Festival de Cine de Cartagena: 365 días de trabajo para seis días de cine

Son 300 personas las que trabajan detrás del montaje para los seis días Festival de Cine de Cartagena, que cuestan 6 mil millones de pesos. La historia detrás del FICCI.

Hace un año, cuando Mónika Wagenberg aceptó ser la directora del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, FICCI, un periodista le preguntó por qué había aceptado semejante “chicharrón”. Ahora que le pregunto sobre su labor titánica dice que prefiere ese término al primero, porque tiene una connotación negativa y “no queremos que se nos hunda este barco”, dice sonriendo bajo un árbol que le da sombra frente a la sede del Festival, donde entra y sale gente en un hervidero de afán, por la víspera del evento de cine más importante del país.

Sin embargo, Mónika ha resultado buena capitana y aunque no niega su ansiedad por las altas expectativas, habla y camina con la tranquilidad de un carácter sereno. En la segunda versión bajo su directriz, el Festival parece ir recuperando el esplendor de otras épocas, luego de amenazas de bancarrota, mala calidad en las proyecciones, desorganización, entre otras dificultades.

Esta colombiana vive en Cartagena durante enero, febrero y algunos días de marzo. Luego regresa a Nueva York, en donde vive desde hace varios años; aunque apenas desocupa las maletas debe volver a empacarlas, pues en abril viaja al festival de cine de Buenos Aires, en mayo está en Cannes en Francia, en septiembre en Toronto, pasa por San Sebastián y luego va al de Río de Janeiro, claro asiste al de Nueva York. A todos ellos va en busca de las mejores cintas para seleccionarlas  y traerlas a Colombia. Así es su trabajo.

Cada vez que llama a los invitados, figuras que están este año entre Álex de la Iglesia, Gael García e Isabella Rosellini, siente verdadero interés por conocer el cine que se está haciendo en el país: “Desde el año pasado quise convertir el Festival en plataforma para el cine nacional y pensé que se iba a lograr en 5 años, pero lo logramos en un año y me siento orgullosa, porque este año tenemos 13 películas nacionales -que eso ya es muy bueno- y, además, casi todas son estrenos internacionales”.

Las películas se ven en una sección del FICCI que se conoce como Colombia al 100%, con presentaciones en el Centro de Convenciones y conversatorios con los directores. A diferencia de los años anteriores, las películas que se exhiben pasan por una curaduría previa, lo que le da seriedad ante los invitados y seleccionadores de eventos internacionales.
El evento de los 6 mil millones

Mientras Mónika recorre el mundo para crear una programación atractiva para el Festival, Lina Rodríguez, la gerente, sale con su maleta a “cazar” patrocinadores, presentarse a convocatorias, programas y proyectos que le permitan captar recursos. Dice que hacer el Festival cuesta 6 mil millones de pesos. Le pregunto si esa cifra incluye el trabajo de la Fundación durante todo el año: “No. Solo los seis días del Festival. A veces dar una cifra puede sonar fácil, pero salir a conseguirla es quijotesco”. No lo dudo. Jamás se me pasaría por la cabeza que obtener esa cifra sea sencillo. Con ese dinero pagan el viaje en primera clase, estadía, traslados y alimentación de los 150 invitados, las salas, los eventos públicos que son gratuitos incluidas seis salas de Cine Colombia en el centro comercial Caribe Plaza y, por supuesto, los salarios de las 300 personas que participan en el montaje del evento cuatro meses antes de su apertura. Normalmente durante el año son siete empleados.

La planeación del FICCI comienza inmediatamente después de la clausura de cada versión anual. Es el momento para el cierre contable, auditorías internas y externas de los recursos públicos y privados. En abril sucede una asamblea de 40 miembros en la que se hace un balance de lo que acaba de cerrar. De mayo a junio se organiza la planeación estratégica de la próxima versión y en julio, Lina y su equipo salen a vender el proyecto, que en Cartagena compite con los otros dos eventos culturales que abren el año: Festival de Música y el Hay Festival, que comparten patrocinadores. Además, dice la gerente, “los proyectos de educación y medio ambiente llevan la ventaja en las áreas de responsabilidad social de la mayoría de las empresas. Aún son pocas las que se meten de lleno con el tema de la cultura”.

Por esa tarea para conseguir recursos, Lina dice que le apuestan a invitar talentos y no grandes estrellas. “Podríamos traer a Angelina Jolie, pero no tenemos los 300 millones de pesos que cuesta un avión desde Los Ángeles. Si una persona nos hace exigencias de ese tipo, simplemente no viene, porque nuestro evento no tiene esas pretensiones”.

Durante el año hay conversatorios, exhibiciones, alianzas con universidad que le permiten a la Fundación estar vigente durante todo el año, mientras Mónika, Lina y su equipo siguen moviendo la rueda para que el Festival llegue sin tropiezos a una nueva versión.
Lo que se verá

Además de las proyecciones de cine colombiano como Porfirio Chocó que abren el evento, podrán verse películas como La chispa de la vida, de Álex de la Iglesia, uno de los invitados especiales, un homenaje a Isabella Rosellini, pues Mónika ha querido cambiar la tradición del país invitado para concentrarse en el trabajo de un personaje que, a su parecer, le da mayor posibilidad al espectador de profundizar en un tema, que rotular diez películas bajo el código de cinematografía nacional.

Cinco razones para no perderse el FICCI

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