De cuando nació la radio juvenil

En el Día Mundial de la Radio, recordamos en este texto la época en que las emisoras juveniles se convirtieron en un fenómeno cultural.

Las cadenas radiales se disputan la sintonía de los jóvenes en Colombia. Sus emisoras están generando una multimillonaria “industria” del espectáculo. El tipo de música y el lenguaje y el estilo informal de los disc-jokeys, clave del éxito

Revista Diners de junio de 1994. Edición 291

Es posible que Eros Ramazzotti no hubiera venido a Colombia si no existiera la radio juvenil. El fallo de tutela del Tribunal Superior de Bogotá que prohibió presentar al cantante italiano en el estadio El Campín, obligó a los empresarios a salvar obstáculos para realizar el concierto en otro sitio, porque la inversión que se hizo para traerlo fue muy alta y porque la expectativa que había despertado entre los jóvenes era inmensa. Esta pasión por Ramazzotti y por muchos otros cantantes y músicos extranjeros de hoy, tiene origen en las emisoras juveniles. Se ha desarrollado toda una industria del mundo de la farándula que mueve anualmente cifras millonarias, pero cuyo soporte no son los conciertos sino las emisoras. Y se trata apenas de una de las manifestaciones de este nuevo estilo de la radio colombiana.

El país ha presenciado en los últimos años una verdadera explosión de emisoras juveniles. Bogotá cuenta hoy con cuatro de Frecuencia Modulada -y algunas de AM- especializadas en transmitir música Para los jóvenes. Radioactiva, de Caracol, tiene quince emisoras en el resto del país, y La Mega, de RCN-de reciente surgimiento-, cuenta con cinco estaciones y tiene proyectos de ampliación. Todelar posee la Emisora Todelar Stereo; y la Super Estación 88.9, de la Cadena Super, cumple diez años de salir al aire.

Lo más importante es que los ratings de sintonía demuestran que éstas compiten de igual a igual con las emisoras para adultos. ¿Quién no ha oído hablar de “El Zoológico de la mañana” o de “La locomotora”? En estos espacios, además de la programación musical, se incluyen concursos, se presentan discos, se promueven conciertos y se crean ídolos imaginarios como Don Fulgencio o Papuchis, o héroes de carne y hueso como Jorge Marín, Alejandro Villalobos, Alejandro Nieto o cualquiera de los disc jockeys modernos.

UN POCO DE HISTORIA

La historia de las emisoras juveniles comenzó en realidad en los años sesenta con personajes como Carlos Pinzón, Alfonso Lizarazo, Armando “El Chupo” Plata Camacho, Gonzalo Ayala y Manolo Bellón, y con emisoras como Radio 15, Radio Fantasía y HJJZ. Pero fueron dos las experiencias que marcaron definitivamente el rumbo que tomó la radio juvenil en el país. En 1982 se creó, por iniciativa de Fernando Pava Camelo, la emisora 88.9 de la Cadena Super. Y en 1983 se fundó en Medellín la emisora Veracruz Stereo, que marcaría toda una época en el estilo
de la radio musical para jóvenes.

En principio, el rock le permitió a la radio encontrar un filón que identificaba a los jóvenes, independientemente de su lugar social, origen o territorio. Hoy, las emisoras juveniles no se limitan al rock. Transmiten balada-pop, rock en español, folk-rock e incluso salsa, merengue y vallenato, porque han comprendido que la juventud no se identifica sólo con la música rock sino también con ritmos propios colombianos y latinoamericanos. Alejandro Nieto, director nacional de La Mega, afirma que su interés es llegar más lejos: “La gente joven quiere más opciones: gusta del bolero, la salsa, el vallenato, aparte de su rock. Nosotros queremos ser bien audaces. Mientras más raro suene la emisora, más me gusta. Todas las emisoras van hacia allá”.

Al mismo tiempo, este filón de programación musical les permite a las cadenas renovar su público, que ha ido envejeciendo. Los directores de emisoras juveniles coinciden en afirmar que la intención de sus empresas es esa: captar audiencia para las cadenas. Audiencia que cuando envejezca escuchará las noticias, los deportes y la programación de las demás emisoras para adultos.

