“Neruda representaba todo lo que yo no quería ser”: Darío Jaramillo Agudelo

Un sentimiento cruzado de admiración y distancia expresa el reconocido poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo, por el célebre poeta chileno Pablo Neruda. Otra visión de la obra de Neruda.

Revista Diners de julio de 2004. Edición Número 412.

Neruda fue el último dinosaurio de la poesía en castellano. Cuando yo era poeta joven –de esto hace varias juventudes-, a los fines del decenio de 1960, Neruda representaba todo lo que yo no quería ser. Poeta oficial de la más políticamente correcta izquierda de su época, nimbada entonces por las aureolas heroicas de la guerra española y la naciente revolución cubana, poeta con partido, poeta candidato a Presidente, poeta de todo el tiempo, Neruda super star.

Poeta con los reflectores encima: veinte años largos antes de lo que cuento, poco después de 1940, los periódicos siguieron las andanzas de Neruda por Colombia como hoy registran las giras de los cantantes de moda. Poeta militante, poeta prolífico, poeta personaje: fue el último poeta celebridad; después del boom, el sistema de estrellas de primera página quedó reservado para los novelistas. La poesía fue salvada de los reflectores y pudo volver a sus más propias tinieblas o penumbras.

Desde su muerte, y aun antes, la poesía se replegó y recuperó su carácter secreto, de ediciones que circulan milagrosamente, de lectores devotos e íntimos. Ya no hay poetas profesionales, ni poetas públicos, ni poetas políticos. Hoy los poetas son individuos que no figuran en el comercio de las celebridades, pero que publican libros y que tienen lectores; y aunque –en el presente- el arquetipo del poeta está en las antípodas del personaje Neruda, la existencia actual de lectores se debe en buena parte a la poesía de Neruda. Y Neruda es, todavía hoy, la mejor puerta de entrada a la lectura de poesía; como los adolescentes de ayer, los que hoy buscan un primer libro de poemas para leer, desembocan en los Veinte poemas.

Por mi parte, tuve que esperar varios años después de su muerte para acercarme a los poemas de Pablo Neruda sin el estorbo de su figura de poeta militante. Ahora percibo que mi sensibilidad poética no es muy a fin a la de Neruda, solo que antes creía que esta diferencia era un obstáculo para llegar a su poesía tan desbordada, y ahora creo que el aprendizaje menos esperado –y por lo mismo el más gratificante- es el que obtenemos de aquellos que captan el mundo desde un ángulo diferente del propio.

Pasé algunos años detestando el personaje Neruda y convencido de que su valor como poeta radicaba en dos momentos de iluminación rodeados de maleza, estridencia mamerta y pompa narcisista. Estaba equivocado, no en cuanto a esas dos cumbres, Veinte poemas de amor y una canción desesperada y Residencia en la tierra. Porque Veinte poemas sigue siendo un hermoso libro, que ya ni siquiera es de Neruda, sino que esos poemas son ahora parte de la entraña de la educación sentimental latinoamericana; con ellos Neruda logró convertirse en clásico, destino que consiste en inventar la partitura de todos. Y Residencia es un libro fundamental de la poesía escrita en castellano durante el siglo XX. Estaba equivocado respecto del resto de su obra.

El poeta Neruda es desbordante, es una fuerza de la naturaleza. Mientras vivió, muchos poetas sucumbieron a su retórica avasallante y se convirtieron en sus epígonos; el continente entero está lleno de ecos de Neruda, poetófago, devorador de poetas, hueco negro. Su rasero es el exceso: es el mago que saca imágenes de su mollera, y sin poder detenerse, confundiéndolas, también saca bisutería. Le gusta el brillo y se sabe virtuoso; por lo mismo, no controla los peligrosos del virtuoso, que no siempre sirve a la poesía sino que pone la poesía a su servicio, o al de su causa o su partido.

Cuando está en las antípodas del megáfono, cuando Neruda es íntimo, es el mejor Neruda, como Odas elementales y Nuevas odas elementales. Mi gusto personal tiene que hacer un esfuerzo, ampliamente compensado por su energía arrolladora, y así puedo leer, empequeñecido por su verbo fulgurante, libros como Estravagario, Cien sonetos de amor, Arte de pájaros y Jardín de invierno. Y mientras el poeta político trasladó su estridencia a la retórica de la arenga y el aún sobreviviente discurso veintejuliero, el más íntimo Neruda perdurará, ya como clásico, en el corazón de todos los amorosos lectores de poesía.

Articulos Relacionados

  • Detrás de la portada: septiembre y nuestro gran especial de yoga
  • Galería: ¿Quiere convertirse en un personaje de Pixar?
  • El regreso, el dolor y la melancolía representados en desnudos artísticos
  • ¿Ya vio ‘La mujer que bota fuego’, el nuevo video de Manuel Medrano?