Palabras como un tango de Roberto Ampuero

Roberto Ampuero publica El último tango de Salvador Allende, libro que explora, a través de dos personajes de ficción, sentimientos reales del expresidente chileno en su momento más aciago.

Roberto Ampuero se propuso explorar la historia reciente de Chile a través de sus figuras más relevantes. Entre ellos, el expresidente Salvador Allende. Pero un mito político como este, está siempre en el ojo del huracán, aunque hayan pasado casi cuarenta años de su derrocamiento y muerte. No es para menos: el golpe de estado que lo tumbó causó una escisión en su país que marcó a toda una generación, frustró millares de sueños y provocó exilios forzosos.

Ampuero sabía que se metía en camisa de muchas varas al abordar el personaje de Allende. Por eso mismo decidió hacerlo. No solo porque él ha incursionado en la política, sino porque sentía que era su compromiso como escritor explorar el alma del exmandatario. En El último tango de Salvador Allende, intentó “entrar en la estructura de sus sentimientos, sus dudas, lo que tenía sentido para él, el amor, el desamor, la lealtad, los amigos. No es casual que al lanzamiento de la novela hayan asistido tanto los de centroderecha como los candidatos progresistas. Porque mi novela toca la figura del personaje sin incurrir en ataques políticos”, explica. En menos de una semana se convirtió en el libro más leído de Chile y en el más consultado acerca de Salvador Allende.

¿Cómo lo logró? “Con mucha investigación. El libro se alimenta de la exploración de textos, películas, documentales y versiones de personas que lo conocieron como amigo, vecino, así como de las historias de vida suyas, más que las que lo refieren como un político”.

Ampuero, antes de iniciar la novela, recorrió las casas en las que habitó Allende, desde La Moneda, las habitaciones en las que se mantenía, las oficinas, el sofá en el que el expresidente chileno se suicidó, su casa en Tomás Moro, que hoy es un asilo de ancianos “y representa, para mí –asegura– la pérdida de la memoria y el olvido”, y la casa del Cañaveral, donde escapaba para encontrarse con su amante. Luego de visitar los espacios y documentarse, le añadió la ficción. “Está lo verosímil, pero también, sobre esas capas de realidad, la ficción pura”.

Año y medio tardó Ampuero en escribir la novela. “Creo que la literatura puede hacer lo que no logra la historia ni el periodismo, que es basarse en la ficción para explorar al ser humano. Yo aprovecho para contar esa soledad del poder de Allende, cuando quedó solo y lo atacaron de todos lados, tanto los suyos que lo acusaban de reformista como los otros que lo consideraban un revolucionario”.

Y con ese argumento, qué novela se ha escrito Roberto Ampuero, ahora embajador de Chile en México. Qué novela.
Y qué gusto da leerlo, pasar las páginas de El último tango de Salvador Allende, e ir descubriendo, tres historias paralelas que son el retrato de un país y de una generación. Entre ellas, la de un agente estadounidense de la CIA que retorna a Chile años después de haber participado como espía y haber socavado información para derrocar al régimen socialista de Allende; solo que ahora retorna para realizar una investigación por su cuenta, encargada por su hija fallecida, en el mismo país que ella amaba mientras él buscaba desestabilizarlo.

Paralela va la historia de Rufino, un panadero que se queda sin provisiones y por casualidad resulta trabajando como cocinero del presidente chileno Salvador Allende, justo en los meses previos al golpe de estado que lo derrocó e instauró la dictadura de Augusto Pinochet con todas sus desapariciones y violaciones de derechos humanos. Y como telón de fondo, la figura principal del libro: Salvador Allende, un convencido de su causa que sin embargo ve cómo todos sus proyectos de un socialismo justo se le derrumban, y la izquierda, la derecha, Estados Unidos y hasta la Unión Soviética le dan la espalda y lo dejan solo en el confín del mundo, a merced de su intento de una sociedad justa, condenándolo a ser el mártir de una causa fallida.

En el libro, entretejido por tres personajes centrales, está también el trasfondo de un país como Chile, el retrato de una generación y las huellas que aún permanecen en sus habitantes. Y está Latinoamérica entera, con sus sueños acribillados, ideales rotos e historias frustradas por potencias ajenas y la propia inercia de sus ciudadanos. Y en medio de todo eso, Roberto Ampuero. Quien reconstruye a sus personajes para lograr en sus lectores sentirse en otros cuerpos. Como él mismo lo dice: “Con los libros somos Kurtz, Raskalnikov, Melquiades o Allende. No somos nosotros mismos sino muchos más”.

Reflexiones sueltas

“¿La ficción supera la realidad? Creo que más bien la complementa. Escribimos a partir de lo que otros han hecho, como Creta, que se construyó sobre las ruinas de lo que fue y con los años ha dado origen a lo moderno y a lo antiguo en un mismo espacio”.

“Siempre escrito. Un escritor siempre lleva una mochila y la usa para anotar temas que le sirven o no. Soy disciplinado porque me levanto a las 5:30 am y trabajo hasta las 8 30 am todos los días. En la tarde, reviso”.

“Escribir ficción es transpiración luego de un impulso de una idea motriz. A partir de ahí todo es perseverancia y disciplina”.

“La escritura creativa permite que mucha gente se confronte con la posibilidad de crear. Es la posibilidad de narrar que permite acercarse mejor a la literatura y a ver el amor por la palabra. La palabra forma”.

“Con la escritura me transformo. Exploro el mundo y aprendo. La vida puede ser más rica cuando uno la explora desde la fantasía. Uno está condenado a ver el mundo tal como es. Para eso es la imaginación: para escapar de la cárcel de nuestro cuerpo y de la realidad”.

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