Consejos para morder el éxito como un tiburón

Sus comportamientos son de multinacional. Sus fronteras ignoran los límites y todo cuanto captura le pertenece. Líder indiscutible, su huella marina no tiene tiempo. Sabe atrapar el éxito… y no lo suelta

Revista Diners de febrero de 2002. Edición 383

El tiburón es el más eficiente depredador del complejo ecosistema marino del globo terráqueo. Está presente en todo el mundo y no tiene fronteras que limiten sus movimientos acuáticos. Es inteligente, elegante y enigmático. No comete errores en su medio ambiente. Examina todo, retiene lo sustancioso y excluye lo desechable. No es un ser ser agresivo, aunque se encuentra preparado para vivir y dejar vivir.

Está entrenado para defender su territorio y equipado naturalmente para evitar intrusos. Si es fastidiado por algún cazador se halla listo para liderar, con carácter y decisión, el ejercicio natural de dominio y soberanía de su entorno, sin vacilaciones, flaquezas ni inseguridad alguna. Ejerce monopolio sobre el área que tenga suficientes reservas de alimentos.

Los rápidos y ágiles movimientos de su cuerpo, formado a manera de proyectil son la respuesta a los cambiantes condicionamientos físicos del denso medio acuático que lo distinguen como perfecto modelo de potencia hidrodinámica. Sus comportamientos de defensa y de ataque son estratégicos. No ataca si no es atacado. Pero si existen seres vivos a su alrededor con la intención de intimidado o que aparezcan atemorizados con su presencia, les advierte que sus vidas corren peligro. La sabia naturaleza señala que quien no maneja sus miedos es víctima de sí mismo y de aquellos que logren identificar sus temores. El tiburón sabe que su próxima víctima puede ser quien le muestre miedo. Existen seres de nuestra especie que huyen sin que se les persiga, y por sus temores se convierten en bocado para devoradores.

Estos flexibles torpedos biológicos del mar son líderes de las estrategias que dejan huella. Ganan batallas aun después de muertos. Muchos pescadores les han tenido tanto respeto que cuando poseen la cabeza boquiabierta, ya fría y muerta, siguen intimidados con su presencia. Su espíritu de liderazgo es semejante al de una empresa multinacional, ya que todo cuanto alcanzan es prácticamente imposible sustraérselo.

La mayoría de las 350 especies de tiburones poseen una mandíbula superior protráctil y una dentadura específica que los exhibe como predadores especializados. En sus cuerpos albergan una fábrica biológica perfectamente sincronizada, cuyo diseño permite una eficiencia óptima. Sus sistemas óptico, respiratorio y digestivo, el aparato auditivo, el equilibrio hídrico que mantienen, sus programados índices de crecimiento y sus potenciales fuerzas de velocidad natatoria son complejas, únicas e incomparables en el reino animal. Sus sistemas sensoriales y el cerebro están muy desarrollados. Sus características sensoriales les facilitan la prosperidad en la gama de ambientes marinos, pues las señales transmitidas y retransmitidas en su cerebro generan la información completa para afrontar los insospechados desafíos oceánicos.

Infinidad de líderes, por estos días de génesis del tercer milenio, están perdiendo el horizonte empresarial. Tanto que han terminado por descuidar su contexto estratégico, cometiendo falencias inverosímiles a gran velocidad y, peor aún, están desatendiendo sus dominios, perdiendo la soberanía integral de sus negocios y quedando atónitos frente al frenesí de la feroz lucha que impone la globalización. Si a ello se suma la guerra contra el terrorismo provocada por los episodios de la penosa crisis política, económica y de seguridad mundial generada por los ataques al Pentágono en Washington y a las Torres Gemelas en Nueva York, el análisis arroja inmensas preocupaciones para los empresarios, merced a que nadie sabe qué va a suceder.

Ante estos hechos conviene analizar las facetas de los tiburones, para despejar incógnitas y aprender lecciones. Son líderes diseñados por el Creador para sostener la posición de su liderazgo, afrontando diversas vicisitudes de su medio acuático, en particular la salvaje y permanente amenaza del más temible predador: el hombre. Sólo en 1991, revela la FAO, se mataron doce millones de tiburones frente a seis víctimas humanas. En la “competición” ellos pierden. Y nosotros también, pues amenazamos la supervivencia de un predador fundamental.

