Un recorrido cubista: desde principios del siglo XX hasta hoy

Para algunos el cubismo es una cosa que pasó hace más de un siglo, pero la época que vio nacer las obras de Picasso tiene mucho en común con la nuestra y el legado de uno de los movimientos más influyentes en la historia del arte continúa.

El cubismo es, según Guillaume Apollinaire, el arte de hacer nuevas composiciones con elementos prestados no de la realidad de la visión sino de la de las ideas. Esta definición es pertinente porque a diferencia de la mayoría de definiciones del cubismo, en la de Apollinaire no se habla del movimiento como algo que pasó hace más de un siglo. El cubismo sigue siendo una fuente inagotable de inspiración y expresión incluso en esta época.

París y el nacimiento del cubismo

De 1907 a 1920, un grupo de artistas y escritores en París desarrollaron lo que sería uno de los movimientos artísticos más influyentes de la historia: el cubismo. En las laderas de Montmartre, un expatriado español y el hijo de un pintor de casas empezaron una colaboración y crearon algunas de las obras más innovadoras del siglo XX. Mientras tanto, en el suburbio de Puteaux, un grupo de artistas y escritores se reunían para discutir cuál era la mejor forma de promulgar este nuevo movimiento artístico. Aunque hubo contacto y un intercambio de ideas entre los dos grupos, cada uno desarrolló el cubismo de forma independiente.

Los dos cubistas de Montmartre más famosos fueron Pablo Picasso y Georges Braque, dos artistas que se conocieron en 1907 y al poco tiempo se volvieron amigos. Su colaboración era tan intensa que a veces, incluso para los historiadores de arte, es difícil diferenciar sus obras más tempranas. Trabajaban lado a lado en el estudio de Picasso y allí se les unían poetas, críticos de arte y artistas; Guillaume Apollinaire, André Salmon, Juan Gris y Marie Laurencin. Mientras tanto, otro grupo empezó a reunirse en Puteaux. Dentro de estos cubistas de Puteax estaban los hermanos Jacques Villon, Raymond Duchamp-Villon y Marcel Duchamp, junto a Albert Gleize y Jean Metzinger.

1912 fue un año clave para los dos grupos de cubistas. En Montmartre, Georges Braque se inventó su técnica de ‘papier collé’, que le permitió incorporar en sus pinturas objetos como periódicos, cajas de cigarrillo y cartas. Esta técnica catalizó una transformación en su cubismo y en el de Picasso. Mientras tanto, a los artistas en Puteaux se les unieron una segunda ola de cubistas que incluía a Joseph Csáky, Roger de la Fresnaye, Fratisek Kupka y Henri Laurens. Este grupo preparó la exhibición Cubista más grande hasta la fecha: el Salon de la Section d’Or, que se llevó a cabo en la Galerie la Boétie en octubre de 1912. Para que coincidiera con el inicio de la exhibición, Albert Gleize y Jean Metzinger escribieron “Du Cubisme”, su primer texto teórico que explicaba los orígenes del movimiento. Con estos avances y exhibiciones, poco a poco, el público parisino fue conociendo a los artistas y al cubismo.

Influencias del cubismo: Cézanne, ciencia y el arte africano

Para entender el cubismo hay que entender el ambiente intelectual que lo produjo. A principios del siglo XX, París era el corazón artístico y literario de Europa y atraía gente creativa de todas partes. Se reunían en cafés, salones y bares para discutir sobre arte, filosofía y ciencia. Una cosa que le interesaba mucho a esta gente eran los escritos del matemático Henri Poincaré, principalmente su libro de 1902 Ciencia e Hipótesis en el que explicó en términos generales algunos descubrimientos científicos y matemáticos que habían destruido ideas que se tenían sobre la realidad.

En términos que cualquiera podía entender, Poincaré explicó con detalle los descubrimientos científicos más importantes del siglo anterior. Los rayos X, el descubrimiento del electrón y postulados matemáticos como que los objetos cambian de forma cuando atraviesan superficies irregulares, le probaron a los cubistas que hay realidades que se escapan a la percepción humana y catalizaron el desarrollo del movimiento.

