Valeriano Lanchas, el mejor cantante lírico de Colombia

Una cajetilla de cigarrillos y “La ciudad y los perros” son los infaltables en la maleta de Valerino Lanchas, el cantante lírico más importante de Colombia, quien añora vivir en su ciudad favorita: Bogotá.

A Valeriano Lanchas le encanta Bogotá. Por eso vive cerca de los cerros, en un apartamento con ventanales abiertos que dejan entrar el aire helado de la montaña, no solo para que la ciudad atraviese su sala, sino para que salga el humo de los cigarrillos que enciende y apaga sin ningún asomo de culpa y con el aburrimiento de que todos le pregunten si no le hace daño a su voz.
En su apartamento, en el que casi nunca está porque se la pasa de viaje, guarda lo que lo ancla a su vida de siempre, que en este caso es la infancia, porque desde la adolescencia ha estado entre los aviones y los escenarios. Conserva un cuadro que estuvo siempre en la casa en la que creció, un baúl, un tocadiscos, una mesa de su bisabuela para llevar el desayuno, libros y muebles de su familia que hacen parecer su apartamento el de un abuelo y no el de un hombre de 35 años.

Y es que Valeriano Lanchas creció rápido, en un mundo que no lo obligó a la disciplina en la infancia y la adolescencia, porque esa fue su decisión desde que a los seis años vio su primera ópera. Entonces empezó a tomar clases privadas, concentrado y dedicado a su objetivo de ser cantante lírico. Por eso, cuando audicionó por primera vez frente a Gloria Zea a los 16 años, fue seleccionado, pero también instado para no dejar de prepararse. Y es lo que no ha dejado de hacer desde entonces: estudiar, enfrentare a los retos y superarlos solo hasta que se siente realmente preparado, nunca antes. A los 19 años, luego de ganarse una beca para cantar con Luciano Pavarotti,  se inscribió en el Curtiss Institute de Filadelfia, en donde su director no podía creerle que quisiera dedicarse a estudiar, después de tener la fama en sus manos. Pero, precisamente, no quería que esa fama lo alejara de su único objetivo: ser el mejor, no el más reconocido.

En octubre del 2011 cantó por primera vez la Octava Sinfonía de Gustav Mahler con la Orquesta Filarmónica de Bogotá y a pesar de su recorrido profesional, asegura que un año antes no hubiera podido hacerlo, porque hasta ahora tiene la madurez en su voz para dar la mejor presentación. Es la misma razón por la que algún día espera tener el protagónico de Falstaff de Giuseppe Verdi en Alemania, una de las interpretaciones más apetecidas para su tipo de voz. Lo curioso es que ya se lo ofrecieron, pero lo rechazó, porque aún no está preparado, dice con la certeza que no puede creérsele al mejor bajo que tiene Colombia. Pero es que, a pesar de haber empezado temprano, la carrera de Valeriano no se ha ido con afanes; ahora, aunque diga que no puede demorarse mucho porque debe preparar su viaje a España al día siguiente, habla sin parar y sin mirar el reloj.

Mientras fuma un nuevo cigarrillo recuerda que tiene su libro favorito firmado por su autor: La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa. Saca un libro de tapa desvencijada, blanca y azul con un perro negro dibujado; pero su verdadero tesoro aparece al abrirlo: “A Valeriano un recuerdo MVLL”. “Es un libro vivo, como si sus letras cambiaran cada vez que lo leo. Por eso me parece una de las novelas más hermosas de la historia y la leo una vez cada año o cada dos años. Es un libro casi alquímico, porque tiene una manera de transformar las realidades más crudas en algo bello, de la forma más sencilla y puntual. Para mí es una lección de vida, porque puedes volver bello cualquier horror. Lo leí la primera vez a los 13 años, con su historia de quinceañeros en el colegio militar. En ese momento era dos años menor que los protagonistas, ahora tengo 35 años, 20 más que ellos y ahora los veo como unos niños. Tengo varias ediciones, unas en italiano y en inglés y como yo canto en diferentes idiomas fue muy interesante y educador leer esas traducciones de mi lengua”, cuenta.

Luego dice que no le afecta pasar fechas epeciales lejos de casa, porque se acostumbró. En un hotel en España, recuerda que en Nochevieja llamó al restaurante a pedir un sándwich a las 10 de la noche: “Es Año Nuevo”, le contestaron. Pero para él, era una noche normal en la que llegó a su habitación a ver El Resplandor y pidió algo de comer. Sin embargo, los demás días no tienen nada de corrientes, como la temporada en la que fue dirigido por Plácido Domingo en el Washington National Opera o las noches en las que camina de su ‘oficina’ a su casa: el Palau de las Arts de Valencia, al apartamento que le prestó otro cantante de ópera durante la temporada final de 2011.

Entre tantos viajes, lugares y óperas, Valeriano Lanchas tiene claro que regresará a su apartamento de Bogotá, donde quiere anclarse por mucho tiempo, descansar, estar con su familia y dedicarse a algo diferente a la música, ¿por qué no?, se pregunta.

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