Con Wilson… anotaciones, artistadas e incidentes

Un trabajo de investigación a profundidad sobre un artista polémico que ha marcado la pauta en Colombia: Wilson Díaz.

Transhistor(ia). Por María Sol Barón y Camilo Ordoñez

María Sol Barón y Camilo Ordoñez –el equipo de Transhistor (ia) – son conscientes de que este libro es para muchos el primer encuentro que tendremos con Wilson Díaz. Un artista del Huila que inició su carrera a finales de los ochentas y que ha llevado su práctica artística a un punto tan extremo que algunos, incluso ellos mismos, se preguntaron en un momento si eso que él hacía era arte.

Desde el mismo prólogo proponen hacer una revisión a una obra que dejó de lado y puso en riesgo ciertos convencionalismos políticos y artísticos fáciles de digerir. Una obra con mucha resonancia dentro del medio y que, gracias a que fue objeto de censura en una exposición de la cancillería colombiana en Londres apoyada por el Ministerio de Cultura, logró salirse de la esfera artística. No era para menos, la pieza “Los rebeldes del Sur” (2007), un video donde aparece el grupo vallenato de las FARC –que el artista grabó cuando fue invitado a una participación cultural en la zona distención del Caguán–, y empezó a circular como una supuesta propaganda política de la guerrilla. Una polémica que desató todo un revuelo mediático y que hizo que por primera vez un público ajeno al arte se preguntara quién era este artista y cuál era el sentido de su obra.

Estas son justamente las preguntas que desbordan las más de 400 páginas de “Con Wilson… anotaciones, artistadas e incidentes”. Tres capítulos que a plena vista constituyen un esfuerzo –me imagino que de meses– de revisión de un archivo que excede el documento mismo, catálogos y los pocos artículos de prensa existentes. Un archivo que se compone también por horas de conversaciones y por la misma memoria del artista que aparece en ciertos apartados de toda la investigación.

A primera vista, la decisión de los autores no fue únicamente la de hacer un análisis riguroso sobre una producción de más de dos décadas. Y, aunque es un libro que le apuesta a una revisión histórica de la obra, tampoco quiere marcar y responder a una línea cronológica. Seguramente esa fue la principal dificultad de toda la investigación. ¿Cómo dar cuenta de una trayectoria cuando una obra orbita alrededor de otra? ¿Cómo entender que las imágenes de antejardines hechos con matas de coca y perfectamente podados son del mismo artista y se relacionan con el muro de dibujos de eyaculaciones de semen que realizó 15 años atrás? La tarea era la de comprender cómo las inquietudes iniciales de Díaz se potenciaban en cada uno de sus trabajos posteriores.

Los análisis realizados en el libro dan cuenta de ello. Fallas de Origen, una instalación basada en la casita roja de Davivienda y donde se le hace una crítica como símbolo de ahorro y progreso, hoy sigue siendo tan actual como la primera vez que la presentó en el Salón Nacional de Artistas en 1998. Por otro lado, vemos cómo esas acciones performativas de los años ochenta y noventa tienen un eco y dan origen a su trabajo con Helena Producciones, un colectivo de artistas que en 1997 creó el Festival de Performance en Cali. Además, desde el segundo capítulo logran retratar cómo este trabajo en grupo fue necesario para una generación que se fortaleció en medio de una de las etapas más convulsivas de nuestra historia. Fueron ellos quienes tuvieron que preguntarse qué tipo de obra era posible realizar en un país que en 10 años pasó a tener un florecimiento de la economía por dinero del narcotráfico, a una recesión causada por políticas neoliberales y de apertura de la economía nacional.

Por ello, cada uno de los apuntes y respuestas que nos ofrecen en estas páginas hacen que la publicación resulte fundamental. Y, aunque en ocasiones, la misma revisión pareciera ser agotadora ya que predominan las descripciones minuciosas de casi todas sus obras, es evidente que la intención de los autores era que el trabajo se fuera desplegando por sí mismo. El discurso, a diferencia de mucho libros de historia y crítica del arte, sale de la obra misma y renuncia a justificaciones teóricas que la convierten en excusa o simples imágenes a pie de página. Aquí no se está hablando de categorías tan desdibujadas como pueden ser lo “contemporáneo” o lo “global”. Se está hablando de cómo la obra de Díaz hace evidente de manera tan brutal una situación actual.

Este es el mayor acierto de Ordóñez y Barón. Una apuesta y un esfuerzo por mostrar cómo a través de cierta cosas tan específicas se puede contar la historia de una época y de su generación. Aún así, después de la lectura me pregunto por aquellos hechos y análisis a los que renunciaron en la escritura. No sé si en esta decisión de enfocarse tan específicamente en la producción hace que ese intento por organizar una constelación no se aprecie por completo. En ocasiones se presupone un lector conocedor de un contexto local. A mí me queda la curiosidad en ciertos apartados sobre algunas de las dinámicas que se tejen alrededor para que una obra como la de Díaz sea posible hoy –seguramente la respuesta a ello será un ensayo o una exposición que aún está por realizarse y que solo será viable después de toda esta investigación.

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