Biodanza, una terapia distinta

“A nadie le quitan lo bailao”, podría afirmarse con certeza de esta singular disciplina terapéutica. Desde la resolución de traumas afectivos hasta el mejor rendimiento sexual forman parte de sus posibilidades.

Revista Diners de mayo de 1998. Edición 338

El término biodanza es relativamente nuevo. En Europa empezó a utilizarse -y a practicarse- hace tan sólo unos años. Por eso no es extraño que aquí en Colombia la gente no discierna si es un nuevo baile brasilero o una especie de homeopatía bailable. Sin embargo, esta disciplina va más allá del simple “bailoteo”, es una propuesta para conectarse con el cuerpo por medio de la música y trabajar emociones, traumas y hasta carencias motrices. A simple vista los “practicantes” de biodanza experimentan desde la primera sesión sensaciones tales que les permiten dejar de lado el estrés, se “sumergen” de manera consciente en un mundo donde el contacto humano -se tocan, se abrazan, se aproximan, pero no desde un contexto diferente del afecto- es absolutamente desprevenido.

La música

Hay conceptos errados sobre cuáles son los ritmos musicales que se utilizan en las sesiones de biodanza. Debido a su propuesta terapéutica, se tiende a creer equivocadamente que los ritmos empleados son los que están comprendidos dentro del especializado manto de la “nueva era”. Pero a raíz del “descubrimiento” de la semántica musical -que estudia cuáles son los efectos que producen en el ser humano los diferentes géneros musicales que se escuchan en la vida cotidiana se logran, con todo tipo de melodias-, efectos integradores, se trabajan traumas que tienen raíces en el pasado o comportamientos que impiden al individuo socializarse, como lo son la la falta de autoestima, el pánico a la soledad, el temor a morir y hasta el miedo de envejecer.

Por ejemplo, para tratar “problemas” que se creen olvidados se utiliza música de Piazzola (que según la semántica musical simboliza los recuerdos más antiguos), para transmitir alegría se usa música flamenca e incluso vals.

El origen

La biodanza fue creada en 1960 por el antropólogo y sociólogo chileno Rolando Toro. Él llegó a la conclusión de que los niños con problemas de aprendizaje eran niños con problemas de ritmo, de movimiento y de ubicación corporal en el espacio. Por ello, empezó a trabajar el ritmo con la música, los y los pequeños fueron mejorando con sencillas rondas. Años más tarde, Toro se vinculó a la Facultad de Sicología de la Universidad Católica de Chile donde trabajó con enfermos mentales. Halló que al colocarles ritmos suaves, los brotes sicóticos y los delirios de persecución aumentaban, y los pacientes se disociaban; con ritmos musicales alegres y fuertes- colocaba a los enfermos mentales a bailar unos con otros- se conseguía una notable mejoría. Toro también comprobó que sus “hallazgos musicales” eran igualmente aplicables a personas sin problemas. El chileno ha viajado por Europa y ha creado escuelas donde propagan esta terapia de “danzar la vida”.

Por eso, la biodanza es una propuesta de Latinoamérica para el mundo, con la que gracias a diferentes estímulos musicales se explora el interior de una persona, afirma Myriam Sofia López, y directora de la Escuela Colombiana de Biodanza (se entrenó durante cuatro años como instructora en diferentes escuelas de Perú, Brasil y Argentina).

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