Juliana Márquez, la edil precoz

La generación Y, los menores de 30, tienen una concepción propia de ver la vida. Juliana Márquez, una edil de 21 años en Bogotá, es muestra de ello.

Su figura inspira simpatía, ternura. Ojos verdes, piel blanca y lisa, sonrisa tímida, cabello ensortijado y rubio al sol, voz delgada pero firme. Sin embargo, detrás de esa figura, pronto se descubre una personalidad recia y decidida. Juliana Márquez, de 21 años, ha caminado 19 localidades de Bogotá para hablar con la gente, escucharla sin necesidad de prometer y repartir volantes. Andando y aprendiendo en el camino de otros, fue construyendo sus propios ideales, sus ganas de hacer las cosas bien y de estar cerca de la gente. Tal vez por eso en las pasadas elecciones Juliana fue elegida en Bogotá edil de Chapinero con 2.940 votos, la votación más alta de esa localidad.

“Mi vida gira en torno a Chapinero: aquí nací y estudié, aquí vivo, rumbeo, tengo a mis amigos”, dice. Según ella, los jóvenes están cansados de ver siempre lo mismo y por eso quieren participar y hacer algo. Una de sus propuestas principales es la de que cada cuadrante de la localidad tenga seis policías y que ese plan se socialice. La política le apasiona desde chiquita. Fue parte del Consejo Estudiantil del colegio Nueva Granada y en undécimo empezó a apoyar campañas de las autoridades locales. Tenía planeado ir a estudiar a Estados Unidos, pero se enganchó con el tema, con la localidad, con el partido político Cambio Radical y decidió quedarse. Estudió derecho en Los Andes, hoy está en octavo semestre, y, con una capacidad admirable para gestionar su tiempo, manejó el grupo de juventudes de la campaña de Germán Varón y, más adelante, el de Germán Vargas Lleras y Carlos Galán. El trabajo siempre fue voluntario, y se trataba, sobre todo, de acompañamiento en foros y jornadas de volanteo. “Así conocí mejor que nadie a mi edad a esta ciudad. Eso no tiene precio”.

Cuando le preguntan sobre el próximo paso en su carrera repite su frase característica: “La política no es un fin, sino un medio para ayudar a la gente. Se trata de los demás, no de lo que yo quiero hacer”. Por ahora piensa en la Junta de Acción Comunal, que será su segundo hogar durante cuatro años, y luego vendrán más peleas y satisfacciones en el sector público. De hecho, en cuanto termine derecho, quiere hacer una maestría en administración pública. “No me veo haciendo otra cosa”, dice como una buena apasionada de su profesión.

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