Adiós a las utopías

Tras el desbarajuste de las grandes ideologías, los ideales de las nuevas generaciones de Colombia se han esfumado. Un texto de 1994 que se acopla a la actualidad.

Sus ideas políticas son débiles o confusas, o inexistentes. La ecología, una de sus preocupaciones. El bienestar económico parece ser el nuevo Dios.

Un interrogante desazona a los adultos: ¿Dónde fueron a parar aquellas famosas utopías que movieron el mundo durante este siglo? Basta mirar hacia Colombia, con sus particulares circunstancias, para tener un asomo de respuesta ¿Utopía? ¿Qué es eso?, exclaman los jóvenes perplejos ¿Ese no es el nuevo Renault importado?

Es probable que, tras el derrumbe de los grandes esquemas ideológicos y su dispersión en mil derivaciones y sub-derivaciones, ahora solo se puede hablar de esos pichones de utopía que son los ideales. Aun así, la pregunta sobre en qué están creyendo nuestras nuevas generaciones tiene validez. En general, hoy día los jóvenes se inclinan ante el frío y pragmático pedestal del éxito económico. Este les sirve de filosofía, de utopía, les sirve para reemplazarlo casi todo. Sin embargo, además de esa sed de comodidades y triunfos sociales de libre empresa resplandeciente, los muchachos colombianos deben tener un conjunto de ideales que, por lo menos, los atraigan en estos tiempos. ¿Cuáles pueden ser? He aquí una simple y rápida aproximación a lo que se les escucha en universidades, colegios y calles.

DELIRIO ECOLÓGICO

El mundo entero se preocupa cada día más por el medio ambiente. Nuestro país no es la excepción. Un poco por moda, pero también porque los efectos del deterioro empiezan a sentirse. A nuestros jóvenes los inquieta realmente la depredación ecológica, ya no solamente la contaminación y la disminución de la capa de ozono. Consideran que el meollo del asunto está en replantear la relación del hombre con la naturaleza, en aprovechar mejor los recursos explotándolos sin destruirlos.

La mayoría comienza a introducir en las conversaciones el tema de nuestra riqueza biológica, el de la Amazonía como pulmón universal Y el del reciclaje de basuras. Han tomado fuerza varias agrupaciones juveniles preocupadas por la preservación del medio ambiente.

LA PAZ

De muerte en muerte, la paz se ha convertido en una obsesión colombiana. Los jóvenes, al menos en las ciudades, ya no ven en la guerrilla ninguna opción filosófica, política o de cambio. Es el enemigo principal, pero al mismo tiempo se inclinan en general por una solución resultante del diálogo, aunque éste es un tema que los enerva y les produce una sensación de impotencia. Piensan, por otra parte, y quizás sin mirar su propia apatía, que la gente ha ido perdiendo los conceptos de solidaridad y justicia y el respeto por las opiniones ajenas.

DIOS MÍO

Pocos son los muchachos colombianos que dudan de la existencia de un Dios. El ateísmo beligerante de otra épocas parece enterrado ante la necesidad de refugio espiritual después de tanta violencia. Pero su Dios es bastante confuso en la mayoría de los casos; casi siempre lo identifican con una energía. Visión bastante personalizada del asunto, como si quisieran una religión propia, resultante de sus propias necesidades y sin códigos estrictos. A esa marcada tendencia se opone otra que cada vez toma más auge ante la decepción producida por las religiones tradicionales: las sectas.

Proliferan y su principal “alimento” son los jóvenes desorientados y necesitados de mensajes especialmente éticos. En medio de estos dos polos existe una tercera forma de búsqueda espiritual que se ha convertido en tema cotidiano: la denominada Nueva Era, que consiste en un conjunto de prácticas y creencias que van desde las medicinas alternativas hasta la astrología y la reencarnación.

PLATA POR DELANTE

Un gran porcentaje de la juventud de Colombia sueña con poseer carro, comodidades, poder, un buen empleo. Les gusta la música de moda, ya no solamente rock o la norteamericana. Compran ropa importada y piensan que las mejores opciones están en el exterior. En su gran mayoría son hijos de familias separadas o inestables, y quizás esta situación los hace aspirar a la estabilidad del propio hogar. Aun así, cada vez hay más parejas separadas, hombres y mujeres solitarios e incluso jóvenes que piensan que la soltería es rentable. No le dan muchas vueltas a la idea de relación en el sentido del compromiso duradero, y mucho menos piensan en tener familias numerosas.

POLÍTICA Y APATÍA

La juventud de nuestro país se describe a sí misma como diferente y capaz de tomar sus propias decisiones políticas, especialmente la de la apatía. Para la mayoría es positivo que el país esté manejado por jóvenes, y que cambie la clase dirigente. No ve tan lejos la posibilidad de ocupar un puesto en este sector. Sin embargo, consideran que existe todavía un grupo muy pequeño de personas que manejan las vías al poder, y casi todos piensan que la política va siempre de la mano con la corrupción.

No reconocen verdaderos líderes, y se dejan llevar por quien logre captar su atención, especialmente mediante la “vitrina” de los medios de comunicación. La disciplina ideológica de antaño la identifican como un dinosaurio extinto.

¿PARA QUÉ UTOPÍA?

Esa podría ser una buena pregunta si se observa el especial desenfreno de los jóvenes colombianos a la hora de irse de parranda. Los bares y discotecas se han quintuplicado en los últimos diez años y los fines de semana se han adelantado, ya no comienzan el viernes en la noche sino que se inician desde el jueves. La rumba podría catalogarse como el soporífero que permite a las nuevas generaciones resistir el vacío de grandes utopías.

Revista Diners de marzo de 1994. Edición 288

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