Múltiples estrategias alimentarias

Los tiburones saben en todo momento qué tienen que hacer. Para los científicos no es fácil excluir la conciencia y la inteligencia propia de su naturaleza. No es gratuito que nos inspiren admiración y miedo. Sus modales para alimentarse son bruscos. Su velocidad es como la de un rayo. Desde el punto de vista empresarial son precisos, se concentran estratégicamente en su objetivo, no lo pierden de vista y terminan alcanzándolo más temprano que tarde. Concluyen siempre sus tareas porque nunca desvían sus energías de la meta fijada. Son exitosos e idean soluciones brillantes. Son hábiles, eficaces e inteligentes cazadores que no muerden la mano ele quien los alimenta, salvo que el alimentador no tome las precauciones necesarias o pierda el cebo en el momento crucial de la conexión alimentaria. No se complican y son prácticos.

Con el fin de incapacitar a su víctima, le propinan un mordisco rápido y letal, para evitarse posibles lesiones por el prolongado contacto. Seleccionan lo bueno y desestiman lo malo. Se apoderan del buen bocado y cuando encuentran hueso lo desechan. Consumen sólo el alimento que requieren. Una buena comida puede satisfacer su carnívoro apetito por varios días, incluso por un mes o más si el alimento es escaso. Tienen una dieta compuesta de variadas criaturas marinas y diseñan una multitud de estrategias para alimentarse.

El mítico animal de los océanos afronta las exigencias vitales con sorprendente liderazgo. Está entrenado y equipado para sortear todo tipo de eventualidades, verbigracia, la presión de uno de s.us dientes puede alcanzar hasta 60 kilos sobre un objeto. No es semejante a una máquina ni es gobernado por instintos rígidos. El dinámico hábitat marino no le permitiría a una especie tan grande una quietud solemne. Algunos como el tiburón tintorera viajan a distancias transatlánticas de 16.000 kilómetros y pueden alcanzar una velocidad superior a 80 kilómetros por hora. Perciben un objeto en movimiento a 200 metros de distancia. Detectan una partícula de sangre en millones de gotas de agua y con inmensa rapidez acuden en su búsqueda. Son los indiscutibles líderes predadores en la gigantesca profundidad y oscuridad del secreto foso oceánico, tan complejo como el enorme entorno de la hostil globalización de la cual somos víctimas nosotros.

Indudablemente, sin importar la agudeza de una crisis, los líderes poderosos y auténticos impactan con su sello a la posteridad hasta que sus empresas marchen victoriosas, aun sin su presencia terrenal. El líder auténtico ejerce con inteligente versatilidad sus dominios, sin claudicaciones. Sane qué hacer y cuándo realizarlo Tiene el equipo para sortear las vicisitudes de este intrépido mundo que se modifica, de manera vertiginosa, al vaivén de los insospechados cambios que impone la globalización. Impacta y no es impactado. Examina todo; retiene lo bueno y abandona lo malo. Jamás tiene miedo, porque se acorralaría a sí mismo. Maneja los espacios de su entorno empresarial a su antojo y conquista otros, ala manera multinacional, con seguridad.

Cuando se advierte su presencia, su empuje y decisión férrea, muchos prefieren hacerse a un lado y le despejan frentes de batalla comercial. Prospera en el entorno porque su organización es altamente sincronizada y coordinada en sus movimientos y porque sus diseños son de máxima eficiencia. Recibe la información oportuna, completa y permanente, como elemento crucial en el contexto de la universalidad económica y política del presente milenio.

Los asombrosos líderes de nuestros tiempos, al igual que los tiburones, no son afectados por los cambios críticos, sino que están listos para generar las modificaciones necesarias, y extraerle el mejor provecho a la crisis, así sea de seguridad mundial. Concentran sus energías en metas concretas, las alcanzan antes de lo previsto. Concretan soluciones brillantes, atienden asuntos sustanciosos y dejan a un lado menesteres óseos o intrascendentes.

Cuando sobrevienen cambios, los líderes creativos manejan las crisis y no son manejados por ellas. Desconocen los límites para sus movimientos y ponen en marcha perdurables estrategias para conquistar mercados, sin fronteras, tanto que después de fallecidos, permanecen increíblemente imbatibles, cual poderoso e intrépido escualo inmerso en la inconmensurable masa oceánica del planeta, donde los arbitrarios derechos de los hombres desaparecen y prevalecen el liderazgo y las disposiciones del tiburón.

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