El encanto de los juegos de rol

Con los juegos de rol millones de personas en el mundo se convierten en príncipes, vampiros y enanos, en una aventura que une la fantasía literaria con el peligro de olvidar dónde empieza y dónde termina la realidad.

Ella fue una vampiresa rusa por una noche. Había llegado a Colombia después de haber llevado a cabo una misión en Italia para su príncipe Karlo. A todos los vampiros se les había convocado a una reunión a las 9.30 de la noche en una casa de La Candelaria. Sebastiano, quien era el encargado de dirigir la misión, los presentó de nuevo para que reiniciaran su trabajo, pues hacía tres semanas los hombres lobo y los perros habían realizado una cacería de vampiros en la que habían matado al 70 % de los que vivían en Colombia.

Lina, quien fue Hanna, la vampiresa, durante cinco horas, nunca se imaginó que terminaría luchando contra salvajes hombres lobo, ni mucho menos que acabaría ganándose un colmillo de las bestias por la valentía que había demostrado en todo el transcurso de la batalla. La primera luz del día la devolvió a la realidad. Le recordó que ya no podía beber sangre ni hablar veinte lenguas a la vez. De nuevo estaba en Cedritos y era una joven de 25 años, estudiante de administración de empresas que se enfrentaba por primera vez al juego de rol.

¿Pero qué diablos es el juego de rol? “Es un juego de creatividad, de imaginación. Es como vivir una película o un libro de fantasía. La diferencia está en que aquí el protagonista de la historia es usted mismo”, explica Angelo López, quien se encarga de manejar todo un departamento dedicado al tema en una de las más importantes librerías bogotanas.

Los juegos de rol fueron inventados en 1974 a partir de la trilogía El señor de los anillos, de J. R. R. Tolkien. Llegaron al país en 1982 y ya miles de personas los juegan. Sin embargo, para la mayoría de las personas siguen siendo un misterio. Medio mundo no entiende qué hacen los jugadores toda una noche en medio de vampiros, duendes, guerreros, hombres lobo, enanos y magos. Alfonso Valencia, sicólogo que lleva más de tres años jugando al rol, lo pone en estos términos: “Veámoslo así. Vamos a imaginar por un momento una escena: un narrador está contando un relato a un grupo de niños, ellos lo siguen con interés. Participan, le hacen preguntas, protestan por el desarrollo de la acción. Los niños están imaginando que viven ese relato y dicen lo que harían si interpretaran el rol del protagonista. Estos tres puntos: diálogo, interpretación e imaginación, son la base del juego de rol”.

Querer ser lo que no se es

Después de la batalla contra los hombres lobo, el juego tomó otro rumbo. Cada uno de los vampiros había llegado hasta la iglesia de Monserrate· para demostrar su poder frente a la omnipotencia de Dios. No obstante, para Lina fue la proyección de todo lo que querían ser ella y sus amigos más allá de la realidad. Knox, quien era Pablo, su novio, empezó a evocar oraciones para que el príncipe de la noche le diera el poder que necesitaba para ganar el encuentro. Por su parte, Rafael, el más amigable y solidario de todos, decidió convertirse en Ordoz, un vampiro al que no le interesaba lo que pasaba con sus compañeros y sólo abría la boca para insultarlos o recriminarles sobre el trabajo realizado. Finalmente, Lina, la niña cándida y tímida de la universidad, fue Hanna, aquella vampiresa sensual y persuasiva que con una sola mirada lograba embelesar a todos los hombres que se le acercaban.

A 38 cuadras de allí, unos jóvenes se reúnen sagradamente cada sábado. Germán García, ingeniero de sistemas de 24 años, hace parte de este grupo desde hace ocho años. Él dice: “El amor por el personaje depende también de la aventura. Por ejemplo, el fin de semana dijimos ‘no, estamos muy cansados, paremos aquí la historia’. Íbamos en la mitad del combate contra una tribu. Pero uno se queda toda la semana pensando en cómo jugar. Es imposible desconectarse después de una sesión; a mí me ocurre que termino soñando con eso”. Y es que después de pasar horas metido en los zapatos de otro, no resulta muy fácil regresar a la realidad como si nada. Liliana Moreno produjo un documental sobre el juego de rol.

En él la siquiatra Victoria Carrascal asegura que pueden darse casos en que ciertos jugadores de rol pierdan su conexión con la realidad. Después añade: “El problema empieza cuando el juego sustituye al mundo real”. Aunque en la mayoría de las ocasiones la línea entre la vida real y la fantasía del juego sólo se muestra parcialmente desdibujada -como en el caso de un jugador bogotano que siempre asume el rol de hechicero y termina haciendo conjuros cada vez que sale a la calle-, las situaciones han ido más allá.

