Damien Hirst ya tiene galería en Londres

El artista británico Damien Hirst abrió en Londres su propia galería de arte para exhibir “Murderme”, una extensa colección que ha ido acumulando a lo largo de los años. Diners visitó el lugar, que no ha dejado indiferente a la crítica.

Damien Hirst es reconocido en el mundo por sus controvertidas esculturas –sus más famosas incluyen un tiburón embalsamado y sumergido en formol y una calavera humana completamente cubierta en diamantes–. Pero ahora parece no conformarse con su fama de artista y ha develado su faceta de coleccionista.

Murderme (asesíname) es el título de su colección que reúne más de 3.000 obras y que cuenta con grandes nombres como Andy Warhol, Francis Bacon, Tracey Emin, Gary Hume y Richard Prince. Su primera gran exhibición tuvo lugar en la galería Serpentine en 2006. Desde ese momento, el célebre artista inglés fijó su interés en abrir su propio espacio en Londres.

Casi una década después, su deseo se hizo realidad. En octubre de 2015 abrió las puertas de Newport Street Gallery, la galería destinada a exponer su colección. Hirst ha sido un coleccionista obsesivo desde finales de los ochenta y ha combinado el ascenso vertiginoso de los precios de sus obras con su pasión por el arte contemporáneo.

Las reacciones, por supuesto, no se han hecho esperar. La crítica está dividida en si deben llamarlo un genio del arte o un as de los negocios. A pocos metros de la galería apareció un mural –algunos rumores del mundo del arte apuntan a que fue el artista callejero Banksy– que muestra a Hirst con un letrero que dice “Free Entry” (Entrada Libre).

Inmune a sus críticos, el artista presentó su galería al público afirmando que el arte debe ser experimentado por la mayor cantidad de personas posible. “Me sentí culpable de tener tantas obras guardadas en cajas, donde nadie puede verlas. Contar con un lugar donde puedo hacer exhibiciones de mi colección es un sueño hecho realidad. Me da la oportunidad de ser curador, además de artista. No podría estar más feliz”, aseguró el día de la presentación.

En el interior

Llevaba varios meses esperando visitar la galería. Encontrar el edificio no es fácil, queda en una zona callada, donde hay una mezcla de bloques residenciales y pequeñas fábricas, cerca de la estación de Vauxhall, en el sur de Londres. La primera impresión es un edificio muy minimalista, de líneas limpias y de carácter austero. Nada en común con mi idea de Damien Hirst y su predilección por el impacto visual.

En el primer piso, con grandes ventanales que miran hacia la calle, está la recepción de la galería y la tienda. Los dos son espacios generosos. Como es de esperar, la tienda ofrece obras y mercancía de Hirst, pero también de artistas de su colección. Es una tienda de museo más que una galería, pero con el sello de Hirst. Entrar es una experiencia divertida, pero al mismo tiempo ofrece un mensaje rebelde.

La galería tiene más de 3.000 metros cuadrados y se construyó al conectar cinco edificios contiguos; el más antiguo data de 1913. El diseño fue realizado por la firma Caruso St John, que creó una sala principal de once metros de altura y cuatro salas secundarias, además de un restaurante y una tienda. Tres de los espacios originales servían como estudios de pintura para escenarios de teatro, lo que le da a la galería detalles históricos que los arquitectos decidieron conservar.

La atmósfera de la galería –como la obra de Hirst– es clínica e impecable. De la recepción uno puede entrar a las salas o subir por una elegante escalera de madera al café. La sensación del espacio es de calma y amplitud, la iluminación aprovecha al máximo la luz natural, pero cuenta también con un sistema de última generación para resaltar detalles de los trabajos exhibidos en el espacio. Aunque la galería tiene un equipo de producción que envidiaría cualquier artista, Hirst se empeña en supervisar la operación personalmente.


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Como curador, este artista tiene también una larga historia desde sus años como estudiante de arte en Londres en 1988, cuando hizo parte de la legendaria exposición titulada Freeze. Ahora está dedicado a pensar en las exhibiciones de su colección, además del restaurante que bautizó La Farmacia, decorado con sus obras hechas con píldoras y cajas de medicamentos.

