Jairo Rivera, el líder romántico

Es músico, estudia Ciencia Política, y todo el país lo conoció por las marchas estudiantiles.

Serio, comprometido, dueño de un discurso sólido, alguien que quizás responde al arquetipo romántico de los que en su juventud se embanderan en las grandes causas colectivas y luchan por el bien común. Jairo Rivera, uno de los líderes de la Mesa Nacional Estudiantil que tanto se ha hecho escuchar en tiempos recientes, va mucho más allá del modelo, aunque también lo cumpla.

Deja en claro que no permite que se lo aparte de su rol y apenas hace algunas concesiones al hablar de sí mismo: subraya que es músico y que es afín a las reuniones del tipo guitarra, tabaco y ron. Sus gustos van de Inti Illimani a Silvio Rodríguez, pasando por Paco de Lucía o Carlos Mejía Godoy. No tiene novia y a la hora de mencionar sus lecturas, se encuentra muy presente la teoría política, pero también los clásicos rusos, la poesía de Baudelaire, Borges o Neruda. De resto, solo lo básico: estudia Ciencia Política en la Universidad Nacional, tiene 22 años, llegó hace seis a Bogotá y asume su papel como representante estudiantil con una seriedad y un compromiso que a todos nos gustaría ver en, llamémoslas así, las altas esferas del poder. De hecho, entró a formar parte de la Mesa Estudiantil azuzado por los movimientos estudiantiles, principalmente por el de Córdoba, en Argentina, que se llevó a cabo en 1917, y por el deseo de saber qué se enseña y cómo se educa en las universidades colombianas.

Su interlocutor puede no estar seguro de si este joven nacido en Ibagué, hijo de una odontóloga y un padre escritor y ensayista, es alguien tímido y un poco reconcentrado, o si más bien su actitud es la de alguien alerta, que mantiene cierta distancia. Habla con un tono bajo, tranquilo, enfatizando sus ideas con una gestualidad transparente. Como miembro de su generación, Jairo invoca la imagen del campesino colombiano (“inteligente trabajador, aguerrido, inconforme”) como la figura que lo entusiasma y trabaja por el derecho a una educación gratuita y de calidad, pero no sólo pensando en el presente, sino en la meta de que los logros que puedan alcanzar hoy beneficien a las generaciones futuras.

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