5 Jugos naturales con frutas colombianas

En Colombia hay tantas frutas como días del año y, sin embargo, su consumo es bajo. A propósito del libro Frutas, cocina inspirada en sabores tropicales, resaltamos algunas variedades y cómo disfrutarlas.

Las tenemos por doquier pero las comemos con desdén. Esa sería la definición perfecta para la relación de los colombianos con las frutas.

A pesar de que existen 365 distintos tipos de fruta en nuestro territorio, el consumo promedio por persona es de apenas cuarenta kilos al año. Poco, si se tiene en cuenta que la Organización Mundial de la Salud recomienda consumir al menos ciento veinte kilos anuales para lograr una dieta adecuada, y que en Colombia abundan, son económicas. Y el trópico permite que se produzcan casi sin pausa y en mayor cantidad que en otros lugares del mundo que pagan muy caro por incluirlas en su alimentación.

Aunque no se aprovechan bien, se pierde cerca del treinta por ciento después de cada cosecha, y el consumo de bebidas gaseosas en Colombia supera al de jugos, su consumo está creciendo. Aun así, siguen siendo un tesoro nacional inexplorado. Por eso, a manera de acróstico, presentamos un recorrido por algunas de las frutas más interesantes del país y sus preparaciones, basado en las fotografías y la investigación del libro Frutas, cocina inspirada en sabores tropicales, de Mariana Velásquez, con imágenes de Claudia Uribe. Para que se provoque y conozca toda la riqueza en color, sabor, textura y posibilidades de preparación que encierran las frutas colombianas.

Feijoa. Su sabor terroso, un color verde vivo que esconde su real madurez y su aspecto corrugado de diminuto aguacate esconden una delicia andina, que sin embargo también forma parte del patrimonio de Brasil y Uruguay, y que ha llegado a convertirse en una delicia de Nueva Zelanda y Australia. En Colombia tiene su sitial de honor en Tibasosa, Boyacá, que cada año celebra un festival en su honor.

Aromática y fresca, es una de las que poco a poco ha ido conquistando el país, aunque su expansión se limita al centro de Colombia. Más allá del jugo puede usarse en yogures, mermeladas, helados, compotas, dulces, vinos y hasta como componente básico en picantes y vinagretas. Asimismo, es la única fruta que contiene en su cáscara la clorofila y el complejo alfa 3, que oxigena las células cutáneas, además de poseer una buena cantidad de vitamina C.

Raspados. Esta preparación resalta el sabor de las frutas al convertirlas en un almíbar y mezclarlas con la sensación del hielo rallado. Frutas de la costa atlántica como el corozo y el tamarindo resultan ideales para este sabor. Las limas o limones, las naranjas ácidas y otros sabores contrastantes como la mora y el maracuyá son ideales para prepararlos.

Uchuva. Abrirla es como desempacar un regalo. Encerrada en una cáscara sutil y frágil esconde un amarillo soleado y vivo que provoca de entrada. Ácida y cada vez más conocida en el mundo (ya llegó a Sri Lanka e India), nativa de Colombia y de la región andina, fue una de las favoritas de los incas y ahora lo es de ingleses y alemanes. Nunca más grande de dos centímetros, es ideal para chutneys, postres, mermeladas, y salsas, pero también permite hacer vinos, vinagretas, y sirve como acompañamiento de platos de sal como chuletas o carnes.

Tomate de árbol. Su contraste de colores, rojo por fuera y amarillo por dentro, y la acidez de su sabor, dejan huella en los sentidos tanto como en el paladar. Es una de las frutas clásicas del país, y sin embargo una de las más desaprovechadas. Solo se suele usar en jugos. Americana de la cáscara a la pulpa, esta fruta de los Andes está apenas comenzando a ser explorada como producto útil para salsas, mermeladas, ensaladas, helados y postres, y hasta para vinagretas. Se le conoce por su alto nivel
de fibras, minerales y vitaminas, y por ser una cura natural contra las migrañas, la rinitis y para reducir peso y combatir la hipertensión. Existe una variedad mezclada con mora, y su pulpa puede cambiar del amarillo al rojo o al naranja.

Arazá. En la Amazonia colombiana hay cuarenta y cinco especies de frutas reconocidas. Todas ellas tienen nombres bellísimos y tan exóticos como su mismo sabor: copoazú, camu camu o canangucha. Pero el arazá, con su forma entre la guayaba y el membrillo, se ha convertido en el rey de la oferta selvática gracias a su aroma suave y a su gusto ácido, además de sus altos niveles de vitamina C y potasio, y también a su uso en la industria de los alimentos y a su tímida entrada en la de los perfumes. Con su nombre sonoro, da frutos casi todo el año, y ha comenzado a usarse como jugo o yogur, como caramelo recubierto de chocolate o jalea, pero aún es mayor el número de personas que lo desconoce que aquellos que se han acercado a su sabor. Es tan versátil que puede dar origen a pasas, néctares y glaseados, o a vinagretas.

Sandía. La gigante de todas las frutas viene de África. Con pesos que oscilan entre los quince y los veinte kilos, se enraizó en las zonas medias y húmedas de Colombia. Aunque siempre se ha relacionado con los niños, a los adultos les viene muy bien: un estudio de la Universidad A&M de Texas asegura que aumenta la libido gracias a que relaja los vasos capilares, mantiene en buen estado el sistema inmunológico y además se considera desintoxicante.

Para venderla, cada día se ofrecen opciones de tamaño reducido, aunque el mundo de las sandías es amplio: existen 1.200 variedades. En la costa atlántica se toma con hielo frío y como patillazo. En Japón, por 83 dólares se puede conseguir en forma cuadrada. En el trópico se le llama patilla.

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