Colombia era el país con más emisoras de radio por habitantes: 350

Colombia llegó a ser uno de los países del mundo con más emisoras de radio por metro cuadrado. Recordamos su auge y los cambios que produjo la popularidad de la televisión en este texto de 1978.

Revista Diners de agosto de 1978. Edición 101

Todos los domingos a media cuadra de la plaza principal de Zipaquirá, hay un movimiento constante, sobre todo de jóvenes que se dirigen a un escritorio rústico instalado en una de las entradas del edificio de la emisora Armonías Zipaquereñas. Sentado, un adolescente va anotando en el reverso de sobres usados, cuidadosamente cortados, el nombre de la canción requerida . Si son dos personas las que solicitan o si está di rígido a dos personas, se llaman complacencias y cuestan veinte pesos; si es una persona ofreciendo a otra, se trata de un aviso y vale diez pesos. Entre semana el movimiento es de diez a quince personas, según el muchacho que atiende los pedidos, pero los domingos el movimiento sube a mil personas.

Por otra puerta. siempre cerrada, en donde está instalada la cabina de transmisión, se podrá encontrar al petulante locutor de provincia anunciando: “El amigo Jorge González ofrece con amor a Margot Moreno. Los hermanos Luis y Mario, de Ramiriquí, saludan a las pispas Yaneth y Esperanza … “. Y sigue una infinidad de complacencias y avisos, que pese a la prohibición gubernamental, Rinde buenos dividendos a Eduardo Rozo, el dueño de la emisora.

Pero, acompañando al enamorado Jorge González, llegamos por el otro lado, a la vuelta de la carrera, a una estrecha puerta, en cuyo frente se aglomeran muchachos y niñas de aire campesino y vestido dominguero. En el patio de la emisora se realiza un baile, de doce y media a seis y media de la tarde. La entrada vale veinte pesos y quien la cobra es el mismo Eduardo Rozo, quien por altoparlantes transmite la misma música que su emisora irradia. Según Antonio Maldonado, un vecino del lugar, unas mil personas también ingresan a bailar. “Pero el señor Rozo también gana con las cartas de amor –explica Maldonado-. Yo mismo una vez empleé este servicio, que consiste en lo siguiente: Yo había peleado con mi novia Beatriz. Entonces mandé una carta para que fuera leída por la emisora y como ya no abundaban billetes de uno o dos pesos. Tuve que poner uno de cinco. Antiguamente se cobraba un peso, pero ahora con las monedas, la cosa subió para cinco. Y lo peor es que siempre que tengo un problema con ella. me dice que solo vuelve si le mando otra carta por la radio”. También por amor, pero por la radio, el veterano Álvaro Monroy Guzmán es dueño de una emisora, la Fantasía, oída igualmente por jóvenes. Pero sin ruana. Al contrario de Rozo, quien paga las complacencias es él, y éstas son las últimas novedades discográficas de los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y otros países de Europa. que le llegan todos los lunes. para tratar de hacer radio en el sentido más moderno.

Por ello no gana 30 ó 40 mil pesos todos los domingos. Durante más de seis meses trabajó con pérdidas. “que recién ahora estamos acabando de recuperar”. Y tiene otro tipo de alegrías: “Una vez, en Madrid, estaba en una recepción en la casa de unos amigos, cuando de pronto escuché, en la música que tenían en el pasacintas, la palabra Fantasía.

Me sorprendí y pregunté al dueño de la casa en dónde había comprado aquellas cassettes. Supe entonces que un amigo suyo, piloto de Iberia, la empresa aérea, solía hospedarse en el Tequendama, y como le agradaba la música, nos grababa en cassettes que después regalaba. Le dije entonces que para ahorrar trabajo, le dijera a su amigo que podría grabar las cassettes directamente en la emisora”. Separadas por apenas 30 ó 40 kilómetros están retratadas dos alternativas de la radiodifusión colombiana, que representa 350 emisoras (en verdad según Hernando Téllez, historiador de la radio colombiana, como las concesiones son dadas por frecuencias, este número bajaría a unas 300) con licencia de funcionamiento, y otras 200 clandestinas. Superada por pocos países del mundo, Colombia está en uno de los primeros puestos entre las naciones con más número de emisoras por espacio y población.

