¿Cómo reacciona el cuerpo ante distintos géneros musicales?

El heavy metal podría ayudarlo a relajarse y la música clásica a estimular su deseo de compra. Estos son algunos “efectos secundarios” de la música en su mente.

Escuchar merengue y reggaetón me ayudó a superar dos tusas. La combinación indiscriminada de estos géneros, que más allá de las críticas, son alegres, me alejó de peligrosas playlist para el despechado, como podrían ser las de James Blunt, Sam Smith, Juan Fernando Velasco o Sin Bandera. Me creí el cuento de Wilfrido Vargas, el de ser un hombre divertido que no sabe lo que es tristeza, y eché mano del aroma a fiesta que vienen con estos géneros para afanar el proceso de desentuse y cerrar el ciclo melancólico en el menor tiempo posible.

Aparte de algunos escuetos y para nada acuciosos estudios científicos que dicen, por ejemplo, que quienes escuchamos reggaetón tenemos un coeficiente intelectual más bajo, no encontré ninguna investigación relevante, y por supuesto, tampoco una que avale mi teoría del reggaetón y el merengue como solución terapéutica para superar el desamor. Aún no existen estudios serios que nos muestren la respuesta del cerebro ante estímulos musicales de Daddy Yankee o Rikarena, sin embargo, la ciencia ha examinado otros géneros y ha reconocido algunas tendencias que no pueden ser vistas como leyes, pues decir que cualquier género de música tiene un efecto directo y similar sobre el cerebro de todas las personas, es como decir que después de ver un comercial saldremos automáticamente a comprar el producto que se promociona.

Antonio Vivaldi Feat. Sex Pistols

Liderado por David Greenberg, del departamento de Psicología de la Universidad de Cambridge, un grupo de investigadores quiso determinar cuál es el tipo de música que se ajusta mejor a la personalidad de cada quien. Como existen distintas clasificaciones de personalidad, por ejemplo, para Carl Jung-uno de los padres del psicoanálisis-, existen ocho perfiles distintos, el equipo de la universidad redujo- para este estudio- las posibilidades bajo el modelo de dos categorías: empáticos (aquellos que reaccionan emocionalmente ante la música que escuchan) y sistémicos (que se enfocan más en cómo está hecha, en la técnica).

En total fueron 4000 encuestas realizadas a través de la aplicación myPersonality, de Facebook, en las que primero preguntaron sobre rasgos de personalidad y luego dividieron a los participantes en 4 grupos para darles a escuchar una lista de canciones con el fin de que describieran qué tanto les gustaba. El primero escuchó 50 canciones de 26 géneros musicales distintos; el segundo, 25 de la misma cantidad de géneros; el tercero solo escuchó rock y el último únicamente jazz. Luego, los ubicaron en su respectiva categoría.

“Los individuos empáticos preferían la música que presentaba poca excitación (atributos suaves, cálidos y sensuales), y profundidad emocional (poética, relajante y pensativa), como el rhythm and blues y géneros suaves de rock; mientras que los sistémicos prefirieron la música con alta excitación (fuerte, tensa y emocionante), como el punk y hard rock”, señala el estudio, en el que además, se elaboró un listado de canciones que ejemplifican cada tipo personalidad. Los empáticos encuentran afinidad por canciones como Hallelujah (Leonard Cohen), Come away with me (Norah Jones), All of me (Billie Holliday) y Crazy Little thing called love (Queen); y los sistémicos se sienten igual de identificados con el Concierto en C de Antonio Vivaldi que con God save the Queen, de Sex Pistols.

Más allá del efecto Mozart

Desde que en 1991 el psicólogo e investigador francés Alfred Tomatis publicó el libro Pourquoi Mozart, en donde explica que oír música clásica ayuda a superar estados de depresión, y que posteriormente psicólogos de la universidad de California concluyeran-a partir de un estudio hecho a 36 estudiantes-, que oír este tipo de música nos hacía más inteligentes, el término del “Efecto Mozart” se volvió de interés general. De padres que creían que si ponían a sus hijos a escuchar sonatinas y preludios estos serían más inteligentes, de empresas que se dedicaron a vender más música clásica, y de otros científicos que no creían en los tales efectos.

