La extravagancia de ‘Los hermanos Cuervo’

Unos hermanos excéntricos y su familia protagonizan Los hermanos Cuervo, el segundo libro de Andrés Felipe Solano, el único colombiano nombrado por Granta como uno de los mejores narradores en español.

Como una relación tormentosa que a veces se detesta, pero otras veces, como un imán, atrae sin explicación. Como la absurda respuesta que dan los apegos dañinos. Así podría ser la relación deAndrés Felipe Solano con Bogotá, la ciudad en la que nació, estudió, trabajó y vivió por muchos años hasta que decidió no padecerla más y se marchó. No del todo. Aquí está su familia y sus amigos, a los que tanto extraña, y aquí también se construyen sus novelas. Aunque las escriba en cualquier parte del mundo que puede ser España o Corea, sus personajes viven en Bogotá, en sus calles, en sus casonas y apartamentos, en sus colegios y cuadras.

Solano presenta su segunda novela, Los hermanos Cuervo, (lea la reseña) una historia con una arquitectura que baila entre la novela, los cuentos y la crónica, sobre dos hermanos excéntricos y su familia. Justamente, cuando escribía su primer capítulo, recibió una de las noticias más importantes de su vida: Granta, la revista británica, lo incluyó en la lista de los mejores narradores en español. Y es el único colombiano.

Andrés Felipe Solano vive en Corea, a donde llegó para una residencia literaria, invitado por el gobierno de ese país y donde se quedó por una coreana, hoy, su esposa. Revistadiners.com.co habló con él durante su paso por Colombia.

¿Cómo mantiene contacto con la realidad del país?

Cuando trabajé acá hice muchos amigos y los mantengo por correo. Además, vivo de hacer artículos periodísticos, de escribir para revistas. La literatura todavía no me da para vivir (a menos que vendamos un millón). La última vez que trabajé fue en Credencial en 2008 y me empezó a entrar una depresión rarísima, porque hasta el 2007 trabajé en redacciones comoSoho Cromos. Me fui para Medellín y esa experiencia fue definitiva porque me revolcó la vida. Regresé y obviamente tenía que buscar trabajo, pero me empezó a entrar una angustia rarísima de tener que ir todos los días a un escritorio. Y a la primera oportunidad que me salió me fui a Corea. Fue una invitación del Ministerio de Cultura para quedarme por 6 meses. El último mes conocí a una coreana, que después vino a Colombia a aprender español y a los seis meses nos casamos. Luego nos fuimos a Salamanca (España) donde vivimos 9 meses y regresamos a Corea hace 4 meses.

¿Qué es lo que le gusta de Corea?

El temperamento de la gente. Son respetuosos, calmados. Las ciudades, por lo menos Seúl y Busán, funcionan las 24 horas. Un ejemplo muy simple: puedes ir a cine a las 3 de la mañana. Entre semana. Y no a un par de teatros. Hay muchos. O por ejemplo hay mercados callejeros que abren de 11 pm a 7 am.

Sé que Bogotá no le gusta mucho…

Es una ciudad complicada. Me sorprende mucho cuando hay personas que dicen que la aman, porque es una ciudad difícil para vivir. Me parece hostil, complicada para moverse, las dinámicas sociales son muy marcadas, aunque eso pasa en todas las sociedades, acá es muy profunda. Bogotá se soporta y se aprende a querer a las patadas. Pero en los dos libros está muy presente porque es lo que conozco a fondo. En Sálvame, Joe Louis estaba mucho más presente y en Los hermanos Cuervo está en la primera parte. Te doy una frase de torero para describir mi relación con la ciudad donde nací: es una plaza muy difícil.

¿Y por qué habla tanto de Bogotá entonces si no la quieres?

Es que uno habla para quejarse. Esa queja es un medio de adaptación para poder vivir en una ciudad tan complicada. Si no se queja simplemente estallaría, es como una válvula de escape.

“ (…)El Gobierno adelantó una hora el reloj para economizar electricidad y todo fue aún más deprimente. Nos teníamos que despertar en plena oscuridad y llegamos al colegio cuando apenas el cielo estaba cambiando de color. En las tardes, al irse la energía por completo durante cuatro horas, una leve angustia se posaba sobre todas las cosas. Yo creo haber experimentado unos pequeños ataques de pánico cuando se extinguía la luz del sol y nos quedábamos a oscuras. Aún me aterra el recuerdo de tener que parar un bus en las tinieblas (…)” (Los hermanos Cuervo Pág. 41).

¿Cuáles características de tu obra crees te pusieron en la lista de Granta?

Mi obra se reduce a dos libros. Yo soy muy malo para juzgar lo que escribo, pero creo que los jurados que hicieron esa lista de pronto vieron un tono muy particular en la primera novela y quizás una voz que estaba naciendo. Eso es lo que creo. Y eso me dio la confianza para escribir esta.

¿No te dio ansiedad pensar en que esperaban mucho de ti después de ese anuncio?

No. Me dio la confianza para pensar que la primera novela no fue un capricho o un embeleco mío. Hay un mundo literario que puedo llegar a crear. Cuando recibí la noticia de Granta, yo ya llevaba el primer capítulo de esta novela y estaba muy contento. Llevaba sin escribir ficción tres años, ni una palabra, porque yo no escribo cuentos. Cuando llegó la noticia pensé que era una señal para abrirle la puerta a esta novela.

Además de darle confianza, ¿qué cambió el nombramiento de Granta?