EL DISC·JOCKEY

El otro filón fue la presencia de discjockeys continuos y en directo. Las emisoras juveniles que existían hasta el momento presentaban la música acompañada de promociones institucionales, y programas especiales con la actuación de “lanza-discos” o discjockeys. Veracruz Stereo y 88.9 –ésta en menor medida, al menos al principio- pusieron a los disc-jockeys a manejar la consola de sonido, como en Estados Unidos, y a animar la programación con frases alusivas a la música y a las actividades juveniles.

Realmente, el éxito del disc-jockey consistió en haber perdido la postura frente al micrófono. Estos muchachos, apasionados por la música, conocedores mínimamente del idioma inglés revolucionaron el concepto de locutor. Poco a poco lograron articular un idioma propio, que es el que hoy atrae a los jóvenes. No solo se trata de hablar de las actividades de los jóvenes sino de algo más importante, “hablar como jóvenes”.

Un disc-jockey grita, comunica energía, suelta palabras a borbotones y a veces sin sentido, se ríe de sí mismo y de todos.

Hay diversos estilos de disc-jockey: los serios y conocedores de la música, como Andrés Nieto, y los cálidos y “encarretadores”, como Alejandro Villalobos. Unos y otros crean su propio público y dejan de ser sólo una voz para convertirse en personas de carne y hueso que les preguntan a los muchachos cómo les fue en el colegio, les hablan de sus ídolos musicales, les cuentan de sus actividades, se ríen y disfrutan de las mismas cosas que ellos. Y estos disc-jockeys no tienen que fingir. Es más, el éxito está en ser ellos mismos frente al micrófono.

El disc-jockey conoce de música, orienta al público sobre lo que está de moda, critica, acerca los intérpretes al público, cuenta chismes, Y algunas veces traduce las canciones que vienen en inglés. Pero además de eso es el encargado de contarle al público qué ocurre en los lugares que los jóvenes frecuentan. La Mega tiene, por ejemplo, un disc-jockey encargado exclusivamente de tomar contacto con los colegios y las universidades para transmitir las actividades que allí se realizan. En un mundo informativo inmenso, el hecho de que el disc-jockey y la emisora nombren actividades como juegos intercolegiados o el lanzamiento de un periódico estudiantil, representa el reconocimiento público de la existencia del joven.

DEL ZOOLÓGICO A LA LOCOMOTORA

Pero quizás el mayor acierto de la radio juvenil fue la introducción de los programas matinales. Estos reúne todos los valores y las particularidades de los elementos mencionados antes. El formato de los programas matinales no es novedoso.

Fue Óscar Jaime “Tito” López, hoy director nacional de Radioactiva, quien introdujo en Veracruz Stereo un programa llamado “Despiértese con Veracruz”, copiado de los famosos Moming Zoo de las emisoras norteamericanas, caracterizados porque en ellos se hace un poco de todo: se presenta música, se comentan las noticias del día y notas curiosas, se reseñan acontecimientos escolares y universitarios y se “exagera mucho”.

Por su parte, 88.9 al ver estrategia para convertir la renuencia de los anunciantes de pautar en los horarios de la mañana, empezó a trabajar un programa que, parodiando a 6 a.m-9 a.m., de Caracol, llamaron Seis F.M., más o menos con el mismo formato. Luego que Tito viniera a trabajar a 88.9 comenzó el verdadero éxito de este tipo de programas con el famoso “El Zoológico de la mañana”.

El encanto de este tipo de programas es que los realizadores dejan de ser locutores y empiezan a ser ellos mismos. Esa fue la clave del éxito: romper el esquema formal de locución. Jugando con Jorge Marín, disc-jockey de 88.9 en aquella época, Tito encontró el efecto técnico que cambiaba voces, y se crearon los personajes que inició Marín y más tarde realizaría Alejandro Villalobos. Estos personajes, Don Fulgencio y Carlota, permitían al grupo expresar una incipiente crítica del Establecimiento, sin consecuencias; al fin y al cabo, se trataba de un juego de muchachos. El humor comenzó a ser el centro del programa por contar con buenos repentistas, y en este aspecto empezó a separarse del formato Morning Zoo americano. Hoy, parte del 11 elenco” de El Zoológico se trasladó a La Locomotora de Radioactiva, y allí se crearon nuevos personajes como Piero Locatelli, Papuchis y Piti.