En Madrid, en 1997, cuatro jóvenes fueron sentenciados por matar a puñaladas a un hombre de 52 años, llevando a la realidad el propósito de un violento y discriminatorio juego de rol llamado Razas, que se caracteriza por dividir la humanidad en 360 radicales arquetipos. Por otro lado, hace unos meses, se estrenó en Colombia Nadie conoce a nadie, película española que narra la historia de un joven sevillano que entra a formar parte de tan extremista juego de rol y termina involucrado en la muerte de varias personas durante las celebraciones de Semana Santa. Aunque para muchos se trata sólo de un juego, todos se apresuran a aclarar que también tiene su lado oscuro.

Cuando el juego se torna oscuro

Cuando Lina llegó a la casa de Rafael, pensó que jugarían el típico y conocido juego de rol llamado Calabozos y Dragones. Sin embargo, al entrar en la habitación donde siempre llevaban a cabo la sesión, le contaron que esa noche continuarían con un juego que habían dejado por varios meses. Era Vampires, sí, vampiros, aquellos seres de la noche que no soportan la luz y están sentenciados por una maldición a vivir eternamente en la oscuridad, bebiendo sangre de cualquier mortal que se les atraviese por su camino y luchando por sobrevivir a la cacería de los hombres lobo. El juego se mostraba oscuro y Lina lo descubrió en el transcurso de la noche: tuvo que ofrecerle a su príncipe Karlo un copa de sangre fresca y el cuerpo de una joven virgen para satisfacer las necesidades de aquel soberano, su dueño.

Algunos amantes del juego de rol que son practicantes del catolicismo no son muy amigos de Vampires. Uno de ellos dice: “No me gusta, porque no quiero lidiar con ese tipo de criaturas. Esta es una forma de entrar en un medio oscuro, y cuando siento ciertas fuerzas extrañas eso se ve en mi forma de jugar: no dialogo con vampiros, tiendo a acabarlos”.

Y ni qué decir de la actitud de los padres, los amigos y los compañeros de oficina, que se aterran al ver a los muy aficionados jugadores embebidos absolutamente en historias terroríficas de personajes de la noche. Muchos son vistos con recelo cuando cuentan que son un hombre lobo y les cuesta aclarar -y aclararse- que sólo lo son dentro del juego. La visión misteriosa se hace más fuerte cuando los padres de los adolescentes no pueden creer que sus hijos llevan doce o trece horas sentados con sus amigos en el comedor, lanzando dados de ocho y diez caras y creyéndose súbditos de extraños príncipes y hechiceros de la noche

El perfil de los roles

Lina, estudiante de administración de empresas; Pablo, médico desde hace cinco meses; y Rafael, economista de la Universidad Nacional, se reunieron esa noche, y no precisamente para rumbear en algún bar de moda de la ciudad, sino para construir una historia sobre seres de la oscuridad. Pero no solo Lina, Pablo y Rafael responden a estas costumbres. La mayoría de los jugadores de rol podrían considerarse como personas que prefieren pasar una noche en casa con sus amigos a vivir las vicisitudes de las calles en la noche; en general, tienen una situación económica estable y son profesionales en carreras relacionadas con las ciencias exactas (usan el juego de rol para proyectar el lado lúdico que no pueden mostrar en su profesión). Tienen un nivel cultural alto que se deja ver cada vez que inician una historia que s e desarrolla e cualquier época y en cualquier lugar del mundo.

Pero si los jugadores tienen que saber sobre historia, geografía, mitología y hasta química, quienes hacen el papel de árbitros, relatores y dioses en el juego- los llamados máster deben ser geniales-, llenos de conocimiento, capaces de guiar a cada uno de los personajes a través de caminos que hagan más interesante su paso por los mundos que configuran el juego de rol. Como seres todopoderosos tienen la posibilidad de decidir quién vive, quién muere y quién se salva. Por eso son admirados y todos desean ganarse sus favores. “El jugador sufre, ríe y llora, y es el máster el que lo hace sufrir, reír y llorar ‘, dice Roberto, un experimentado jugador, al que nada le ha dolido más en la vida que ver morir a su amado personaje con el que jugó tres años. El juego y la suerte lo llevaron a la muerte. El máster pudo devolverle la vida, pero se negó a hacerlo. Por primera vez en su existencia Roberto lloró. “Es que ese personaje del juego de rol era mi otra mitad”.

Por su parte, Lina, que acababa de iniciar su experiencia como jugadora de rol a través del personaje de Hanna, sabe que le quedan muchas batallas por luchar, mucha sangre por beber y muchos regalos para entregarle a su príncipe. Mientras unos mueren, Hanna, como ser de la noche, empieza su vida.

Revista Diners de diciembre de 2001. Edición 381

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