Raúl Platz, la esencia del jazz sencillo, pero no simple

El jazzista Raúl Platz presenta su primer disco “Si no hay 1 no hay 2”, con melodías sin pretensiones y un sonido inteligente que cumple su principal objetivo: dejarse disfrutar.

Si no hay 1 no hay 2. El 1 es la música y el 2 lo que queda de más. Por eso el músico Raúl Platz se aventuró a sacar sus composiciones del cajón para hacerlas canciones que no solo se quedaran en su mente, como le pasa a tantos amigos con talento que podrían tener un disco, pero sus acordes aún son letras guardadas.
Raúl buscó algunas composiciones que creó durante su estancia en Paris, se sentó al bajo, el instrumento que ha estudiado y ha tocado con grupos como Elefantes, Tico Arnedo, Óscar Acevedo o La banda sonora; también se puso al piano y empezó a darles forma.

Pero él solo no podría hacer un grupo completo, así que invitó a varios de sus amigos para que interpretaran sus composiciones, entre ellos a Gina Savino, que le dio voz a su jazz. “No son canciones como tal, sino una especie de pregón que literalmente no dice nada, pero pueden estar diciendo mucho”, dice Platz en una pequeña habitación de su apartamento que emplea como estudio.
Titánica es la tarea de hacer música independiente, pero este bogotano se le midió al reto y hace seis meses su trabajo se puede conseguir en varias discotiendas del país. Mientras tanto, él sigue en la promoción y sueña con la idea de que la gente le pierda el miedo al jazz como una música intelectual y compleja.

“Si no entiendes no hay 2”

En los años 30 el jazz en Estados Unidos era la música de baile, la melodía popular en las reuniones y salones de encuentro, hasta antes del nacimiento del rock and roll. Pero en los años 60 vinieron músicos que quisieron poner toda su destreza en las canciones y de alguna manera lo intelectualizaron al darle lenguajes progresivos y más complicados, que de alguna manera lo alejaron del común de la gente, hasta darle esa imagen de música reservada para unos pocos.
Dice Raúl Platz que él quiso hacer justamente lo contrario y es poner su destreza al servicio de melodías sencillas, que puedan escuchar y, sobre todo, disfrutar muchos.

“Hace unos años el sushi era una comida inalcanzable. Ahora se popularizó y se encuentra a la salida del teatro o en diversidad de restaurantes. Así puede ser el jazz, que se popularice sin perder su elegancia”, opina, consciente de que los jazzistas son más músicos underground que estrellas de rock.
“En Colombia estamos acostumbrados a escuchar siempre lo mismo, por la similitud del todo el menú musical. No está mal que la gente escuche vallenato o reguetón, sino que se puede dar la posibilidad de oír algo más. Yo les digo: pongan esto cuando estén en casa, algún día cocinando a ver si les gusta. Hay, por ejemplo, canciones de reguetón que me parecen divertidísimas. Es como comer fritanga, uno lo hace de vez en cuando los domingos, como también otros días son para tomar un buen whiskey”.

A pesar de la sencillez de sus canciones y los deseos de que se abra una puerta más amplia para el jazz en Colombia, Platz no le apuesta a coros pegachentos y movidas básicas para atraer masas, lo hace “a su manera”, lo que significa, sencillo, más no simple.

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