La Epopeya

Los tiempos heroicos de la radio nacional datan de las décadas del 30 y del 40, cuenta Hernando Téllez. “En aquella época los que trabajábamos en radio debíamos saber cómo operaban los controles, escribir los libretos, hacer la locución e incluso vender el programa. Las empresas anunciadoras en general querían conocer al locutor porque les agradaba la voz. En aquel tiempo no existía la televisión y la gente oía mucho la radio. Entonces, el gerente o el dueño de la emisora pedían u ordenaban al locutor que fuera a tal o cual parte porque el dueño de la empresa
quería conocerlo para poder autorizar alguna publicidad”.

De esta generación permanecen todavía muchos en la radiodifusión colombiana. Luego de la II Guerra Mundial hubo una crisis en la que las emisoras pasaron a manos de empresarios que destacaron más la parte comercial que la cultural, según Téllez. Con el inicio de la década del 50 comienza la formación de las cadenas y con ella la llamada guerra radial. De este período son los nombres de Álvaro Monroy (50 años) tiene una emisora con programación especializada para la juventud: “A mí me preguntan cómo esta programación agrada a los jóvenes si yo ya tengo tantos años … Lo importante es la experiencia y la intuición. Pero creo que si yo pudiera contar con gente joven colaborándome sería mucho mejor” . El de todas formas se siente bastante satisfecho con la participación de sus oyentes, con los cuales hace una especie de Hit Parade de las preferencias nacionales.

Y si Monroy concluyó el curso de Odontología en los Estados Unidos, decidiéndose luego “a abandonar los fierritos, pese todo el dolor de mi mamá”, Jimmy García, hoy director de Radio Continental. no llegó a concluir su estudio de leyes. aunque después cursara Comunicación Social en México. Ambos comenzaron en forma diferente: Monroy se consagró cuando, en una Vuelta a Colombia, al comienzo de la década del 50, encaramado en un poste, prefirió transmitir el paso del carro que conducía a Carlos Arturo Rueda, su ídolo, que la del corredor que venía en la punta de la carrera.

El director de Caracol, Fernando Londoño Henao, “echaba chispas: pero yo tuve la idea de entrevistar al hijo del candidato presidencial victorioso, Laureano Gómez. Hablé en Santandercito, por donde nos encontrábamos, con Álvaro Gómez Hurtado. Y cuando Fernando Londoño se disponía a echar ‘al imbécil que había transmitido el paso del locutor de la emisora de la competencia’, llegó el Directorio Nacional Conservador a preguntar quién era el reportero que había hecho la entrevista sensacional, con el doctor Álvaro Gómez. Y cuando Londoño lo averiguó, sencillamente le dije que había sido este imbécil”.

García, que se moría por recitar poesías y cantar cuando niño, en unas vacaciones que pasó en Pasto decidió conocer un noticiero. “El director de la Radio Nariño me preguntó si yo sabía leer noticias; le dije que sí, y así comencé”. De igual manera comenzó Enrique París, director de Caracol Estéreo, que “ en unas vacaciones, para no quedarme vagando por las calles como todo bachiller, fui a trabajar a una emisora. Y hasta ahora estoy aquí…”

La Ilíada

Con la inauguración de la televisión, y como sucedió en casi todos los países del mundo, los mejores nombres de la radio se fueron a la televisión. “Pero muchos no entendieron que se trataba de un medio distinto, con un lenguaje diferente y de efectos también distintos-comenta Álvaro Monroy-.Y creo que esto no benefició ni a la radio ni a la televisión”

