¿Por qué queremos ver Orange is the new black?

Se estrenó la cuarta temporada de Orange is the New Black en Netflix. Póngase al día con esta detallada guía.

Publicado originalmente en junio de 2013

 

Tal vez, luego del ruido de la novedad, sea el momento indicado para hablar con calma de los aciertos de la misma.

Una de las reacciones recurrentes acerca de la adaptación de un libro al cine o la televisión es la tendencia a creer que las adaptaciones nunca le darán la talla a la obra, que nunca serán acertadas o fieles. Sin embargo, el asunto de la fidelidad puede estar mal entendido en este caso y no sé si deba ser una exigencia que en realidad deba hacerse cuando hablamos del best seller de Kerman.

Precisamente, adaptar es hacer adecuado algo para un contexto diferente a ese en el que originalmente suele presentarse. En ese sentido, al hablar de Orange Is The New Black, podríamos decir que de hecho la adaptación supera en términos narrativos a la obra original que ciertamente —aunque se refiere a una experiencia de vida muy fuerte y nos muestra una gama de personajes complejos y diversos a partir del recuerdo de quien la narra—, tiene un ritmo lento y a pesar de las condiciones en las que se desarrollan los hechos mantiene una cierta calma a lo largo de la historia. El libro no presenta los grandes conflictos ni las situaciones extremas y vertiginosas que se ven en la serie y es a partir de aquellas transformaciones en la estructura y el tono que ésta logra enganchar al televidente.

Es así como nos internamos ya no con Piper Kerman sino con Piper Chapman (Taylor Schilling) en la prisión femenina federal de Litchfield, New York. Chapman ha llegado allí, luego de un proceso que se había dilatado durante varios meses, para pagar una condena por transportar dinero proveniente del tráfico de drogas, hace más de 10 años, por petición de su novia de juventud, Alex Vause (Laura Prepon). Por supuesto, Piper Chapman ya no es la chiquilla irresponsable que vivía de viaje por el mundo con su novia sin preguntarse de dónde salía el dinero; una nueva Piper, heterosexual, empresaria, blanca, culta y proveniente de una familia más bien tradicional, enfrenta este episodio del pasado y las consecuencias de sus actos sientiendo que la vida tranquila, la comodidad que había logrado construirse, se derrumba —y en efecto lo hace.

La dinámica de la serie es precisamente ese juego entre pasado y presente: Larry (Jason Biggs), el prometido paciente que esperará hasta que su rubia y delicada amada cumpla su condena vs. Alex, la exnovia “maligna” que cumple su sentencia por narcotráfico en la misma prisión. A través del uso de flashbacks el televidente va conociendo los antecedentes del conflicto central de la serie y la opinión que se había formado incialmente sobre la protagonista se va transformando con cada capítulo.

Hasta este punto podría ser una serie más, desarrollar un conflicto romántico a través de los recuerdos y las dificultades de una pareja que se ve separada por el pasado y demás recursos dramáticos frecuentes en las telenovelas. Lo que diferencia a Orange Is The New Black del motivo romántico tanto como de la violencia típica de las series carcelarias son los personajes secundarios.

La prisión a la que Chapman llega está atestada de personajes que como ella tuvieron una vida previa a su estancia en la misma, pero que a su vez son conscientes del presente en el que se encuentran y desde él establecen los rituales propios de la vida cotidiana y aman, sufren, se agrupan, se defienden, atacan, recuerdan, aprenden, ríen, odian, olvidan y celebran.

Es así como, entre el drama y la comedia, Orange Is The New Black logra señalar temas importantes en términos de género, corporalidad, raza y clase, que a veces no tienen espacio en el prime time sino siendo trivializados o pasados por el filtro del humor.

Con respecto a lo anterior, la serie no intenta mostrarnos a los personajes desde el lente del exotismo o la ridiculización sino que, de manera absolutamente natural y convincente, aborda el asunto de la convivencia en la prisión, sus dificultades y pequeñas alegrías.

Claro ejemplo de ello se encuentra en personajes como Sophia Burset, una convicta transgénero afroamericana interpretada por la actriz y activista trans Laverne Cox, quien en medio del conflicto familiar generado de su transformación, lucha por recibir su medicación, reducida por un recorte presupuestal y maneja la peluquería del lugar. Es también el caso de “Big Boo”, matona de la prisión, lesbiana, obesa, que cuida con total devoción y ternura a “Little Boo”, uno de los perros de la prisión, y simultáneamente es capaz de matar por cualquiera de sus esposas; es interpretada por la famosa comediante Lea DeLaria —una de las primeras artistas de stand-up comedy en declararse abiertamente homosexual— y activista LGBTI. Dos ejemplos de la lista que podría continuarse con una matrona de la mafia rusa que a su vez fuera una esposa sumisa y devota, una adicta a las metanfetaminas con poderes de sanación, y una anciana esclavista con corazón de oro, entre otras. También merecen especial consideración los funcionarios corruptos y prejuciosos de la prisión y los conflictos de los guardias, como en el caso del libidinoso George “Pornstache” Mendez (Pablo Schreiber).

Orange Is The New Black es producida por Jenji Kohan —responsable de la exitosa Weeds— y ha constituido un éxito rotundo para Netflix, recibiendo más reseñas favorables que sus dos productos principales: House of Cards, nominada a 9 premios Emmy, y la clásica Arrested Development. Lo anterior nos habla no solamente de la buena recepción de la serie sino del formato mismo de Netflix, que permite a los usuarios tener disponible toda la temporada, sin pautas y a nivel mundial, desde el día del lanzamiento, lo que responde a nuestra forma de ver televisión.

Articulos Relacionados

  • Detrás de la portada: septiembre y nuestro gran especial de yoga
  • Galería: ¿Quiere convertirse en un personaje de Pixar?
  • El regreso, el dolor y la melancolía representados en desnudos artísticos
  • 2036: Nexus Dawn, una ‘intercuela’ de Blade Runner