La mala fama de los años bisiestos

Por fin se acaba 2016, año bisiesto y siniestro. ¿Qué hay de cierto en que los años bisiestos traen desgracias y mala suerte? Aquí un barrido histórico.

Revista Diners de marzo de 1980. Edición número 120

“El mes de octubre comienza siempre en el mismo día de la semana que el mes de enero; abril que julio; diciembre el mismo día que septiembre: febrero, marzo y noviembre también en el mismo día.”

Estas reglas sólo las rompe el excéntrico año bisiesto. El bisiesto, con mala estrella desde el principio, nació cuando Sosígenes, el astrónomo y matemático de Alejandría se dio cuenta de que cojeaba el calendario que había calculado para Julio César y le añadió un día entre el 23 y el 24 de febrero, cada 12 años. El remiendo se llamó bis-sexto- kalendae, porque repetía el 23 que era el sextus antes de las kalendas o primer día de marzo.

Sosígenes siguió haciendo cuentas entre pecho y espalda y descubrió que todavía algo fallaba. Como dice Plinio el historiador romano: “el Sol había dado una vuelta antes de que el año se completara en el calendario”. Entonces se fijó el año bisiesto cada cuatro años.

Los supersticiosos romanos que le sacaban punta hasta a un estornudo y celebraban 157 días de fiestas para honrar a sus dioses, inmediatamente condenaron el bisiesto de 366 días, per secula seculorum, por caer en febrero.

Único mes con 28 días cuando antes era de 29 o 31 porque consideraban funesto el número par. Además era el mes de las fiestas lupercales en que los sacerdotes flagelaban las espaldas de las mujeres con correas llamadas “februmm”, para purificarlas y ofrecían sacrificios para aplacar la ira de Plutón, dios de los infiernos.

Julio César, el dictador que cruzaba los ríos a nado y dictaba 7 cartas legibles al mismo tiempo conquistó medio mundo para Roma, cambió el tiempo y antes de morir asesinado por su hijo adoptivo Bruto, que lo apuñaleó en el Senado, ordenó por decreto que los mal nacidos en el día bis sexto, que no cumplían años sino cada cuatro, lo celebraran un día después.

Sosígenes no contento con el desorden que había armado, murió de mal humor porque tal vez sabía que el tiempo estaba enlazado pero no domado.

Los calendarios se hicieron para contar el tiempo por adelantado y fijar los días de cosecha, fiesta o festival religioso. Los primeros eran muy torpes y dependían de la situación geográfica de sus inventores. Los escandinavos usaban un año de 300 días divididos en 10 meses, basándose en la Luna. Dice un antiguo libro judío: “la Luna fue creada para contar los días”.

Los asirios tenían un año lunar de 354 días, 11 menos que nuestro año solar, el mismo que usan los mahometamos todavía. Los egipcios tenían 12 meses de 30 días y llegaron a añadir al final de cada año cinco días de festival en los que era de mal agüero trabajar.

El calendario Juliano funcionó hasta 1582 cuando el Papa Gregorio XIII, viendo que el quinoccio de primavera estaba empezando en verano, ordenó que el 5 de octubre de este año se convirtiera en 15 y dejó el problema en las sabias manos de su bibliotecólogo Lilius, quien sugirió que todos los años divisibles por cuatro fueran bisiestos, menos los terminados en dos ceros, no divisibles por 400. De modo que el 1600 fue bisiesto como lo fue el 2000.

Para medir el tiempo los astrólogos se basan en el año y en el día en los 365 días que la Tierra tarda dándole la vuelta al Sol y en las 24 horas que le lleva a la Tierra girar sobre sí misma. El descuadre está en que la Tierra da la vuelta alrededor del Sol en 365 días y 6 horas.

Esas 6 horas que el calendario no logra masticar pueden ser la causa del legendario dolor de muelas que atacaba a Gregario XIII, hasta el punto de que El Vaticano estremecido esperaba lo peor. Pero un fraile español, con más conocimientos en hierbas que en teología, lo curó con enjuagues de una planta americana y Gregorio pudo imponer su calendario.

Así, 1584, año relativamente tranquilo, fue su primer bisiesto, con 16 siglos de mala prensa a sus espaldas porque los católicos heredaron el calendario pagano con mitos, creencias y supersticiones. Así también (por ejemplo) el viernes era de mala suerte porque ese día Caín mató a su hermano Abel, murieron Moisés y David, San Juan Bautista perdió la cabeza, Herodes ordenó asesinar a los inocentes y Cristo expiró en la Cruz.

