Gabriel Eisenband: “Voy a la montaña para encontrar significado”

El fotógrafo Gabriel Eisenband renunció a la seguridad de su carrera en una exitosa compañía para dedicarse a recorrer los parques nacionales naturales de Colombia. Así le va en su nueva “oficina” capturando los paisajes más inverosímiles de nuestro país.

En este retrato hay un arco de piedra natural. En sus fracturas crecen helechos y una jungla salvaje intenta esconderlo del lente. Por debajo pasa la vena de un río. Cabe pensar que este paisaje, a la entrada de la cueva de los Guácharos, haya sido así hace cientos de años. Pero es aquí. Es ahora.

“Es mi oficina. No tengo nada más que hacer, sino disfrutar el paisaje. Para eso vivo yo”, dice el fotógrafo barranquillero Gabriel Eisenband, que hasta hace dos años escalaba en el mundo corporativo o, visto de otra manera, en aquellas cuatro paredes y la misma ruta diaria de concreto y “parques cuadrados para que la gente saque a pasear a sus perros”. Eran, en sus palabras, años sin vida.

Para Gabriel Eisenband los lugares a los que viaja son su “oficina”, y considera a las montañas como espacios de búsqueda espiritual

La montaña
Esta es otra fotografía. Una cadena de montañas descubiertas, o descubriéndose, un amanecer al borde de carretera en la sierra nevada de Santa Marta. El ojo comienza por el elemento más cercano: la niebla que cubre las casas de quienes trabajan la tierra. La primera montaña es la más oscura y luego la paleta se va haciendo más brillante, hasta que a lo lejos se dibuja un conjunto de picos que parecen escondidos tras un velo ocre y suave. La escena recuerda a uno de los cuadros de sierras y nubes del pintor Gonzalo Ariza.

La montaña es para el fotógrafo la búsqueda espiritual por encontrar un significado, por “darles vida a los años”. Es mirar sin límite, dejar de escuchar el timbre del teléfono y perder toda conexión de lo alto que se está. Es silencio.

Gabriel Eisenband menciona una de sus frases favoritas de Loren Eiseley: “Es cuando todas las voces cesan y las aguas están quietas, cuando a lo largo del río nada llora, grita o aúlla, que la enorme despreocupación del espacio se asienta en el alma”.

Su obsesión está en el paisaje mismo, sin humanos y, la mayoría de las veces, sin animales. La naturaleza con sus piernas propias, hechas de troncos y manglares, con esos brazos etéreos que se conectan con el cielo. No tiene tiempo. Es distante por lo salvaje y a la vez cercano. Desde Bogotá bastan dos horas para llegar a los páramos de Chingaza o Sumapaz, un par de los lugares favoritos de Eisenband.

En su trabajo busca transmitir esa sensación de abundancia y vida “para que sueñes con lo que tienes al lado, con experiencias relevantes, duraderas”. Incluso en un terreno donde los frutos son escasos, pero los frailejones, las lagunas y la montaña se sincronizan para decir algo.

Este barranquillero renunció a su cargo de gerente de compras en una compañía y se dedicó a viajar por Colombia para retratar con su lente particulares paisajes como este, Caño Cristales, ubicado en la Sierra de la Macarena, en el departamento del Meta

El agua
Un elemento que marca el estilo de la fotografía de Gabriel Eisenband es “el agua que fluye y conecta”. El agua en movimiento, sin frenar el tiempo. Las exposiciones largas le dan esa fluidez. En sus encuadres genera una guía de lectura de la foto, como si fueran letras para ser leídas de abajo hacia arriba, cuando el punto final es una nube.

Los paisajes parecen, por nuestra cultura cinematográfica, de Nueva Zelanda, Grecia o de algún bosque norteamericano. Pero es Colombia. Este fue el destino por el que Eisenband se abismó cuando cumplió los cuarenta y dijo “es ahora o nunca”, pues aunque había estudiado cine en Francia, en ese entonces se inclinó por la estabilidad de una empresa.

Ante su propio ultimátum, hace dos años renunció a su cargo como gerente de compras y se tomó un tiempo “fuera”, que en realidad terminó siendo adentro. Adentro del país. Adentro de sí mismo, en la soledad de un día entero bajo la nube del páramo, el lente mojado por la lluvia, esperando un mínimo asomo de sol para disparar con los únicos disparos que deberían existir.

