La sociedad de los poetas muertos

José Asunción Silva, Porfirio Barba-Jacob y León De Greiff, son algunos de los más renombrados poetas de la historia colombiana. Disfrute aquí algunos de sus poemas más destacados.

Publicado originalmente en la edición 342, septiembre 1998

José Asunción Silva

A pesar de su corta vida nació en Bogotá en 1865 y a los 31 años se suicidó de un disparo en corazón. Su producción es considerada como un hito en la historia de la poesía colombiana, entre otras cosas, la encargada de abrir el camino a la modernidad. El autor de los célebres Nocturnos fue uno de los bogotanos más cultos de su siglo, dueño de una exquisita sensibilidad.

Y aunque es casi siempre quien más rápido aparece en la mente de lectores académicos y escritores cuando se les pregunta sobre el más grande poeta colombiano, entra posteriormente disputarse ese subjetivo honor con Porfirio Barba Jacob y con Aurelio Arturo. Entre sus obras más destacadas están El libro de versos, Poesías completas y su novela De sobremesa, considerada por muchos como autobiográfica.

Nocturno III
Una noche,
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música
de alas,
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas
fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
muda y pálida
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el más secreto fondo de tus fibras se agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz
blanca,
y tu sombra
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectadas
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban
y eran una
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!

(..)

Porfirio Barba-Jacob

Su verdadero nombre fue Miguel Ángel Osorio Benítez. Nació en 1883 en Santa Rosa de Osos, Antioquia, pero en la juventud se dedicaría a la errancia por el país y el extranjero (toda Centroamérica, Estados Unidos y Perú). Terminaría en México, donde murió en 1942, no sin antes ser conocido por su forma compulsiva de fundar periódicos y universidades, y por su leyenda oscura de “poeta maldito”, surgida en gran parte por su abierta y retadora muestra de homosexualismo y de afición a la marihuana.

Existe un consenso casi general sobre las grandes alturas alcanzadas por su poesía desgarrada y profunda. Para García Lorca, Barba era “el primer lírico del primer cuarto de siglo americano”. Su poema más conocido es Canción de la vida profunda.

Canción de la vida profunda

El hombre es una cosa vana, variable y ondeante
Montaigne

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar…
Tal vez bajo otro cielo la dicha nos sonría…
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña oscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.
(…)

Aurelio Arturo

Nacido en Nariño en 1906, este abogado de profesión se desempeñó con discreción en las leyes pero asomó entre los grandes de la poesía. Su libro Morada al sur, el único que alcanzó a ver publicado en vida, lo dio a conocer al obtener el premio nacional de poesía Guillermo Valencia. Olvidado durante años, Arturo no deja de obrar milagros actualmente a través de su poesía.

“Los días que uno tras otro, son la vida”, escribió. Fue funcionario cultural de Colombia y de la Embajada de los Estados Unidos, también catedrático universitario y traductor de poesía, especialmente de contemporáneos de habla inglesa. Cuando murió en 1974 en Bogotá, Danilo Cruz Vélez dijo: “Con la muerte de Aurelio Arturo… se hunde por segunda vez en la sombra la promesa de un poeta colombiano de significación universal. La primera vez fue en 1896, año en que muere Silva”

Morada al sur

II
Y aquí principia, en este torso de árbol,
en este umbral pulido por tantos pasos muertos,
la casa grande entre sus frescos ramos.
En sus rincones ángeles de sombra y de secreto.

En esas cámaras yo vi la faz de la luz pura.
Pero cuando las sombras las poblaban de musgos,
allí, mimosa y cauta, ponía entre mis manos,
sus lunas más hermosas, la noche de las fábulas

León De Greiff

Uno de los poetas más cultos, polémicos y provocadores de su tiempo, impactó a varias generaciones con creación de un sonoro lenguaje poético. Nació en Medellín en 1895 y murió en Bogotá en 1976. Fue el fundador de la revista de vanguardia Panida con el grupo de Los Nuevos, diplomático en Suecia y ocupó varios cargos relacionados con su profesión de estadístico.

Pero su imagen más recordada es la de “director de orquesta” en las míticas tertulias del Café Automático. Dentro de su producción se destacan Tergiversaciones (1925), Libro de signos (1930), Variaciones alrededor de nada (1936) y Fárrago (1954), así como Prosas de Gaspar, la recopilación de algunos de sus trabajos en El Espectador y en la HJ.C.K.

Balada del mar no visto,
Ritmada en versos diversos

No he visto el mar.
Mis ojos
-vigías horadantes, fantásticas luciérnagas;
mis ojos avizores entre la noche; dueños
de la estrellada comba;
de los astrales mundos;
mis ojos errabundos
familiares del hórrido vértigo del abismo;
mis ojos acerados de viking, oteantes;
mis ojos vagabundos
no han visto el mar…

La cántiga ondulosa de su trémula curva
no ha mecido mis sueños;
ni oí de sus sirenas la erótica quejumbre;
(…)

Raúl Gómez Jattin

Descendiente de libaneses, nació en Cereté en 1945 y murió en Cartagena en 1997. De enorme estatura una manera desparpajada a la vez que histriónica de decir las cosas, fue uno de aquellos poetas dos “malditos” por su afición a las drogas, de la que hizo alarde y que produjo su muerte tras vivir en Cuba intentando curarse de una esquizofrenia maniaco-depresiva.

Su obras más importantes –entre las que se cuentan Tríptico ceretano, Hijos del tiempo y El esplendor de la mariposa– las concibió, sin embargo, en sus momentos de lucidez, extraordinaria por cierto, donde su atención por la moral social que lo juzgaba tan duramente y su lucha contra la muerte son evidentes. También escribió para teatro y realizó adaptaciones de obras de Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda Samudio, entre otros.

De lo que soy

En este cuerpo
en el cual la vida ya anochece
vivo yo
Vientre blando y cabeza calva
Pocos dientes
y yo adentro
como un condenado
Estoy adentro y estoy enamorado
y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
y el resultado es especialmente doloroso
Voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
Voces quebradas: pasaron ya tus días

La poesía es la única compañera
acostúmbrate a tus cuchillos
que es la única.

Datos tomados del libro Quién es quién en la poesía colombiana, de Rogelio Echavarría, editado por El Ancora Editores y el Ministerio de Cultura.
Investigación: Enrique Patiño
Septiembre 1998

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