Sigamos los pasos de los bisiestos para comprobar si las guerras, terremotos, desastres, destinos fallidos y muertes violentas son culpa suya.

En 1588 fue vencida la Armada Invencible enviada por Felipe II, para invadir Inglaterra y 1600 fue cruel con Giordano Bruno, filósofo que se atrevió a contradecir a Aristóteles y a los Escolásticos y acabó en la hoguera por hereje.

El siglo XVII vio morir en 1616 a los dos genios literarios de Inglaterra y España: William Shakespeare en su cómoda casa de Stratford Upon Avon y Miguel de Cervantes abrumado por la miseria.

1644 acabó con la dinastía Ming en la China y en 1666 hubo un gran incendio en Londres; pero los cocos del siglo fueron la plaga de Londres que mató 75.000 personas y la guerra de los 30 años que empezó en 1618, eliminando la mitad de la población alemana, y no cayeron en bisiesto.

Lo peor que sucedió en el siglo XVIII para muchos fue el nacimiento de Immanuel Kant (1724), Joseph Haydn (1732) y George Washington (1732), un filósofo, un músico y un héroe más pesados que la televisión; para otros lo fue la inauguración de la guillotina en Francia, en 1792. Mozart, el genial compositor austríaco nació en 1756 y murió a los 35 años en la miseria. Byron, el poeta inglés, nació en 1788 y a los 36 años murió tuberculoso. Shelley, otro gran poeta inglés, nació en 1792 y murió ahogado a los 30 años. Pero el arrasador terremoto de Lisboa, que inspiró una de las páginas más mordaces de Voltaire, fue en 1755.

En el siglo XIX, en 1812 Napoleón estuvo de malas porque perdió 600.000 hombres en la invasión a Rusia y en Caracas un terremoto mató a 10.000 venezolanos. 1848 estremeció a la burguesía porque hubo revoluciones en Italia, Francia, Austria, Alemania y levantamientos en España.

1856 fue muy ambiguo para Gustave Flaubert porque publicó ” Madame Bovary” pero fue enjuiciado por inmoral. Las prostitutas londinenses tuvieron un 1888 de pesadilla cuando ” Jack el Destripador” se tomó las oscuras callejuelas de la capital del recatado imperio de la Reina Victoria.

Bogotá se sacudió en 1896 con el suicidio del poeta José Asunción Silva. Pero ni el terremoto más trágico del siglo que sepultó 70.000 ecuatorianos y peruanos. ni la batalla de Trafalgar (1805), ni Waterloo (1815), ni el nacimiento de Hitler cayeron en año de 366 días.

Sin embargo, en 1866 Alfred Nobel, inventó la dinamita, lo que puede convertirse en un buen argumento para probar lo funeral del bisiesto.

En el siglo XX, el año de 1924 fue portal para Lenin y generoso con Stalin quien comenzó su dictadura. En 1932 desapareció y murió asesinado el hijo de Lindberhg, pero en 1936 su secuestrador murió electrocutado. En 1940, Trotsky fue asesinado en México. En 1952 cayó el rey Farouk en Egipto, y 1958 fue el año de la revuelta estudiantil en París, que terminó tumbando a De Gaulle al año siguiente.

1972 fue un año especialmente trágico. Comenzó con el escándalo de Watergate, luego 11 atletas israelíes fueron asesinados por terroristas árabes en los Juegos Olímpicos de Munich, asesinaron a Martin Luther King y a Robert Kennedy. Cayeron los presidentes Belaúnde, Sukarno, Arnulfo Arias, Joao Goulart de Perú, Indonesia, Panamá y Brasil respectivamente. Jrushov fue derrocado en la Unión Soviética. En 1976 murieron Chou En Lau y Mao y el peor terremoto del siglo se registró en China con 665.000 muertos, pero ninguna de las dos guerras mundiales empezaron en bisiesto.

El lector puede sacar sus propias conclusiones, pero todo parece comprobar que las catástrofes no son de propiedad exclusiva de los años bisiestos sino que están repartidas a lo largo de los días y los años y según el dicho: “En la superstición el sabio sigue al loco”. El lunar del bisiesto no pasa de ser una peca.

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