José Manuel Ortega Fournier: el banquero del vino

O. Fournier es un grupo de bodegas y viñedos en España, Argentina y Chile, donde esta joven marca ha acumulado fama y prestigio.

Hace menos de doce años era una loca idea en la cabeza de un joven banquero de inversión.

Recién entraba el nuevo milenio y a sus escasos 32 años José Manuel Ortega Fournier tomó una decisión atrevida que dejó en estado de perplejidad y confusión a su grupo más cercano de familiares y amigos.

Como alto ejecutivo del Grupo Santander, en Nueva York, Ortega había amasado un interesante capital y nadie dudaba de que continuaría escalando posiciones corporativas y engrosando su cuenta bancaria. Pero él tenía claro que lo suyo no era la banca de inversión ni los Private Equity Funds. Su verdadera pasión estaba puesta en el vino. Para él, la banca no había sido más que un simple trampolín para lanzarse al mundo de los mostos, los corchos y las botellas.

Natural de Burgos, en Castilla León –corazón de la célebre zona vitivinícola de Ribera del Duero, en el centro de España–, Ortega siempre había estado cerca de viñedos, barricas y tinajas, aunque no por cuenta de sus ancestros. La bebida, simplemente, siempre estaba servida en la mesa desde que abrió los ojos. “Pero cuando se pasa de la afición a la vocación, el vino te va envolviendo y comiéndote por dentro”, admite. “Trasciende al ser humano, porque tiene algo inexplicable, que lo hace único y atemporal”.

Ortega siempre ha sido lo suficientemente pragmático como para saber que un negocio que ha durado 8.000 años no va a desaparecer de la noche a la mañana. O por lo menos mientras él viva. Hoy, a sus 43 años, y después de más de una década de angustias, largas horas de insomnio y mucha matemática financiera, finalmente ha comenzado a ver los frutos de su proyecto, y el nombre de O. Fournier ya figura en las cartas de los más afamados críticos mundiales, como Jancis Robinson y Robert Parker, lo mismo que en la baraja de revistas como Decanter y Wine Spectator, entre otras.

Ortega no oculta la feliz coincidencia de estar metido, ya, en un juego de mayores, algo que no ha sido ajeno a su estirpe. Originarios de Limoges, en Francia, los Fournier –antepasados de su madre– se dedicaban a la litografía de la suerte. En 1782, un miembro de la familia se estableció en Burgos, donde montó una imprenta, y, en 1824, lanzó los naipes Fournier, verdaderos clásicos de la baraja española y hoy del póquer y el tarot. Los Fournier siguen siendo estrellas en los casinos de Las Vegas y en otros establecimientos de azar en los cinco continentes.

Quizás por todo esto Ortega estaba predestinado a apostar en grande. Su proyecto no era montar una bodeguita de garaje, dejarse el pelo largo, trabajar artesanalmente y salir a vender su vino, puerta a puerta, por los barrios intelectuales de Londres, Bonn o Nueva York. O. Fournier buscó, desde el primer momento, ser un actor del mundo clásico y del mundo contemporáneo de los vinos, con bodegas y viñedos en valle de Uco (Argentina), valle del Maule y valle de Leyda (Chile) y Ribera del Duero (España). “No tenía duda de que el proyecto debía ser multinacional, orientado a hacer vinos memorables en grandes zonas del mundo”, dice.

Como manifestación clara de su visión global, lanzó la marca Urban, la primera en el mundo en utilizar un concepto único para tres países diferentes. El propósito ha sido elaborar vinos modernos, con una imagen basada en la fotografía. Pero quizás lo más importante es acercarlos, en precio y percepción, a los consumidores jóvenes. Y así fue como nacieron Urban Uco, Urban Ribera del Duero y Urban Maule.

Un proyecto de esta magnitud, sin embargo, no puede existir sin etiquetas de alto valor, y para ello Ortega recurrió a su vena poética y de soñador. Llamó Spiga y Alfa Spiga a sus vinos finos de España; B Crux y Alfa Crux, a los de Argentina, y Centauri y Alfa Centauri, a los de Chile. Claramente, se inspiró en los cielos y no en la Tierra, por el encanto que le producen las estrellas.“Quería marcas que tuvieran una historia detrás; que fueran distintas, pero con una coherencia común”.

Y para no quedarse solamente echando globos hacia arriba, construyó, en valle de Uco, la bodega más atrevida y moderna de las Américas. Con el diseño del célebre dúo de arquitectos Bórmida y Yanzón, Ortega quiso, en la mitad del desierto mendocino, y bajo el tutelaje imponente de la cordillera de los Andes, una plataforma para mirar el firmamento.

