¿Por qué el clima puede determinar el estado de ánimo?

Tristeza en días lluviosos y alegría en los soleados. Algunos factores atmosféricos ayudan a definir si estamos de buen o mal humor.

Luego de observar que un grande nubarrón se alzaba en el cielo, y de que se avecinaba una fuerte tormenta, Hernando Marín Lacouture supo que su estado de ánimo cambiaría radicalmente. “Así como en invierno, un aguacero, lloran mis ojos como las tinieblas”, escribió en una de las primeras estrofas de La Creciente. Aunque no se sepa muy bien cómo lloran las tinieblas, Lacouture no solo consiguió que su canción se inmortalizara en la voz de Rafael Orozco, sino que también puso en evidencia un hecho que puede repetirse cotidianamente: algunos se entristecen cuando llueve.

Aunque parezca extraño justificar nuestro humor aludiendo al estado del tiempo, se conoce, por ejemplo, que la cantidad de vitamina D que absorbemos principalmente de la luz solar, se encuentra ligada a la producción de serotonina, una sustancia que ayuda a aumentar la sensación de bienestar y felicidad. En los días nublados la exposición a la vitamina D decrece, y por tanto, también la serotonina.

En los países con estaciones se refleja más este fenómeno, incluso hay una enfermedad que se denomina trastorno afectivo estacional (TAE), y consiste en la depresión que se siente durante el otoño y el invierno. Su descubridor es Norman Rosenthal, un investigador sudafricano que le ha dedicado más de 30 años de estudio al tema y que consolidó su trabajo en el libro Winter Blues, de 1998.

Los datos de Rosenthal sugieren que el 6 % de las personas en Estados Unidos sufren de TAE, y el 14 % experimenta nostalgia de invierno, que no alcanza a ser un trastorno. No son estadísticas aisladas, Sarah Jarvis, médica británica, le explicó a la BBC que entre el 3 % y 5 % de Reino Unido sufre de TAE, y otro 12.5 % siente tristeza de invierno.

En 2014 los investigadores Miren Gatón, Miguel González y Moisés Gaviria, del servicio de Psiquatría del Hospital Universitario de Basurto, en Bilbao, publicaron un artículo explicando los postulados de Rosenthal, y cuentan que el TAE se diagnostica cuando la persona evidencia síntomas de depresión, como dificultad para concentrarse, ansiedad, irritabilidad y por supuesto, tristeza. También señalan que aumenta el apetito y se disminuye el deseo sexual.

Sin embargo, en una de sus conclusiones, dicen que “existen otros factores como polución, nubosidad y la escasez de luz debido a la construcción que afectan. Los pacientes con TAE prefieren días fríos pero luminosos que los días nublados calurosos, lo que sugiere que la temperatura es menos importante que la luz natural para el desarrollo de los síntomas en estos pacientes”. Más que la lluvia, la razón de la sensación de tristeza radica en la falta de luz.

Si bien es cierto que el trastorno afectivo estacional es tendencia en las poblaciones ubicadas al norte, en Islandia, por ejemplo, realizaron un estudio para comprobar si había cambios en los diagnósticos por depresión entre personas de 20 a 70 años en verano e invierno, y no encontraron ninguna alteración. Es más, en Noruega, donde llega a haber temperaturas de -40 grados Celsius, se utiliza un término que cambia la perspectiva que entiende al invierno como rudo e inclemente, “Koselig”, que significa acogedor, y sugiere una atmósfera que invita a realizar comidas en familia y utilizar la excusa del frío para acercarse a los demás.

Así que aunque existan explicaciones científicas del porqué el estado de ánimo cambia con el clima, esto no sucede solo por esa razón, las variables son numerosas, y aunque la lluvia influya e invite a oír playlist nostálgicos, no conduce ineludiblemente a escribir que luego del nubarrón que se alza en el cielo, nuestros ojos llorarán como las tinieblas, sea lo que sea que eso signifique.

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