Tres miradas a la violencia desde el arte colombiano

Clemencia Echeverri, José Alejandro Restrepo y Juan Fernando Herrán, tres consagrados artistas nacionales que a través de sus obras retratan el conflicto armado colombiano, son los protagonistas de la cuarta entrega de los libros de arte de Seguros Bolívar

(Foto principal: Inter faesces et urinam nascimur, 1993. Instalación, esfera de huesos, Juan Fernando Herrán)

Fiel a la tradición de publicar libros de arte, Seguros Bolívar decidió crear desde 2013 una colección enfocada en el arte contemporáneo, que ha incluido nombres de artistas como Doris Salcedo, Miguel Ángel Rojas y María Fernanda Cardozo.

Bajo la dirección editorial de los curadores José Roca y Alejandro Martín, y el acucioso diseño de Tangrama, cada edición viene en una caja que contiene tres libros de los artistas elegidos. Cada libro, además, cuenta con un ensayo escrito por un curador invitado y un ensayo fotográfico que permite acercarse a la obra de los artistas desde una óptica distinta. Sin duda alguna, un legado de primer nivel para todo aquel que quiera conocer acerca del arte contemporáneo nacional.

En esta cuarta edición, los artistas seleccionados fueron Clemencia Echeverri, José Alejandro Restrepo y Juan Fernando Herrán. “La selección no está pensada como un grupo, no existe una relación directa, son tres artistas de distintas generaciones que han investigado diversas formas del conflicto armado colombiano y luego, cada uno tiene una interpretación plástica distinta”, explica el curador Alejandro Martín.

artebolivar3_800x669 Juan Fernando Herrán, ‘Héroes mil’, 2015, Instalación

CUERPO, TERRITORIO Y PODER

En 2015, el interior del monumento de Los Héroes, en Bogotá, acogió Héroes mil, una instalación del artista Juan Fernando Herrán (Bogotá, 1963), compuesta por diez esculturas de madera, que simulaban ser pedestales y guardar en su interior a unos héroes que no se veían. En otro piso, un video recreaba el posible recorrido de dichas esculturas y los eventos de inauguración de cada una. Es, sin duda, “un proyecto que quiere cuestionar la recurrencia y la necesidad permanente de evocar al héroe y su accionar como sustento de nuestra identidad”, según palabras del mismo Herrán.

A partir de esta instalación, los españoles, expertos en arte contemporáneo, Nuria Enguita Mayo y Nacho París construyen el ensayo central del libro para analizar cómo la figura del héroe y el sicario están presentes en sus más recientes obras, como en La vuelta (2012-2014), Testimonios (2009-2014) y Modalidades de vuelo (2014).

Herrán, que estudió una maestría en escultura en el Chelsea College of Art, durante sus primeras etapas utilizó materiales orgánicos como pelo, huesos, estiércol y hojas, para transformarlos y construir formas llenas de símbolos y poesía, como Inter faesces et urinam nascimur (1993), una esfera de huesos recogidos en el lecho del río Támesis, o una obra realizada en 1990, que no lleva título, y que reúne varias esferas de pelo humano y silicona. Martín reconoce que el proceso fue muy enriquecedor, ya que coincidencialmente en 2016 hubo una exposición de las obras tempranas de Herrán en el Museo de Arte de la Universidad Nacional. “Esto no solo facilitó el registro fotográfico, sino que hizo que pudiéramos ir con el artista y ver de nuevo estas obras, algunas modificadas y vueltas a armar”.

artebolivar4_800x669 Juan Fernando Herrán, ‘Sin título’, 1990/2016. Pelo humano y silicona

El nombre del libro, cuenta Martín, “no es tan metafórico como hubiera querido, pero esas tres palabras –cuerpo, territorio y poder– atraviesan este libro y considero que resumen las relaciones que mantiene en cada uno de sus proyectos”.

COMPENDIO

Todo comenzó, hace ya varios años, cuando José Alejandro Restrepo (1959) encontró en un libro del expedicionario francés Charles Saffray un grabado titulado Musa paradisiaca, en el que una mulata aparecía sentada bajo una mata de plátano –recuerdos de sus viajes por la Nueva Granada–. Sin embargo, Restrepo se sorprendió al darse cuenta de que el título no hacía referencia a la mujer, sino al nombre científico del plátano hartón.

A partir de ahí comenzó a cuestionarse aquel lugar pasado y el actual, y luego de una ardua investigación estableció una relación entre el banano y la violencia en Colombia, que dio origen a una de las instalaciones más importantes en la historia del arte latinoamericano.

artebolivar2_800x669 Clemencia Echeverri, Apetitos de Familia, 1998. Dibujo y collage, 150×80 cm.

En la videoinstalación, que lleva el mismo nombre que el del grabado que la inspiró, racimos inmensos de plátano penden del techo de un cuarto en penumbra. En algunos, hay varios monitores de video que pasan imágenes de masacres cometidas en las zonas bananeras del país, reflejadas en pequeños espejos sobre el piso. Los plátanos se van pudriendo y el olor invade el lugar. “En sus montajes a lo largo del tiempo va creciendo en su significación y propuesta estética, no solo por su actualidad política y la lectura del conflicto, sino también por su carácter visionario, adelantado a la neocategoría de bioarte, ahora frecuente en el arte contemporáneo”, explica el curador argentino Jorge La Feria, autor del ensayo central, respecto a los diversos montajes que se han realizado desde 1996 de Musa paradisiaca.

Restrepo, que es considerado uno de los pioneros del videoarte en el país, estudió unos semestres de medicina, luego ingresó a bellas artes en la Universidad Nacional y después se fue a Francia donde aprendió diversas técnicas de grabado y conoció la obra de videoartistas como Gary Hill y Bill Viola. Es importante destacar que en la última década se ha interesado en la iconografía católica, como se evidencia, por ejemplo, en Santa Lucía (2006) y Variaciones sobre el purgatorio (2011).

artebolivar5_600x899 Santa Lucía, 2006. Video-objeto, José Alejandro Restrepo

También vale resaltar que en la parte final del libro hay un capítulo dedicado a la faceta del artista como director de teatro y se pueden ver, entre otras cosas, imágenes del performance que realizó con María Teresa Hincapié (1987) y Ejercicios espirituales (2013), un performance de cuatro semanas con los estudiantes de la maestría de Teatro de la Universidad Nacional, ganador del Premio Luis Caballero.

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