Marilyn Monroe: 47 pastillas de Nembutal ¿o una razón de Estado?

Retomamos este texto de archivo al cumplirse 55 años de la muerte de Marilyn Monroe. La pregunta sigue latente, ¿fue un suicidio?

Revista Diners de julio de 1978. Edición Número 100.

El 5 de agosto se cumplieron 16 años de la muerte de Marilyn. ¿Fue un suicidio? Todo el mundo lo asegura desde entonces. Se sabe que la actriz se había acostado temprano la víspera, después de una agria disputa con su encargado de prensa. Se sabe también que su dama de compañía la llamó a media noche a través de la puerta; que al no recibir respuesta alguna, llamó al doctor Greenson, psicoanalista de la actriz.

Para entrar en la alcoba, éste tuvo que romper un vidrio. Marilyn estaba desnuda sobre la cama. Con una mano crispada sujetaba el teléfono. Sobre la mesa, vacíos, había media docena de frascos de somníferos. ¿Cómo dudar de un suicidio?
A nadie se le había ocurrido demostrar lo contrario.

Pero apareció un libro que plantea, con pruebas, una hipótesis distinta y pide que el expediente sobre la muerte de Marilyn Monroe sea abierto de nuevo. Su solo título es atrevido: “Encuesta sobre una muerte sospechosa”.

Periodista cazador de chismes, agente publicitario, guionista, Robert Slatzer, autor del libro, es una de esas aves típicas de la fauna de Hollywood, que anda siempre merodeando en torno a los estudios a caza de oportunidades. Pero era amigo de Marilyn. Amigo, confidente, amante eventual (en alguna ocasión pasó con ella un loco weekend en México). Durante 16 años.

Y ahora sostiene estuvo 12 años más recogiendo datos, investigando paciente y sigilosamente las circunstancias de su muerte. Lo que plantea, de ser cierto, provocaría un escándalo mayor que el de Watergate.

Marilyn y Bob Kennedy

Slatzer no anda con rodeos. Según él, Bob Kennedy, entonces Ministro de Justicia, era el amante de Marilyn. El chisme es conocido en el mundo entero. Pero Slatzer lo lleva más lejos. Afirma que el hermano del presidente Kennedy le había prometido a la actriz casarse con ella, que Marilyn lo había creído… y que a partir de aquel momento se había vuelto virtualmente un problema de Estado.

Después de su muerte, influencias misteriosas habrían mediado para suprimir pruebas, desviar pistas y presionar testigos. El propio Slatzer habría sido amenazado mediante una llamada anónima: “Si el libro sobre la Monroe sale, usted es hombre muerto…”.
Como en una novela policiaca, todo lo que rodea el caso Marilyn está envuelto en sombras y amenazas. El autor del libro sostiene que pocos días antes de que la actriz apareciera muerta, los dos habían tenido una cita en una desierta playa de California. Marilyn estaba aterrada.

En aquel momento, su idilio con Bob Kennedy había sufrido una brusca interrupción. El Ministro, que semanas antes le había hablado de matrimonio, ahora había cambiado el número de su línea privada y ella no tenía manera de ponerse en contacto con él.

En el curso de aquella entrevista entre la actriz y su confidente, éste le preguntó si era la amante de John Kennedy, rumor que corría en los medios de Hollywood. Marilyn lo habría mirado fijamente: “Esto no lo diré nunca”.

Al lado de estas cuitas personales, la actriz estaba preocupada por sus compromisos cinematográficos. La Fox estaba a punto de despedirla porque había fallado a 26 convocaciones para la filmación de “Somethings got to give”, en un mes.

Su carrera llegaba entonces a un punto decisivo. Marilyn tenía 36 años. Se estaba filmando su película número 30. No había tenido ningún “Óscar” pero su nombre en las carteleras todavía producía millones a los productores. Era considerada como la primera estrella, el “símbolo sexual” de Norteamérica.

Había tenido tres maridos: un agente de policía, el ídolo del béisbol Joe Di Maggio y el escritor Arthur Miller, un matrimonio tan insólito para muchos como habría podido ser el de Brigitte Bardot con Jean Paul Sartre. A pesar de sus gastos desordenados, sus finanzas personales andaban bien.

Acababa de comprarse una gran casa en Beverley Hills, que había decorado con motivos mexicanos. La inquietaba un fantasma: la edad. “Tiemblo cuando me veo delante de un espejo o cuando observo el péndulo de un reloj”, le había dicho a Slatzer. El tiempo era su enemigo.

Cierto también: tomaba Nembutal de manera sistemática para dormir. Como muchas otras actrices. “Pero —sostiene Slatzer— jamás he creído que ella voluntariamente quisiera suicidarse. Creo que había sido sutilmente condenada a muerte”.

Para probarlo, reconstruye sus cuatro últimos días.

Sus últimos días

Miércoles, 1 de agosto. Slatzer sostiene en su libro que Marilyn Monroe lo llamó por teléfono en la tarde. Le contó que había sido visitada por su medico, el doctor Kyman Engelberg. No dijo por qué motivo. Refirió que no había podido localizar por teléfono a Robert Kennedy y le pidió a Slatzer que averiguara donde podría encontrarse el Ministro de Justicia durante el siguiente week-end.
El jueves 2, Slatzer llama por teléfono a Marilyn y le informa que Bob Kennedy debe encontrarse en San Francisco aquel week-end. Promete volverla a llamar el sábado o el viernes.

