como objetos de segunda mano.

Eso es lo más valioso de Chocó, la película que representó a Colombia en el pasado Festival de Cine de Berlín y ganó el premio del público en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias.

Esa realidad mostrada con la sinceridad de un documental, y la manera en que cuenta la situación de un departamento entero a través de una sola mujer. Y también, por supuesto, ese ritmo de alabao que impregna toda la cinta y parece un canto fúnebre que sin embargo está cargado de vitalidad, ritmo y vida.

El problema está en la ejecución de una propuesta que podría ser bella. Porque de la intención al guión hay un largo trecho, y esa es la debilidad de la historia: no se siente que haya una historia sólida, no es posible crear empatía con los personajes y no se desarrollan a fondo los caracteres de ninguno de ellos, ni siquiera de Chocó, la protagonista, y en quien se centra toda la historia. Y es una lástima: porque la cinta tenía todo para enamorar, pero se queda en lo anecdótico.

Porque eso es lo que uno termina sintiendo cuando sale. Que vio fragmentos de unas vidas que no se ligaron a la de uno. Y eso es lo que menos debía de suceder con una película que pretende reconciliarnos con un departamento olvidado. No debíamos olvidarla pronto. Debíamos amarla o sentirnos impulsados a volver a mirarla. A no olvidarla. A que se nos quedara grabada en la retina.

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