Y así fue como Eliana Bórmida y Mario Yanzón le propusieron una especie de platillo volador, que serviría para elaborar, allí, vinos con un carácter cósmico, es decir, que sus vapores se elevaran, sin obstáculos, hacia las constelaciones.

Tiempo después, Ortega me confió que, más que la belleza exterior –que suele ser algo superficial–, le atrae la sensibilidad de la belleza y la capacidad que esta tiene de tocar el espíritu de las personas que visitan sus bodegas, prueban sus vinos, disfrutan de su gastronomía y admiran sus obras de arte.

A medida que los proyectos exigían inversión y bolsillos holgados, salió a buscar dinero –como lo hace cualquier banquero– y recurrió a su excelente red de contactos globales, fichando expresidentes de compañías multinacionales, especialmente españolas y europeas. Pero la crisis financiera puso presión sobre estos accionistas y en los últimos dos años los Ortega Fournier prefirieron continuar solos con la aventura, armándose de valor y de paciencia.

Porque a pesar de su embrujo, su romanticismo y su carácter atemporal, el vino también ha puesto sobre la familia una carga enorme. “Quisiera pensar que lo hago por mis hijos. Pero la realidad es que paso 280 días al año, maletín en mano, fuera de casa, y eso no es justo con ellos. Los chicos no se merecen esos abandonos y yo no puedo aguantarlo. Pero la vida no se considera fácil para nadie, aunque reconozco que soy un verdadero afortunado”.

¿Y Nadia, su hermosa mujer, que en pocos años se ha convertido en una de las figuras más rutilantes de la gastronomía argentina? Ortega duda un instante y confiesa: “Siempre le digo que la razón del éxito de nuestro matrimonio es que nunca paso tiempo en casa”.
Y se da ánimos pensando que pocos seres humanos pueden entender lo que es pasar días enteros cosechando, y luego viendo cómo el mosto se convierte en vino, cómo va evolucionando en la barrica y la botella. Es como la tinta para los escritores, que les permite comunicar al exterior lo que sienten por dentro.

Y dice: “O. Fournier fue creado con una visión familiar y a largo plazo. Solo espero poder hacerme viejo y beber con mis nietos y nietas esas primeras añadas de nuestros vinos. Pero el hombre propone y Dios dispone”.

Los premios de O. Fournier

Son numerosas las menciones recibidas por todos los vinos producidos por O. Fournier en Argentina, Chile y España. Por encima de 100 puntos (Wine Advocate y Wine Spectator) o de 16 puntos (Jancis Robinson) se consideran vinos excepcionales. Estos han sido algunos de los más significativos.

Valle de Uco

-O. Fournier Malbec Syrah 2005
93+ puntos Wine Advocate (Robert Parker)

-Alfa Crux Blend 2004
Five Stars Decanter Trophy
92 puntos Wine Spectator
92 puntos Wine Advocate (Robert Parker)

-Alfa Crux Blend 2002
93 puntos Wine Spectator
Four Stars Decanter Magazine
Posición 86 entre los 100 Mejores Vinos del Wine Spectator 2006

-B Crux 2005
91 puntos Wine Advocate (Robert Parker)

-B Crux 2004
91 puntos Wine Advocate (Robert Parker)
90 puntos Wine Spectator

-Urban Uco Blend 2008
90 puntos Wine Advocate (Robert Parker)

-Urban Uco Blend 2006
90 puntos Wine Advocate (Robert Parker)

Ribera del Duero

-O. Fournier Ribera del Duero 2005
94 puntosWine Advocate (Robert Parker)

-O. Fournier Ribera del Duero 2004
95 puntos Wine Spectator (entre los tres mejores vinos de España en 2008)
91 puntos Wine Advocate (Robert Parker)

-Alfa Spiga 2004
91 puntos Wine Spectator

-Spiga 2005
91 puntos Wine Spectator

Valles de Maule y Leyda

-Centauri 2008 Blend
“Best Blend” Chilean Wine Awards 2010
17 puntos Jancis Robinson

-Centauri 2007 Blend
16 puntos Jancis Robinson
“Great Red Wine List” Jancis Robinson/Financial Times
91 puntos Wine Advocate (Robert Parker)
91 puntos Wine Spectator

Articulos Relacionados

  • Detrás de la portada: septiembre y nuestro gran especial de yoga
  • Galería: ¿Quiere convertirse en un personaje de Pixar?
  • El regreso, el dolor y la melancolía representados en desnudos artísticos
  • ¿Ya vio ‘La mujer que bota fuego’, el nuevo video de Manuel Medrano?