El viernes 3, Marilyn llama desde una cabina pública a Slatzer. Sigue sin poder comunicarse con Bob Kennedy. “Si sigue huyéndome, estoy decidida a hacer una conferencia de prensa para hablar de los dos… de nuestros proyectos”.
La dama de compañía de la actriz llama al doctor Engelberg para que la atienda, pues está muy nerviosa. Este le prescribe Nembutal para dormir.

El sábado 4, Mrs. Murray llega a la casa hacía las 9 de la mañana. Pat Newcombe, encargado de prensa de la actriz, duerme todavía. La actriz no almuerza. En la tarde, Mrs. Murray llama al doctor Greenson, el psicoanalista, inquieta por una pregunta que le ha hecho Marilyn: “¿Hay oxígeno?”. Nadie sabe lo que quiere decir.

El psiquiatra se entrevista con ella durante una hora. El doctor Peter Lawford, cuñado de los Kennedy, llama a Marilyn a las 7 de la noche para invitarla a casa. Ella rehúsa. “No me siento bien, voy a acostarme”.

El resto es el testimonio de Mrs. Murray:
“Me levanté en plena noche, no sé a que hora. Salí al corredor y vi el hilo del teléfono que asomaba bajo de puerta de Marilyn. Para mí esto era un mal indicio. Jamás llevaba el teléfono dentro del cuarto.

Llamé al doctor Greenson. Este me sugirió que golpeara en la puerta. Lo hice. Nadie contestó. La puerta estaba cerrada con llave. Entonces traté de mirar por la ventana. Descubrí que la señora Monroe estaba acostada boca abajo, desnuda. Me precipité al teléfono y llamé de nuevo al doctor Greenson. Venga inmediatamente, le dije”.

Con una vara de remover leños, tomada de la chimenea, el psiquiatra rompió un vidrió de la ventana. Entró, luego se volvió hacia Mrs. Murray: “Creo que la hemos perdido”, dijo; ya en aquel momento, el cuerpo de Marilyn Monroe tenía una rigidez cadavérica.

Perplejidades

Slatzer pretende dar especial significado a discrepancias de testimonio. Para la dama de compañía, la actriz estaba acostada sobre el teléfono. Según el psiquiatra, tenía la mano crispada en el cuadrante.

Otro punto misterioso: después de la llegada del doctor Engelberg y de los dos practicantes, se esperó varias horas antes de dar aviso a la policía, lo que se hizo sólo a las 4:25 de la mañana. El sargento Clemens, oficial de policía que estaba aquella noche de servicio, encontró en la casa un “ambiente muy extraño, como si todo hubiese sido cuidadosamente preparado”.
¿Dónde se encontraba en aquel momento Robert Kennedy? Él mismo y sus amigos declararon que aquella noche del 4 de agosto se encontraba en otro Estado. Pero Slatzer no es de la misma opinión, en apoyo de su tesis, cita el testimonio de una mujer cuya madre se encontraba, el sábado en la tarde, en una casa vecina de la de Marilyn Monroe, jugando cartas.

Una de las jugadoras habría reconocido perfectamente, ante la casa, la silueta y el rostro del hermano menor del presidente Kennedy. Slatzer afirma que una indagatoria del Ministro de Justicia fue registrada en Los Ángeles, y mantenida en secreto.

Otra anomalía: el informe de la autopsia, hecho por el doctor Nogushi, ha desaparecido misteriosamente y sustituido por otro, reconstruido de memoria. El capítulo consagrado al sistema digestivo indica que el estómago estaba vacío. Ahora bien, se ha sostenido que Marilyn habría ingerido 47 pastillas de Nembutal.

El doctor Nogushi considera que es normal que no se haya encontrado ninguna huella de las cápsulas ingeridas, pues éstas debían encontrarse en el intestino. Sin embargo, en aquella época no habían medios técnicos para efectuar análisis minuciosos en esta parte del cuerpo.

Otra irregularidad señalada por Slatzer es que la autopsia no indica si se habían observado en el cuerpo rastros de inyecciones recientes. Aparentemente, Slatzer sugiere que la muerte de la actriz habría podido ser producida por una inyección y no por somníferos.

El autor del escandaloso libro revela también que las cuentas de teléfono de Marilyn Monroe, correspondientes al mes de agosto de 1962, han desaparecido. ¿Por qué? Antes que el propio Slatzer, ya Norman Mailer, en su famoso libro sobre Marilyn, había deslizado la hipótesis.

¿Intervino la CIA en el caso? Slatzer sostiene que él y Marilyn hablaron de la CIA y de Bob Kennedy durante la última entrevista que sostuvieron en una playa de California. “Bob —le habría referido la actriz—, me dijo alguna vez que era lo suficientemente poderoso como para quitarse de encima personas que pudiesen estorbarlo”.

Por todas estas razones Robert Slatzer propone que una nueva encuesta sobre la muerte de Marilyn Monroe se abra sin dilación. Se trata de saber, en síntesis, cuál sería la real causa de su muerte: 47 píldoras blancas de Nembutal, o simplemente una razón de Estado.

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