Hizo ciertas cosas más fáciles como publicar en inglés. Alguien tradujo un capítulo de la crónica del salario mínimo que salió publicada en Words without borders (historia finalista de los premios FNPI, en la que Solano trabaja en una empresa 6 meses y vive con el salario mínimo). La revistaGranta en la edición en inglés me pidió un artículo, publiqué algo en The New York Times en una página muy bonita, Lifes, que es la última página de su revista dominical. Es una pequeña crónica de una vida cualquiera. Allí conté la vida de un cubano que conocí haciendo un viaje en bus de San Francisco a Nueva York, donde conocí a un montón de gente, entre ellos el cubano. Granta me ha abierto un montón de puertas que me hubiera tomado cinco años o más.

¿Cómo llegó su libro a manos de Granta?

Hicieron una convocatoria y yo la vi. Se podía mandar a título personal o al de la editorial. Me decidí y dije: mandemos esto, no se pierde nada. Era como tirar una botella al mar. Leyeron mi libro y me escribieron un día. Los siguientes meses fueron complicados porque me hicieron firmar una cláusula de confidencialidad y no le pude contar a nadie semejante noticia, solo a mi esposa. Casi me quedo sin uñas.

 

“(…) Lo que necesitaba era a alguien igual a mí. Alguien gris, alguien a medio camino entre la nada y el todo. Por eso empecé a salir con Julia Gómez: una manifestación de mi medianía. No era gorda ni flaca, no tenía piernas largas ni cortas, no se vestía bien ni mal. Siempre usaba jeans, tenis, una camiseta blanca cualquiera y sacos negros, azules o verdes extragrandes. Julia no era rubia ni morena (…)”. (pág. 40).

¿Cómo aparece el deseo de hacer ficción?

Estudié literatura porque empecé a leer desde pequeño. Era fútbol y libros, hasta que los libros ganaron el pulso. La ficción siempre estuvo presente, las ganas para escribir algo. Quizás me he demorado, porque el oficio que escogí, que es el periodismo, me roba mucho tiempo y durante los años que pasé en salas de redacción, lo último que quería era llegar a mi casa a poner los dedos sobre un teclado. La primera novela nació con tropiezos y todo. La segunda se demoró un poco más por todas mis mudanzas, pero yo tenía claro que quería seguir haciendo ficción. Incluso cuando terminé la primera novela tenía la idea de lo que iba a ser esta.

¿La primera novela entonces surgió entre su trabajo en las redacciones?

Sí. Era mucho más joven, tenía más energía porque los guayabos eran menos brutales. Ahora recuperarse de un guayabo es más complicado. Y además pedía tiempos de licencia cortos y me iba a escribir. Por ejemplo, para la primera novela fui dos veces a Barichara, alquilé una casita y me dedicaba a escribir con horario de banco de 9 a 6. Yo mismo me sorprendo de esa disciplina.

Pero leí que eres un escritor muy juicioso…

No sé de dónde sacaron eso (ríe)…quizás porque no hago lo que mucha gente llama “vida literaria” que es estar en conferencias o eventos. Me dedico a escribir… periodismo, crónicas, novelas.

¿Ese lenguaje periodístico ha sido un obstáculo o una ventaja para la literatura?

Lo bueno es que el periodismo que he hecho siempre me ha dado libertad. No he hecho periodismo de actualidad, no he trabajado en un periódico, entonces en las crónicas he tenido toda la libertad con la condición del periodismo que es no inventarse nada.

No sé si tengo algo de bipolar, pero me gusta tener un pie en cada orilla. Cuando escribí crónicas pensé que ahí me iba a quedar, pero me hacía falta la posibilidad de tener libertad de imaginar y cuando estaba terminando esta novela me empezaron a hacer falta las crónicas, la disciplina de salir a la calle a hacer reportería. Las dos cosas en mi vida no riñen para nada y espero que sigan así, porque me gustan las dos. Con esta novela pasó algo muy puntual. Esta es la tercera versión del libro con una historia parecida, pero con una arquitectura diferente. Un día, tomándome una cerveza en un bar, se me ocurrió presentar la historia de uno de los protagonistas, Vicente Aguirre, en forma de crónica. Fue una sorpresa, incluso para mí, trasladar una estructura periodística con sus clichés, a una novela donde todo es ficción. Vamos a ver cómo la gente toma ese pasó que di ahí en esta estructura que son los hermanos al principio, la historia de un amigo de su familia luego, y al final la historia de la madre y un ciclista.

“(…)Aguirre mete la mano en la lata y se da cuenta de que el maní se ha acabado. Medita unos segundos. Entonces mira al obelisco de veinte metros que se alza en la mitad de la plaza construida en el desierto de La Guajira y finalmente responde a la mujer con desgano. Le dice una sola palabra sin voltear la cabeza:
– No”. (pág. 120).

¿Se va a quedar en Corea?

Yo creo que ya es justo crear una casa. Espero quedarme en Corea un tiempo. Vamos a ver si Bogotá me deja, porque es una relación extraña, como un imán. Y acá están mis amigos a los que extraño mucho. Si las cosas llegarán a complicarse en Corea, laboralmente, regresaría acá. Aunque mi esposa tiene la manía de moverse mucho, entonces no sé a dónde nos lleve. Pero ya necesito algo parecido a una casa.

” (…) Me arrodillé, me humillé, enloquecí. En ese momento fue cuando les aullé: “¡No me pueden hacer esto!¡No me pueden dejar tirado! ¿No lo entienden? Yo soy Nelson, ¡Nelson Cuervo!”. En mis peores días esa frase vuelve como un espectro y me atormenta sin descanso (…)”. (Pág. 97).

Los hermanos Cuervo
Alfaguara
234 páginas
$41.000

Articulos Relacionados

  • Vea los ganadores del Iphone Photography Awards 2017
  • Conozca Castanyoles, lo mejor de la comida española en Bogotá
  • Estos son los ganadores del International Drone Photo Award 2017
  • Así se verá el primer capítulo de la nueva temporada de Game of Thrones