Este restaurante es otra de sus pasiones. Después de caminar por las salas del primer piso, mi curiosidad hizo que cruzara de nuevo la recepción para buscarlo. Está claro que aunque hace parte de su galería, se convertirá en un destino obligado de los turistas y los entusiastas de la gastronomía en Londres.

Para La Farmacia, Hirst se asoció con uno de los chefs más afamados de la ciudad, Mark Hix. Es solo allí donde uno puede encontrar algunas de sus creaciones más famosas –dos de mis favoritas son los gabinetes de medicinas y los caleidoscopios con mariposas–. Además, los diferentes platos y la lista de cocteles hacen referencia a los trabajos de Hirst, creados bajo la estricta supervisión de Hix.

Entre Holland y Koons

La primera exposición en la galería –una retrospectiva sobre el pintor inglés John Holland– no tuvo una buena acogida. El crítico de arte Jonathan Jones no solo descalificó a Hirst como artista diciendo que desde hace tiempo había perdido su camino, sino que además lo describió como un coleccionista sin visión alguna. “Si Hirst quiere transformar la manera en que entendemos la historia del arte contemporáneo, definitivamente tiene que preguntarle a alguien más qué es lo que debe comprar y mostrar en su galería”, escribió Jones para el periódico británico The Guardian.

Las opiniones no podían estar más divididas. Con la segunda exposición decidió responder con más contundencia a sus críticos. Hirst sacó un as de su manga, presentando una de sus colecciones más importantes: la del artista americano Jeff Koons, que abarca más de 35 años de su carrera.

La muestra, titulada Now (Ahora), es quizás una de las exposiciones más importantes del artista americano en los últimos años. Se exhiben más de treinta pinturas, obras sobre papel y esculturas, desde los primeros trabajos del artista en 1974 hasta lo más reciente, producida en 2014; están presentes , además, parte de sus series más destacadas: Inflables, El nuevo equilibrio, Lujuria y degradación, Hecho en el cielo, Popeye y Hulk Elvis, entre otras.

Las salas principales están dedicadas a dos de los trabajos de mayor tamaño de la exposición: Balloon Monkey (Blue) – Mono de globos (azul) 2006-2013 y Play-doh 1994-2014. El primero, con casi cuatro metros de altura, resulta impresionante. La serie de globos de Koons –basada en las figuras de animales hechas con globos inflables– es una de sus más famosas, al ser hecha totalmente en aluminio, con unas dimensiones que sobrepasan de lejos la escala humana. La superficie de espejo no solo refleja los visitantes de la galería, sino que también transforma el espacio. Es difícil resistir la tentación de acercarse e intentar tocarla. Le di varias vueltas buscando una oportunidad bajo la mirada vigilante del supervisor de la sala, pero decidí seguir al segundo piso. La premisa de la obra de Koons se hizo patente: “Mira, pero no toques”.


mono_800x669 Jeff Koons. Balloon Monkey Wall Relief (2011)

 

En el segundo piso están tres salas adicionales, también iluminadas por la luz que entra por las ventanas del edificio. Hay un corredor elevado que cruza la sala principal donde está el mono azul, que conduce al segundo trabajo de gran formato de la exposición. Play-doh es igualmente famosa y la preferida por los visitantes más jóvenes –me alegró saber que Hirst invita a varios de los colegios del sector a ver todas las exposiciones de la galería–. Esta obra, como en el caso del gran mono y la serie sobre el equilibrio, es una copia detallada –también a gran escala– de una pila de plastilina. Su realización en aluminio, producto de meses de experimentación, y la compleja producción de los colores causan una fascinación indescriptible, que ciertamente cautivó a Hirst. La muestra estará abierta hasta el próximo 16 de octubre. Ya veremos con que nos vuelve a sorprender uno de los artistas británicos más irreverentes, pero desde su faceta de galerista.

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