Pero la crisis fue momentánea y comenzaron en forma más definida las disputas por la transmisión de grandes eventos. Jimmy García recuerda como el hecho más trascendente de su carrera, en 1966, la transmisión de la Copa Mundo de Inglaterra, por Todelar. “Cuando nos presentamos ante Sir Stanley Rouss, presidente de la FIFA, él nos miraba y preguntaba qué es lo que habíamos ido a hacer allá si Colombia no participaba. Después de mucha insistencia, logramos una cabina y transmitimos, vía cable submarino, todo el torneo. La transmisión fue tan buena que la competencia comenzó a decir que estábamos transmitiendo de un país de Centroamérica. Tuvimos que pedir una carta al embajador de Colombia en Londres. haciendo constar nuestra presencia allá. mandarla por entrega inmediata y pedir que la publicaran en los periódicos de Bogotá”.

Desde entonces, establecida la competencia entre las tres cadenas RCN, Caracol y Todelar, se marca una fase de estancamiento en la radio colombiana, pues las programaciones son prácticamente las mismas: hora de novela, novela: hora de humorismo, humorismo; hora de deportes, deportes; hora de informaciones, noticieros. Y todos, Hernando Téllez, Álvaro Monroy, Jimmy García y Enrique París concuerdan en que esta situación tiene sus pros y sus contras. Cuando se pregunta quién en definitiva tiene la razón, cuando se indaga por el liderazgo en la audiencia. La primera cadena etc… la persona más autorizada parecería ser Ernesto Rojas. Exdirector del DANE y titular de la Cía. Colombiana de Datos: ” Yo creo que el grado de confiabilidad de las encuestas realizadas hasta a hora es muy discutible, pues en general se basan en muestras de 300 entrevistas, lo que permite un margen de error que puede llegar hasta un 20 por ciento. Por ello. y a sugerencia nuestra. Se formó un comité de anunciadores. agencias de publicidad y medios de comunicación para financiar un programa de medición científica de los medios de publicidad. Comenzará con la televisión. después se pasará a los medios escritos y finalmente a la radio.

La República

Todos recuerdan que el futuro de la radio está en la frecuencia modulada. Las emisoras tradicionales en AM (alta modulación) están reestructurando sus programaciones, pues la novela tiende a desaparecer. “Doy no más que 10 ó 15 años a la novela, afirma Jimmy García, pues la gente ya no tiene tiempo para escuchar cuentos de centenares de Capítulos. La mujer, que es la que más las oye, ya está trabajando y tiene mucho menos tiempo para dedicarle a ellas”. O, como piensa Enrique París: ” Yo creo que las novelas darán lugar a obras clásicas o de personajes célebres. Es lo que ya está pasando con la televisión. Donde se anuncia la vida de Manuelita Sáenz”.

Y es el mismo París quien explica el fenómeno de la Frecuencia Modulada :”Reconociendo que el futuro de la radio está en la FM. en Cara col decidimos lanzar el Caracol Estéreo. Las agencias de publicidad no nos creían. Y realmente el triunfo nuestro fue sui generis. pues la publicidad comenzó a entrar a pedido de los propios anunciadores. Era el señor que oía a los amigos de su círculo decir que había escuchado Caracol Estéreo, que era una buena programación. etc. Y si uno quiere vender su producto a la gente del mismo círculo social, va a anunciar en el medio que llega a esta gente. Y hoy tenemos la programación de avisos (un minuto y quince por cada cuarto de hora) completamente tomado”.

“Somos oídos en el norte o en el sur de la ciudad. Creo que la revolución del transistor acabó con la historia de emisoras tangueras o rancheras para la clase popular y de música brillante para la clase alta. Ahora todos tienen un buen gusto más o menos diseminado”, agrega París. Y esto mismo. según él, acabará con la proliferación de emisoras en el país.

En verdad, el hecho de que existan 33 emisoras solo en Bogotá, en su entender, no significa mucho, “pues hay 15 o más de ellas que son prácticamente ‘muertos vivos’·. Lo único dañino que producen es la guerra de tarifas, rebajándola y volviendo caótico el mercado. Pero creo que la radiodifusión colombiana está caminando a una mayor selectividad en todos los aspectos”..

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