Estos son los programas que hoy compiten en sintonía con los de adultos. El encanto que tienen es precisamente el no hablar nada serio. Tito López, también director de La Locomotora, afirma que “los dichos que trae Papuchis no se los inventa él, son sacados de la calle, y ese ha sido el éxito que hemos tenido nosotros: ese lenguaje que nos permite comunicarnos con la gente joven”.

Por su parte, y como una alternativa al estilo de Radioactiva, La Mega busca un nuevo lenguaje. Alejandro Nieto afirma: “Nosotros creemos que los chistes malos están mandados recoger. La gente joven no tiene por qué vivir del chiste todo el día, del apunte, de tomarle el pelo a todo. Yo creo que debemos asumir las cosas con más seriedad, y esto no quiere decir ser más profundos o filosóficos. Nuestra sociedad tiene problemas graves, y nosotros, que somos transmisores de cultura, no podemos estar riéndonos de todo. La gente joven está aburrida de la mala información que se le está transmitiendo; los jóvenes están ansiosos de información, y hay que sabérsela dar. Yo quiero que mi oyente sea un joven abierto como nosotros, con muchas ganas de cambiar; lo que llamamos un ‘pela’ o pilo’, con deseos de aprender, de escuchar algo diferente, y que tenga capacidad de pensar y de mirar sus cosas desde distintos puntos de vista”.

EL NEGOCIO

Pero además de convocar a los jóvenes alrededor de un estilo y de una forma de vivir su época, la radio juvenil es un negocio que produce ganancias. Al comienzo, 88.9 tuvo que golpear muchas puertas de anunciantes para convencerlos de pautar en la emisora. Hoy el mercado publicitario es abundante. Radioactiva tiene diez minutos de publicidad por cada cuarenta de programación: chicles, gaseosas, cervezas, ropa, comida. Y la batalla por la audiencia y por la pauta apenas comienza. Además de haber dinamizado el mercado de productos para los jóvenes, cada emisora busca diferenciarse de las otras con nuevas estrategias de programación y segmentando aún más, si es posible, las audiencias. Radioactiva, por ejemplo, ubica su público entre los jóvenes escolares de quince a diecisiete años, de clase alta y media alta; de ahí su programación “chicle”, es decir, música de moda pegajosa y comercial, con una rotación cerrada de éxitos. Por su parte, La Mega busca su lugar entre los universitarios de 22 a 25 años de clases media y media alta, con más conocimientos de música y con una perspectiva más amplia de los gustos de la juventud; la estrategia sigue siendo programar éxitos pero con más movilidad, por contar con más géneros disponibles en la programación.

88.9 se encucnentra replanteando su es trategia en búsqueda de nuevos públicos. Prácticamente, ésta ha sido en la capital la escuela de todos los disc-jockeys que hoy tienen Caracol y RCN. Ensaya con nuevos jóvenes y procura ser una emisora más musical, con más éxitos “clásicos” del rock, tratando de llenar el vacío de audiencia entre los llamados “adultos jóvenes” de veinticinco a treinta y cinco años y de clase media, situados entre Radioactiva y emisoras tipo Caracol Stereo. Se encuentra, en su décimo aniversario, ante el reto de saber “envejecer” con su público.

Sin embargo, todas estas emisoras se parecen en algo: en la idea de constituir una forma de ser joven, y que al parecer tiene éxito. Tito López resume así la propuesta de la radio juvenil: “Mucho contacto con los jóvenes, muchos eventos y un lenguaje dedicados a ellos, un sistema de programación que entiende la lógica con la que el joven escucha la música. Por ejemplo, un adulto no acepta que le repitan una canción cada dos horas y veinte minutos, y a nadie se le ocurre que un ‘pelao’ es capaz, cuando le gusta una canción, de grabarla por todo un lado del casete y de escucharla una y otra vez porque esa canción está de moda y esa es su fiebre, y a los quince días está cansado y bota el casete o graba otra que le gusta más. Eso lo comprendimos nosotros, y lo hicimos”.

La radio juvenil es todo un fenómeno generacional. Y podríamos decir que lleva a cabo una batalla por el rating y por lo que llamaríamos rai-teen.

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