¿Por qué perdemos en deportes?

El legendario periodista de deportes Mike Forero analizó en 1969 el estado de los deportes en Colombia.

Artículo publicado originalmente en la Revista Diners No. 37, de Diciembre/Enero de 1969.

Tal vez la más humillante pero al mismo tiempo la más digna derrota que haya sufrido el deporte colombiano, en un evento internación, fue la de Jaime Aparicio, por entonces un ídolo, cuando en el año 1956 en Melbourne, Australia, cruzó la meta en momentos en que ya todos sus adversarios “estaban listos para salir a pasear”, como apuntó un “gringo” observador e irónico.

Aparicio, atleta indiscutible, es el más completo deportista que haya tenido Colombia. Todavía puede decirse que es un hombre sin sucesores en el deporte colombiano. Aquella derrota, en Melbourne, no fue completamente suya. El formaba parte de un equipo de postas de 4 x 400. Sus compañeros se rezagaron en los parciales de sus respectivos turnos y, cuando Aparicio tomó la posta para el último tramo de 400 metros, sus adversarios ya estaban por la meta. Pero lo digno de este episodio humillante es que, lejos de pensar en abandonar la prueba, como lo hubiera decidido un cualquiera, él corrió su distancia sin avergonzarse, solo, luchando contra el reloj, porque ya no tenía enemigos en la pista, pero sin siquiera fijarse en el público, un público que, riéndose al principio, haciendo bromas pesadas, terminó por aplaudirlo hasta rabiar, al comprender el gesto altivo del atleta colombiano…

Todo eso fue un compendio de ética deportiva. Y, sin embargo, todos los colombianos se preguntan: ¿Por qué pierden los deportistas colombianos en el exterior?

¿A qué puede atribuirse su inferioridad técnica?

En el deporte no influyen las razas. Puede haber ciertas predisposiciones, como las de los negros para los cien metros o el boxeo, o como las de los blancos para el ciclismo y el tenis. Pero, por numerosos que sean estos casos, no alcanzan a “dar la ley”.

El fútbol, el boxeo y el béisbol, han tenido frustraciones en el campo internacional, que han sido igualmente objeto de penosas y severas criticas. La derrota por 6-2 de los futbolistas colombianos frente a los del Brasil, en Maracaná, fue tomada como una vergüenza nacional, a pesar de que en las eliminatorias del campeonato mundial los colombianos fueron los únicos capaces de anotarles goles a los brasileros.

Casi simultáneamente, el béisbol sufría un rudo golpe en República Dominicana, con motivo de la serie mundial que allí se celebraba. Pero los colombianos, un poco jactanciosamente, nos enorgullecíamos de haber sido antes, y por dos veces, campeones mundiales del bate y la manilla, en la rama aficionada. Hay quienes toman un torneo centroamericano, que también ganó Colombia, como un “tercer mundial” para el país. Por eso, por los antecedentes, el golpe recibido en República Dominicana hizo un profundo efecto en el alma nacional que, deportivamente, se muestra derrotista.

¿Por qué?
Bernardo Caraballo, la más grande figura que haya producido el boxeo colombiano, discutió dos veces un título mundial y, cuando estaba al borde de la gloria máxima, caía aparatosamente vencido por sus adversarios. Pero él, con todo, es el deportista que ha estado más próximo de un título mayor, individualmente hablando.

¿Y puede dudarse de la calidad técnica de Caraballo?
¿Puede dudarse de la calidad técnica de nuestro béisbol?
¿Hay reparos a la calidad del futbolista colombiano?
Una y otra vez nos preguntamos todas estas cosas y jamás llegamos a conclusiones satisfactorias.

Melanio Porto Ariza, el más célebre y el más importante de los periodistas deportivos de la Costa Norte de Colombia, tiene sus propias tesis y conclusiones. Ha sido “aguatero”, “manager de boxeadores”, y hasta columnista político, pero por lo mismo, porque ha experimentado el paso por todas las escalas, conoce a fondo lo que la mayoría ignora.

Meporto, desde Cartagena, ha conquistado con sus escritas a todo el país, porque es una autoridad indiscutible en temas de béisbol y de boxeo.
“No hemos podido —dice del boxeo— alcanzar un título mundial a pesar de que, desde 1961, vienen figurando muchos púgiles nuestros en el panorama mundial, simplemente porque han sido mal llevados”.

Y añade:
“Esta palabra ‘llevado’ es tan sagrada para las empresarios, apoderados, y gentes del boxeo, que por ella se han suscitado los más fuertes altercados en el mundillo siempre turbulento del boxeo. Para los legos, ‘llevar’, lo estoy llevando no significa nada, pero cuando los fabricantes de boxeadores, y los pontífices, escuchan o pronuncian estos términos saben exactamente de qué se trata. Y quizás, allí radica toda la ciencia”

“Es fácil descubrir un talento —sostiene Meporto — si quien lo busca tiene algunos, conocimientos, y menos arduo entrenar a un boxeador y darle buenas instrucciones cuando se cuenta con buenos gimnasios como los que antes había en Cartagena, la ‘capital de los boxeadores’. Pero no es fácil escoger los contendores del boxeador que se administra sin correr el riesgo de crearlo falsamente, haciéndolo pelear con rivales muy fáciles, de modo que no se ‘endurece’ ni aprende la suficiente, y todavía más dramático es enfrentarlo a peleadores muy duros, antes de tiempo, que destruyen irreparablemente al aspirante”.

“En cambio un boxeador ‘bien llevado’ gana simultáneamente experiencia, dureza y prestigio, logrando en su base buenas taquillas que le permitirán ‘mantener el ritmo’ de contendores adecuados”.

Hemos preguntado a Meporto sobre Caraballo, la figura estelar del boxeo nacional. “Caraballo encabezó la ‘mundialización’ del boxeo colombiano, gracias a las conexiones que yo establecí con Nat Fleischer en Nueva York”, dice el periodista con algo de orgullo, y luego expresa: “Fue mejor llevado que Antonio Mochila Herrera, que Rosito y todos los demás pero no estaba psicológicamente preparado para disputarle un titulo mundial a Jofre y después de su derrota, frente a éste, Colombia le volvió la espalda”. De haber continuado vivo en Bogotá, le habría podido ganar en el Japón a Harada”.

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