Gabriel Eisenband. Foto: Mónica Barreneche

Así conoció lugares tan particulares como el Parque Nacional El Tuparro, Vichada, en donde un cerro solitario está rodeado de arbustos y agua dulce; caño Cristales, Meta, o el río de los cinco colores; el Parque Nacional El Cocuy y su paisaje de hielo; los Farallones de Cali y sus formaciones rocosas; las dunas de Taroa en La Guajira, escondidas entre el mar y el pueblo; el Orinoco en verano, cuando el raudal de Maypures baja su cauce y deja ver el lecho del río; o el Parque Nacional Utría, el de playas edénicas, el de piedras talladas por el devenir de las olas. De hecho, las piedras son un elemento indispensable en estas fotografías. Hay que tener el tiempo suficiente y la mente despejada para apreciar sus líneas y formas.

La luz

“Mi trabajo es perseguir la luz”, o esas breves ventanas que son el alba y el atardecer en que el mundo se ve más cálido. Esa búsqueda puede empezar a las cuatro de la mañana, cuando Eisenband despierta en un camping anclado en la montaña, o en una cabaña de los parques nacionales naturales, desde la que parte con un guía hacia ese rincón ideal. Allí tiene que imaginar en las tinieblas lo que será el encuadre perfecto, visualizar la cima del monte besando el labio naranja del día.

Parque Nacional Natural El Cocuy

Tras el viaje con el que empezó a vivir la vida que quería regresó a Bogotá y no extrañaba más ese mundo corporativo. No extrañaba, asegura, hacer las cosas más por obligación que por una pulsión interna, o la deshonestidad con la que algunas personas querían conseguir las cosas. A todo eso había renunciado, a pesar de que algunos amigos y familiares le decían que era una irresponsabilidad.

Con ese ritmo de viaje y lo que traía de cada destino, le animó la producción de algo tangible, que permaneciera. Empezó con una exhibición fotográfica en la Galería La Cometa y ahí conoció a varias personas de Parques Nacionales de Colombia, a quienes les propuso una nueva edición del libro de PNN, pero con un giro: más que los datos sobre la altura o información sobre el tipo de bosque, este sería un recorrido visual por estas zonas de conservación natural.

La idea se concretó y desde entonces este fotógrafo seguirá en sus múltiples oficinas de bosque y páramo, de desierto y playa, de llano y monte, hasta completar los 59 parques que actualmente hacen parte de nuestro patrimonio. El libro será publicado a mediados del 2018.

La lluvia
Hoy, Eisenband hace una parada en su apartamento antes de partir para Boyacá, donde se encuentran los PNN Pisba, Iguaque y parte de Guanentá Alto Río Fonce y El Cocuy. El clima presentará un reto. Habrá nubes, lluvia y frío. Las fotos no serán fáciles, y tal vez eso hará que el resultado sea más especial, que haya más historias que contar cada vez que alguien le pregunte por esa toma. Recuerda otra de esas frases con las que acompaña sus fotos en Instagram, esta vez de Ed Abbey: “El amor por lo salvaje es una expresión de lealtad hacia la tierra, la tierra que nos sostiene. Ese es el único hogar que deberíamos conocer, el único paraíso que necesitamos, si solo lo pudiéramos ver”.

Eisenband fotografiará los 59 parques nacionales naturales de Colombia. El resultado será un libro publicado a mediados de 2018

Por ahora calienta el agua para un té en su otro hogar, el de la ciudad. Ordena un poco su biblioteca, en la que están sus predilectos Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Ernest Hemingway. De fondo suena una composición de Chopin o de Schubert. Al pie del ventanal de su sala se alcanza a ver una porción de los cerros, pero cada vez hay más edificios y obstáculos lavados por un reciente aguacero. No ve la hora de irse campo adentro con su cámara.

Su decisión consiste en quedarse en el país. No solo porque nuestros paisajes están a la altura de aquellas montañas míticas de otras latitudes, sino “porque Colombia es mi proyecto de vida”. Para él la fotografía no se trata de un hobby, sino “donde encuentro significado hacia dentro”.

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