Mientras tanto, las obras de arte de las colonias francesas se mostraban en el Musée d’Ethnographie du Trocadéro, el primer museo antropológico de París y Pablo Picasso estaba fascinado por los objetos que llegaban del oeste y el centro de África. Lo asombraron las máscaras producidas por los Fang en lo que ahora es Gabón y Guinea y las esculturas de los Bateke en lo que ahora es el Congo. El arte africano le enseñó a Picasso cómo las formas podían ser distorsionadas y llevadas a figuras geométricas simples y aun así podían mantener sus significantes esenciales.

Mientras que a Picasso lo influía mucho el arte africano, Georges Braque y otros cubistas como Henri Hayden, Auguste Herbin, Jean Metzinger y Georges Valmiert buscaban inspiración en la obra del pintor postimpresionista Paul Cézanne. Para esos primeros cubistas, el arte de Cézanne era revolucionario porque distorsionaba las perspectivas e inclinaba la superficie de los objetos hacia el espectador. Estas innovaciones artísticas les probaron a los cubistas que había muchas formas de representar las superficies y los espacios para ofrecer una vista del mundo que abarcara mucho más que lo que se podía ver normalmente.

Armados con nuevas formas de ver y pensar el mundo, los cubistas empezaron a traducir estas cosas en una nueva estética. Fracturaron las imágenes y las pusieron dentro de planos que se intersectaban para crear nuevas geometrías que comunicaban las dinámicas que se escondían debajo de la realidad. Aunque el cubismo frecuentemente parecía incomprensible y extraño a su realidad para los espectadores del siglo XX (y todavía para muchos del siglo XXI), la verdad es que le debe mucho a todo lo que estaba pasando en la ciencia, filosofía y política de su época.


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Paul Cezanne. Bibemus Quarry. 1900

Al otro lado: el cubismo americano

A diferencia de París, donde los avances hechos por los grupos de Montmartre y Puteaux se dieron a conocer poco a poco, el Cubismo llegó a Estados Unidos de forma abrupta. En 1913, el Armory Show en Nueva York le ofreció a muchos norteamericanos su primera prueba del movimiento europeo. De febrero a marzo de ese año, la ciudad se llenó de conversaciones sobre el cubismo, un movimiento que le parecía a todo el mundo como algo indescifrable y sin sentido. Incluso el New York Times le dio un golpe a los cubistas cuando publicó una entrevista con Kenyon Cox en la que el pintor se burló del cubismo.

A pesar de la introducción poco sutil al cubismo, los artistas norteamericanos aprendieron a comprender y expandir los desarrollos estéticos de principios de siglo en París. Un año después del Armory Show, la Provincetown Art Association fue inaugurada en Massachusetts. En 1916, más de 200 artistas y estudiantes como Blance Lazelle, Karl Knaths y Kenneth Stubbs habían ido a Provincetown a desarrollar sus propias interpretaciones del cubismo. Aunque los artistas de la Escuela de Nueva York usaron los avances conceptuales del cubismo como trampolines para otros movimientos, en Provincetown el espíritu del cubismo siguió vivo.


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Karl Knaths. Cock and Glove. 1928

Interpretaciones contemporáneas

Así haya pasado más de un siglo, es difícil no encontrar paralelos entre nuestra época y el periodo tumultuoso en el que el cubismo nació. A principios de los años 1900, así como ahorita, la sociedad estaba plagada de nuevas tecnologías y descubrimientos que cambiaron la forma en la que los seres humanos interactuaban. Ahora que nos enfrentamos a las mismas cosas pero de una forma mucho más avanzada, el Cubismo ha regresado como una fuente de inspiración y sabiduría.

Mientras que las composiciones con técnicas mixtas de Robert Marc y el papier collé de Sophia Vari referencian explícitamente las técnicas y el lenguaje visual de los antiguos cubistas, Marcin Dudek y Oleg Kudryashov en cambio usan las bases geométricas del Cubismo para explorar el carácter industrial de las naciones que antes hacían parte de la Unión Soviética. Por otra parte, hay ecos de los experimentos de Braque con el Cubismo Sintético que aparecen en el collage de Morris Barazani y los dibujos de Tom John recuerdan a las formas coloridas de Frantisek Kupka y Fernand Léger. Sin importar cómo escojan reinterpretar el movimiento, los artistas contemporáneos demuestran que el legado del Cubismo perdura en el siglo XXI.


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Lachlan Thom. Blue Steel. 2014

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