La vida en Rosé

El vino Rosé o rosado es muy poco conocido en Colombia, y sin embargo tiene una historia apasionante. Diez secretos que usted tal vez no conozca del vino más refrescante y a la vez, el menos conocido.

Los egipcios lo bebieron, fue el vino de la Última Cena, vivió casi dos siglos de rechazo, combina con casi todo y alguna vez se le llamó sonrosado.

Fue el vino de los egipcios y de los fenicios. De hecho, era el color que resultaba de exprimir un racimo entre las manos o que surgía de la pisa de la uva durante las vendimias. Lo comprueban los bajorrelieves del sacerdote Menotheph de hace más de dos mil quinientos años, que quedaron para la historia y que narran el proceso completo de procesarlo.

Los enólogos los analizaron y concluyeron que era imposible obtener otro color distinto del rosado por no contar con la suficiente maceración que requiere el vino tinto. Por la misma razón fue el vino que se usó durante la Última Cena. El procedimiento de la época daba como resultado vinos rosados.

El símbolo de la sangre de Cristo era entonces de un color más suave que el que se imaginan todos. Así fue hasta el siglo XVIII.

Hasta la década de 1960 los dos únicos vinos rosé que se hicieron populares fueron los portugueses Matheus y Lancers. Pero desaparecieron cuando el machismo impuso que a los hombres les gustaba el tinto y a las mujeres el rosé, y la liberación femenina impulsó a las mujeres a optar también por lo que optaban los varones.

Para popularizarlo en California (Estados Unidos), en la década de 1980 se usó el término “blush” (sonrosado), que motivó a la gente a consumir esta bebida durante los veranos. Lo más curioso es que las bodegas californianas prefirieron llamarlos blancos, como en el caso del Zifandel blanco, que hoy en todo el mundo hace referencia a un rosado semidulce y ligero.

El vino rosado varía, como el blanco y el tinto, de acuerdo con la cepa, el método y la región en que se produce. Tiene un poco de blanco (su ligereza, su sabor afrutado) y de tinto (porque contiene una parte de las uvas tintas que le dan su coloración y capturan su sabor). Es un vino frágil que debe consumirse de inmediato. Su otro gran uso es como vino espumoso.

Si usted elige un rosé, combínelo con quesos brie o de cabra, con aves de caza y prosciutto, o con platos tan variados y diversos como pollo al curry, pollo frito, barbacoa, pesto, carpaccio, tostadas francesas, panqueques, cocina oriental, steak tártaro, sushi, comida vegetariana, ternera, cocina mediterránea, carnes y pescados ahumados, entradas verdes y frescas, postres hojaldrados, e incluso con platos sencillos como una pizza mozzarella con tomates frescos y albahaca.

Su contenido alcohólico oscila entre los once y los trece grados de alcohol. Cuando lo vaya a comprar, fíjese que su año de cosecha sea reciente, porque después de un año estos vinos comienzan a perder sus características. Las uvas que se usan para su elaboración son la garnacha, cabernet sauvignon, syrah, merlot, malbec, carménère, cabernet franc, cinsault, bobal, carignan, mourvedre, zifandel, entre otras. Se sirve frío, entre los diez y los doce grados centígrados.

Los países que producen hoy en día los mejores vinos rosé son Francia, Italia, España, Chile, Argentina, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, cuyas exportaciones de esta bebida han crecido hasta en un cuarenta por ciento.

Se recomiendan cepas cabernet sauvignon y merlot en Viña La Rosa, sauvignon chileno; el español Ibáñez Bobal; el sauvignon chileno Santa Digna; el chileno Casillero del Diablo reserva syrah; el Gran Feudo Rosado español; el francés Calvet D’Anjou; el argentino Santa Ana o el francés Gerard Bertrand Reserve Speciale.

El color del rosé no resulta de mezclar el vino tinto con el blanco, como muchos han creído, sino de una técnica que impide que el hollejo de la uva pase una alta cantidad de la materia colorante que hay en el racimo. En otras palabras, el color del rosé nace del mosto (zumo de uvas) utilizado y de su sencillo contacto con la piel de la fruta, del que se deriva el color del mismo.

NAVARRO CORREA EXTRA BRUT
MALBEC ROSÉ

Tupungato, provincia de Mendoza, Argentina.
Bodega Navarro Correa. A cinco grados resulta excelente aperitivo. Marida perfectamente con aves, pastas con salsas cremosas y pescados, también con alimentos salados y de intenso sabor como jamones o embutidos, vegetales frescos y preparaciones de acento ácido como ceviches.

MOËT & CHANDON ROSÉ IMPERIAL
Epernoy, Francia. Bodega Moët & Chandon. Rosé Imperial. Su rosado salmón con destellos cobre y púrpura sumados a su burbujeo develan una copa elegante con aroma a frutos rojos frescos, notas de almendra, piñón y castaña cocida, un poco de pimienta verde y complejidad agradable. Excelente como aperitivo o maridado con platos mediterráneos, carnes suaves o mariscos.

SANTA ANA MALBEC ROSÉ
Mendoza, Argentina. Bodega Santa Ana. Este espumoso argentino deleita con su delicadeza, su elegante color rojizo transparente, sus aromas intensos a frutas negras y frutillas y su potencial como acompañante perfecto de parrilladas con todo tipo de carnes, vegetales e incluso postres hojaldrados y tortas.

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