“Recomiendo a todo el mundo que escuche música de Mozart; pero la expectativa de que con ello van a mejorar sus capacidades cognitivas no se va a cumplir”, explicó el investigador Jakob Pietsching, del Instituto de Investigación Básica en Psicología, de la Universidad de Viena, en la página web de tal institución. Pietsching hizo parte de un grupo de psicólogos que revisaron 39 estudios sobre el efecto Mozart e hicieron pruebas en 3000 personas, y no identificaron ningún cambio significativo.

Aunque la mayoría de los estudios de la música clásica se centren en si nos hacen más inteligentes o no, Rocío Flores y Ariadna Pérez, de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, abordaron el tema de la música desde otra perspectiva. Se preguntaron ¿Cómo afecta la música al consumidor y a su toma de decisiones?, y le encontraron a la música clásica otra cualidad, que por supuesto, puede ser tan debatible como el efecto Mozart.

Realizaron un estudio en el que controlaron la música de una tienda de ropa. Durante tres semanas programaron música clásica y jazz (Johann Strauss, Vivaldi, Louis Armstrong y Chet Baker fueron algunos de los autores escogidos), música latina (Juan Luis Guerra, Gente de Zona, Celia Cruz y Elvis Crespo, entre otros), y usaron otro lapso en el que no pusieron música, con el objetivo de reconocer si hay un cambio en el consumo de los clientes.

Los resultados indican que las personas compraron más cuando el estímulo era música clásica (69%), en la semana que se oía música latina el porcentaje de compras se redujo al 49%, y cayó al 31 % cuando no se oía nada.
Heavy Metal: casi tan relajante como el silencio

Los investigadores Leah Sharman y Genevieve A. Dingle, de la Universidad de Queensland, se propusieron corroborar o desmitificar en un estudio científico, la idea de que escuchar heavy metal incentiva expresiones de agresión. Así que reunieron a 39 amantes de este género-entre 18 y 34 años-, y les practicaron un cuestionario con el fin de hacerlos enojar para después exponer a la mitad del grupo a 10 minutos de silencio, y a la otra mitad, a igual cantidad de tiempo escuchando metal o un subgénero- como el metalcore-, con el fin de observar cómo reaccionarían en ambas condiciones- el estudio no especifica las preguntas que les hicieron, pero los indicadores del ritmo cardiaco señalan que luego de los interrogantes el promedio aumentó de 75 a 95-.

“Los resultados mostraron que las calificaciones de hostilidad, irritabilidad y estrés aumentaron durante la inducción de la ira y disminuyeron después de la música o el silencio”, señala el estudio. “La frecuencia cardíaca aumentó durante la inducción de la ira y se mantuvo (no aumentó) en la condición de la música, y disminuyó durante el silencio”, añade. De esta manera, los investigadores concluyeron que el heavy metal no predispone ni incita a la agresión, sino que más bien contiene la ira, y de paso, contribuye a estabilizar la frecuencia cardiaca y disminuir los niveles de estrés.

Lea también: ¿Cuál es la canción más feliz del mundo?

Otros estudios no se han enfocado estrictamente en estudiar los efectos de los géneros musicales en el cuerpo, sino también en canciones específicas, por ejemplo, en 2016 un equipo de investigadores diseñó la canción que científicamente hará sonreír a cualquier bebé, en ese mismo año también salió el listado de las 10 canciones más felices de la historia, que ubica a Don’t Stop Me Now, de Queen, como la primera por su letra y un registro de 150 beats por minuto-una medida de tiempo relativamente rápida-.

De todos los estudios señalados, y los cientos que se quedan por fuera, ninguno tiene un porcentaje de efectividad del 100%, porque así como hay gente que se relaja escuchando heavy metal, hay otros que prefieren estar en silencio para alcanzar la paz, así como hay quienes fortalecen su ánimo escuchando Don´t stop me now, otros recuperamos el aliento escuchando a Wilfrido Vargas.

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